Amedrentando y temiendo a generales

Los militares mexicanos se sienten herederos de una gran y larga tradición, para que alguien venga a decir que si pudiera los desaparecería.


Militar


Los voceros de la 4T, encabezados por su líder, López Obrador, quieren hacer creer a la población que no existe malestar entre los militares por el trato recibido de esta presidencia. Pero para variar, la “terca” realidad les contradice. Y hay muchas razones acumuladas para que militares y marinos estén muy enojados y preocupados por declaraciones, políticas y órdenes recibidas.

Para comenzar, Andrés Manuel declaró y está videograbado, que, si por él fuera, desaparecería el ejército y la armada de guerra. Mayor desprecio por la milicia es difícil de imaginar. Los militares mexicanos se sienten herederos de una gran y larga tradición, para que alguien venga a decir que si pudiera los desaparecería.

El argumento es muy bobo, pues Andrés Manuel dijo que ello obedecía a que México no era un país belicoso, pero se olvidó de un viejo principio romano: “Si vis pacem, para bellum”, en español: “si quieres tener la paz, prepárate para la guerra”. Las fuerzas armadas mexicanas, como las de la mayoría de las naciones del mundo, no existen para agredir a nadie, están para protegerse de posibles agresiones al Estado, provengan de fuera o del interior de su territorio.

En la vida institucional de México, elementos de las fuerzas armadas han actuado en defensa de la legalidad y también fuera de la misma. Ha habido hechos delictuosos cometidos por militares, pero no se puede generalizar que esa sea su actitud digamos institucional. Soldados y marinos tienen una larga tradición de asistencia la población civil en casos de desastre. También la hay en defensa de la misma frente a criminales organizados, como los sicariatos de los cárteles de narcotráfico, que ha costado la vida a miembros de dichas fuerzas armadas.

Pero llega una nueva administración federal, y como ha tomado obsesivamente la posición de que no se le considere como represora, ha llevado su política no solamente a que como fuerzas del orden constitucional eviten hacer frente a la delincuencia, sino ordenándoles que si son atacados no se defiendan.

Esto llevó a varios tristes episodios en que militares fueron humillados, golpeados y desarmados por delincuentes civiles. Esto llevó al inaceptable colmo de que un grupo de militares fueran secuestrados y desarmados porque tenían prohibido defenderse. Esto tras un decomiso de armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas a un grupo de ilegales actuando como “autodefensas”. Grabado por los mismos delincuentes, exigieron al Ejército que les devolvieran sus armas para liberar a los militares secuestrados, y la Sedena, vergonzosa e ilegalmente, lo hizo, devolvió las armas. Gran humillación y actuación fuera de la ley. Y ver policías militares golpeados frente a Palacio Nacional sin poder defenderse de los golpes fue injuriante para México.

Sí, por órdenes superiores, como se dice en lenguaje militar (y policial) los militares fueron humillados, y no era la primera vez, ante la alegría de quienes humillaron a los soldados, que lo publicaban en videos. Todo por una inaceptable renuncia a cumplir con la obligación constitucional de la defensa de la población por el uso legítimo de la fuerza pública, dizque para que no se viera como represor al presidente en turno. El gobierno de López Obrador está actuando de forma cobarde por intentar una imagen de “no represores”.

En algún momento reciente, López Obrador aceptó en una mañanera que, si los miembros de fuerzas federales eran agredidos, pudieran defenderse, pero bajo la condición de que no se les pasara la mano. Presión de Sedena, sin duda.

Y hay algo más, así como Peña Nieto inventó una gendarmería, en vez de fortalecer a la policía federal, simplemente por venir ésta fortalecida por el gobierno anterior de Felipe Calderón, López Obrador inventó una fuerza pública llamada Guardia Nacional, que creó transfiriendo a ésta, sin preguntarles, a miembros activos del ejército y la armada, cambiándoles el uniforme y simplemente poniéndoles un brazalete sobre sus uniformes anteriores.

A sabiendas de que había mucho malestar entre los miembros de las fuerzas armadas, en especial dentro de los mandos superiores, en junio de 2019, López Obrador hizo amenazar a los militares en retiro por medio de un oficio de la Sedena, según esto recordándoles que, conforme al Código de Deberes Militares, no podrían atacar, denostar al presidente, so pena de cumplir penas. Pero las quejas de los militares en retiro nunca han sido ofensivas, sino muy cuidadosamente expresadas, al menos en público.

Pero ante los hechos recientes culminados con la vergonzosa experiencia de Culiacán, que hizo ver muy mal a los militares, no por su culpa, sino por errores de “la superioridad”, del gobierno de la República, encabezado por López Obrador, el enojo militar está más alto que nunca. Y el colmo de los colmos fue revelar el nombre del responsable del operativo, poniéndolo en riesgo con su familia.

Y vino el discurso de un general en retiro en un desayuno de generales, que alarmó a López Obrador y sus segundos. Este discurso, muy cuidadosamente redactado, no era, como quiso hacerlo creer el presidente, un ejercicio personal de libertad de expresión, sino el sentir de muchos generales, en activo o en retiro.

De allí que de pronto saca López Obrador el tema de que en México no habrá un golpe de estado, en donde de paso confunde lo que sería una acción militar con el actuar de los ciudadanos en la calle. La explicación más razonable de este tema del golpe de estado, es que López Obrador tiene mucho miedo de que los altos mandos militares, que no aceptan sus torpezas que los afectan gravemente, lo detengan y lo saquen de Palacio Nacional. Tal parece que él mismo está muy bien informado del enojo, la furia entre militares y marinos, por sus graves errores de política sobre las fuerzas federales.

Hay un tema muy importante a tener en mente, y es la lealtad militar. La lealtad es para la Nación, para defenderla, y no para permitir que un desquiciado (que eso ha demostrado ser López Obrador at nauseam), destruya el país. Por supuesto que el presidente en turno es el jefe supremo de las fuerzas armadas nacionales, pero es indispensable que se comporte como tal, y que recuerde que la lealtad es un camino de doble vía, y mientras los miembros de las fuerzas armas están actuando con lealtad, López Obrador ha sido gravemente desleal con ellos.

En un nuevo video, un general en retiro ha aclarado muy bien en qué consiste la lealtad que obliga a los militares, que es a la nación. Otro discurso muy cuidado.

 

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