Cruzamos los límites

Los Siervos de la Nación se sienten dueños de la vida de los demás y, en consecuencia, creen tener el poder de negar la vacunación, sin criterio alguno y sin importarles el artículo 1 y 4 Constitucional.



En México, cruzamos el umbral de lo sensato todos los días. Ya estamos en otras dimensiones, tanto en lo jurídico (con la inconstitucionalidad de las leyes) como en lo político (con intentos reeleccionistas). Esta nueva circunstancia nos obliga, en el ámbito político, a reaccionar masivamente el próximo 6 de junio para evitar que se consolide la mayoría absoluta de quienes están decididos a romper el orden constitucional y con la autonomía de las instituciones. Sin embargo, el ámbito político no lo es todo y es que también hemos cruzado límites en el ámbito humano: hace unos días se volvió evidente el enorme desprecio que el gobierno ha mostrado hacia las víctimas de la tragedia de la Línea 12 del Metro y, ¡claro!, este límite lo rebasan ya todos los que siguen instintivamente al “jefe”. Aquí les narro tres historias relacionadas con la aplicación de las vacunas y que dan muestra de la prepotencia con la que se está gobernando:

1.- En días pasados se presentó una pareja en un centro de vacunación. Ella es mexicana y su esposo es un “extranjero” que lleva más de 30 años en México. Éste presentó las pruebas de su residencia en nuestro país, presentó la FM2 (forma que reconoce su calidad de “inmigrante”) y, sin embargo, le negaron la vacuna. El caso se repitió al menos en dos alcaldías.

2. En la alcaldía Cuauhtémoc, un señor mostró un contrato de arrendamiento para demostrar que tiene un domicilio en esa circunscripción. Al siervo de la nación que lo atendió no le pareció que la firma estampada en dicho documento fuera la suya. La vacuna le fue negada sin siquiera preguntar a un superior.

3. En la misma alcaldía, el sábado pasado fue destinado para vacunar “rezagados”, es decir, aquéllos que debieron haber sido ya vacunados, pero que no lo hicieron en su momento. Llegó una pareja de más de 80 años, el señor llevaba en silla de ruedas a su esposa para que fuera vacunada, y explicó que no habían podido llevarla en marzo, cuando le correspondía, por motivos de salud. El siervo de “La Nación” le dijo que leyera bien el letrero que decía “de 50 a 59 años”. Le negaron la vacuna a la señora, los regresaron a su casa.

La conclusión es lógica: si a los pocos que mandan en la Presidencia, si a los integrantes de la Cámara de Diputados, si a dos o tres altos funcionarios del poder judicial no les importa la Constitución ni las garantías que ésta protege; es de esperarse que los empoderados “Siervos de la Nación” se sientan dueños de la vida de los demás y, en consecuencia, crean tener el poder de negar la vacunación, sin criterio alguno y sin importarles el artículo 1 y 4 Constitucional.

El artículo primero habla de la dignidad humana (por cierto, el 17 de mayo es el día de la no discriminación) y el artículo cuarto refiere al reconocimiento del derecho humano a la salud.

Estas no son las únicas garantías constitucionales que son violadas por un servidor público que “decide” de manera arbitraria quién debe ser vacunado, pero son las más importantes. ¿Es esta la “transformación” de la que tanto se ufana el gobierno federal?

Esos “Siervos de la Nación” a los que me he referido parecen olvidar que usted y yo somos esa “Nación” a la que le deben fidelidad y respeto. Nosotros los hemos puesto allí, nosotros somos los “firmantes” de un contrato que les ha dado esa función. Si a usted le parece que dicho contrato se cumple a cabalidad, puede cruzar sus brazos. Si no lo cree, sólo le queda una salida: Ejercer su derecho de voto estas próximas elecciones.


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