Rebeldía de la vida común

La resurrección vital clama por que el hombre recobre ese ámbito íntimo y profundo que da sentido a su existencia.


Resurrección vital


El mundo se rebela.

La resurrección vital clama por que el hombre recobre ese ámbito íntimo y profundo que da sentido a su existencia.

Poder, dinero e influencias no son suficientes para llenar la vida que no puede medirse por lo que se palpa. Tal vida es un proyecto que −dice Weber− es fuerte porque tiene motivos firmes que se afincan en la esencia humana más profunda, en nosotros y en los demás.

Desearíamos que fueran pasado la racionalización y la seguridad científica. Pero el hombre quiere ser más; quiere todo y no lo encuentra en el mercado, ni en la comunicación colectiva, ni en el estado.

Después de todo, hace falta la metáfora del mundo, la ilusión, el encantamiento del transcurrir cotidiano, la riqueza de la paternidad o de la amistad, la profunda sabiduría de las relaciones personales.

Ya desde 1957, Peter Drucker decía que el mundo salía de la modernidad para entrar en otra época, sin nombre ni apellido. Veinte años más tarde es bautizada; se le llama, quizás con poca precisión, postmoderidad, y resume la esperanza, la fe, el ansia de libertad y de amor del hombre que ha sido siempre el mismo, pero cuyas circunstancias lo han orillado a la ruptura.

Tal vez, después de Rusia y el Muro de Berlín, esté en el aire con más fuerza el grito, el ansia de reencontrar lo central del hombre: cuerpo y espíritu. Ese mundo subterráneo de la vida profunda, común y corriente, desea salir para encarnar en la intimidad personal, en las relaciones, en los proyectos y no en los sistemas funcionales.

El mundo, hoy, no vive una revolución, sino una resurrección, dice Carlos Llano.

Todo se renueva: urge un encuentro, un equilibrio entre los bienes económicos y los derechos sociales.

Hay que mirar a las ligaduras vitales que se dan en el ámbito de lo sagrado, de la persona misma.

Es necesario acuñar términos que tengan que ver con el afecto y el amor.

Uno de esos términos: postmodernidad. El mundo se rebela. El hombre clama por una resurrección del ámbito común que hasta ahora había sido un rinconcito aislado por el materialismo. El hombre desea ser realmente hombre.

Y sólo lo logrará al calor de la familia, de las relaciones personales, del acercamiento de intimidades, del encuentro de soledades…

 


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