Andrés y el país de las pesadillas

Mientras Andrés Manuel vive en el país de las maravillas, millones de mexicanos estamos sin salud, sin seguridad, sin empleo, con la gasolina más cara.



Cuando llegó a Palacio Nacional, el presidente estaba convencido de que su sola presencia y sus pensamientos “transformadores” bastarían para disminuir los índices de pobreza, inseguridad y corrupción, entro otras cosas. En su imaginario y claro, según sus propios datos, entraríamos de lleno "a su país de las maravillas".

Sólo que la realidad ha llevado al titular del Ejecutivo Federal a enfrentarse con los laberintos sin salida de un país al que no ha querido dar, en estos últimos años, una respuesta a los problemas complejos que sólo se resuelven con política pública. Le he dicho y lo reitero: su fuerte es la política electoral; actúa como jefe de partido, no como jefe de Estado.

Un ejemplo trágico es el enorme fracaso del gobierno de Andrés Manuel en materia de seguridad; imágenes de cuerpos abandonados en distintos puntos de la geografía nacional, en particular en los estados gobernados por Morena y sus aliados como Veracruz, en donde el horror y la falta de resultados son más que evidentes.

Tan sólo en los primeros días del 2022, casi se llega a los 800 homicidios, lo que ha detonado miedo y temor en todas las entidades federativas, hoy severamente dañadas por este cáncer, sometidas a las complacencias de los innumerables cárteles que actúan a diestra y siniestra con la seguridad de recibir “abrazos” mientras ellos solo dan balazos. Es lamentable que la denuncia desesperada sobre la extorsión o el cobro del derecho de piso no haya provocado una acción inmediata de las autoridades federales.

Ni como salir del laberinto de la inexistencia de una estrategia para prevenir el delito, con un sinfín de casos sin resolver porque no hay voluntad para investigar. Muchos secretarios han entrado a este tobogán sólo para solapar la inacción gubernamental, aunque sea en contra del bien de la República, han decidido tirar por la borda sus prestigios y carreras profesionales, por temor a que “les corten la cabeza”. Es igual de grave no ser eficiente a ser sumiso y las omisiones son complicidades.

Ahí tenemos a la Fiscalía General de la República (FGR), que en un total abuso de todo su aparato, es utilizada para "defender" los temas prácticamente personales de su titular, como el acabar con la Universidad de las Américas y el esconder, como pueda, su riqueza inexplicable -ventilada en investigaciones periodísticas- y para aplicar una justicia selectiva, al tener en prisión -sin prueba alguna- a la hija de la viuda de su hermano, Alejandra Morán. La desesperación y frustración de sus hijos, quienes han buscado ayuda por todos los medios para que su madre pueda enfrentar su proceso en libertad, es el reflejo de miles de mexicanos que son víctimas del funcionamiento a modo de las instituciones.

Que decir del inexistente papel que hoy desempeña la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) con su nuevo titular. Después del enfrentamiento entre Alejandro Gertz y Santiago Nieto -que sin duda influyó en la renuncia de éste último- tenemos a una instancia que carece de voluntad para desmantelar la estructura financiera de los cárteles del narcotráfico y todo indica que se moverá con fines meramente políticos, como ha sido en estos últimos años, ahora con casi nulo conocimiento técnico.

O de una disminuida Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que sin cumplir con su obligación de proporcionar seguridad a la población -pero eso sí, gastar millones de pesos sin tener resultados-, sirvió de trampolín para que su primer Secretario Alfonso Durazo, se convirtiera en gobernador del estado de Sonora y que ahora, con la llegada de una reconocida funcionaria, se limita a recitar los reportes de una Guardia Nacional, cual si fuera pronóstico del tiempo.

La institución que sustituyó a la Policía Federal junto con el ejército no ha servido en lo absoluto para brindar seguridad a los mexicanos. Distribuye vacunas, construye aeropuertos, entre otras cosas, pero no atienden con efectividad su tarea principal; mientras las imágenes de personas asesinadas y desmembradas se convierten en parte de la cotidianeidad.

Mientras para Andrés Manuel y sus otros datos, esto es vivir en el país de las maravillas, millones de mexicanos estamos en el país de las pesadillas: sin salud, sin seguridad, sin empleo, sin inversión pública, sin apoyo a la ciencia y la tecnología, con la canasta básica prácticamente al doble de costo, con la gasolina más cara y sin gobierno federal que marque el rumbo.

En estos momentos, padecemos el peor gobierno y desafortunadamente también tenemos la peor oposición que insiste en anteponer intereses cupulares, en lugar de construir una alternativa democrática que atienda los problemas y combata el lucro electoral. Lo cierto es que México no puede ni debe acostumbrarse a la descripción gráfica de la tragedia de cada día. Urge que los ciudadanos, desde la trinchera en la que estemos, nos enfoquemos en la solución, ante todo, en defender las instituciones y la democracia, porque en su más amplio concepto, la democracia también incluye a la política pública.

 

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