La gasolinera embrujada

La desconfianza se extiende a todo porque muy pocos confían en las decisiones del gobierno, nadie sabe bien qué debemos hacer si correr a la frontera o tramitar otra nacionalidad.


Gasolinera


La ñora que tiene más de ama de coche que de casa pues fue a cargar gasolina. Suspiró con placer al ver que no había filas como a principios del año, cuando con el cuento de que habían emprendido la heroica cruzada para combatir el huachicol, todo se volvió un desastre. El son-felices-porque-yo-digo-que-lo-son repite que el huachicol desapareció gracias a los polvitos de felicidad y honestidad que cada mañana esparce desde su teatro personal y la ñora no tiene elementos; pero para creer que sea cierto. Pero de que no había fila, no la había.

El señor despachador de gasolina se acercó, la ñora respondió a todas las preguntas de rigor y luego cumplió con el mexicanísimo ritual de mirar la bomba en ceros. Cuando la ñora ve las series americanas donde uno tiene que hacerlo todo por sí mismo, la verdad es que da gracias de vivir en un país tercermundista… no se acuse a la ñora más de que comodina, no de clasista; por favor.

El señor despachador como de costumbre se ofreció a revisar el agua que va en algún lugar del cofre, contra su costumbre porque eso esta ñora prefiere ser dama desvalida del siglo pasado y dejarle esos asuntos al ñor, aceptó. Sobra decir que esta ñora se arrepintió porque entre que miraba los numeritos de la bomba de gasolina y observaba al señor despachador que hurgaba en las entrañas de la camioneta y vigilaba a los escuincles, perdón, bendiciones, se empezó a poner muy tensa.

En una de esas, la ñora notó que la bomba no avanzaba, volteó a ver al señor despachador y lo vio empuñando un desarmador. Ahí sí esta ñora entró en un susto horrible, se bajó de la camioneta contra todas las buenas costumbres de las damas desvalidas mexicanas. Le preguntó con toda amabilidad, pero con seguridad que qué hacía y que dejara de hacerlo, sí en la misma frase siguiendo la tradición maternal de las madres mexicanas. El señor dijo que nomás iba a ver quién sabe qué en el caja esa que se llama batería. Una vez sacado el desarmador de la escena, le explicó que se había ido la luz y que por eso no había corría la bomba.

La ñora subió a su auto nuevamente, mirando a todas partes, viendo si los otros conductores estaban nerviosos. Buscó en su memoria todos los últimos WA que había descartado por empezar con el “por si las dudas”, sobre modos de asalto, secuestro, en la gasolinera con pretextos de no hay luz y desarmadores involucrados.

El señor despachador estaba muy ofendido porque la ñora se sintiera agredida. La ñora le recalcó que contra todos sus instintos no le había ni gritado ni dicho nada desagradable. Pero reflexionó en el estado constante de alerta y sospechosismo en el que hoy se vive en todas partes. Se camina sospechando del otro, se mira constante en los altos del semáforo si viene algún motociclista con cara de malo… y por no decir que hay quien trae tarjetas, cartera y teléfonos falsos para la eventualidad de ser asaltados.

Esta desconfianza se extiende a todo porque muy pocos confían en las decisiones del gobierno, nadie sabe bien qué debemos hacer si correr a la frontera, desempolvar el antepasado austriaco a ver si tramitamos otra nacionalidad, si metemos el dinero al banco… ah, no esa opción ayer la espantó el odio-a-los-organismos-descentralizados-reguladores-y-similares porque amenazó con repartir las cuentas sin movimientos… Es muy fácil en ese ambiente que se cualquier chispa prenda, como advierten los muchos letreros en una gasolinería precisamente. Un descuido puede provocar reacciones en cadena.

La ñora se dio cuenta con su visita a la gasolinería embrujada –en todas la déca… perdón, años que la ñora ha manejado nunca le había tocado que se fuera la luz— que sin bajar la guardia, hay que buscar encontrar al otro, al otro mexicano o mexicana que camina junto a nosotros, que trabajaba por ganarse el sustento, que en verdad quiere ayudar desinteresadamente. Esa es la verdadera solidaridad mexicana que debemos defender y la que eventualmente logrará que nos reencontremos como compatriotas que vamos en el mismo barco y que más vale enderezar el rumbo y remar parejo.

La ñora finalmente recibió una disculpa del señor despachador por haberla asustado y la ñora le dio la propina que por un momento pensó en no darle.

 

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