Sonia

Sonia, como millones de mexicanas, se abrió paso en una sociedad que hace que a las mujeres les cueste el doble de trabajo conseguir reconocimiento.


 Mujer policía


Sonia, junto con miles de mujeres, seguramente se enfrentó a comentarios como “esa no es carrera para una mujer”, o a preguntas como “¿y qué hace ahí una mujer, cuando debería estar en su casa?”, “eso te pasa por sentirte la valiente” y un sinnúmero de comentarios machistas y –por lo mismo– sin sentido.

Sonia decidió servir a los demás en uno de los ámbitos más sensibles para las familias mexicanas: la seguridad. Y decidió hacerlo a través de la difícil, ingrata y poco comprendida tarea de la Policía. Es más, es probable que, si ella hubiera sido designada como policía en una de las recientes marchas contra la violencia a las mujeres, seguramente habría sido insultada.

Así es que Sonia no fue cualquier mujer, fue policía y no cualquier policía. Como muchas mexicanas, supo que el compromiso se muestra con la entrega y con la excelencia, por eso ganó el Premio al Mérito Policial 2019.

Sonia fue comandante de la Policía Municipal de Irapuato, recibió dicho premio el 13 de agosto de manos del alcalde de esa ciudad, quien sin duda estuvo, por eso, orgulloso de su policía.

Sonia pertenecía a una de esas corporaciones cuya existencia no importa a la federación. De hecho, el Consejo Nacional de Seguridad Pública acordó asignar un mayor presupuesto a las policías municipales y éste no se reflejó en el presupuesto de la federación ni se incrementó el Fortaseg para dichas organizaciones.

Sonia, como millones de mexicanas que cumplen con la tarea humana de lograr balances, era también una “mujer de familia” además de ser una mujer que se planteaba metas. La secuestraron en su casa, pero también se llevaron a dos miembros de su familia. Cualquiera puede imaginar la angustia de Sonia y los ruegos para que no les hicieran daño. A ellos los devolvieron con vida. A Sonia, no.

Sonia fue hallada en una bolsa. La mataron con una crueldad inigualable y dejaron su cuerpo con muestras claras de violencia.

A Sonia no le dedicaron las canciones de “Un violador en tu camino”. En su honor no hubo marchas, ni gritos de indignación, ni hashtags, ni manifestaciones, ni monumentos construidos… ni destruidos. No hubo ni hay nada… porque Sonia era policía.

Para Sonia y su querida familia van estas líneas de solidaridad con la exigencia a la autoridad federal de que abandone sus resentimientos y traumas y trabaje por el presente, la exigencia de que la autoridad empiece por proteger a la familia de Sonia y a su corporación.

NOTA: Al escribir estas líneas, me llegó otra noticia: Gabriela, también policía de Irapuato, fue asesinada el sábado por la noche.


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