El sexenio es una feria de pueblo

Lo que pasa en Michoacán y otros lugares podría convertirse en lo cotidiano en cualquier lugar. Por ello, todos estamos expuestos a ser víctimas de extorsión y sometimiento.



Aquí cerca de donde esta ñora tiene su casa, que es de todos ustedes, se realizaba cada año la feria de la parroquia. Ni el año pasado, ni este se ha hecho. La verdad es que es una actividad que les encanta al ñor y a los escuincles, perdón, las bendiciones. O sea, en esta casa, que es de ustedes, se extraña la feria casi de pueblo que nos tocaba.

Aunque pensándolo bien, el sexenio es igualito a la feria de la parroquia o la de cualquier pueblo que se respete. Ahí siempre hay alguien que ofrece el famoso juego de “dónde quedó la bolita”, igualito que ha pasado con el presupuesto y las compras de los medicamentos para los niños con cáncer. Ya van tres semanas de la última promesa del con-gusto-les-mandamos-medicinas-a-los-cubanos-para-que-no-se-alebresten-faltaba-más-sobraba-menos que habría abasto y en las últimas reuniones son las autoridades del Insabi les ponen a adivinar a los padres dónde habrán quedado las medicinas. Y esto es el caso más doloroso, pero esta ñora sabe que muchísimos medicamentos siguen sin estar disponible en muchos lugares. Y el lío seguirá el año que entra, seguro.

En el tema de la salud, otra de las atracciones de feria que nos trae este sexenio es el carrusel del COVID donde todos se han subido y nomás dan vueltas y vueltas sin resolver nada específico. El exrockstar de la Salud ya ni siquiera está a la vista para anunciar que empieza la diversión, lo bajaron hace semanas. Esta ñora sospecha que se llevó las llaves del refri donde guardan las vacunas porque nomás no se acelera el asunto ni siquiera con la tercera ola y las amenazas de las variantes. Pero eso sí, en cuanto anunciaban que ya cierto grupo de edad se puede registrar, todo el mundo feliz eligiendo el caballito y desde entonces a dar vueltas y vueltas sin protocolos para regreso a clases, sin apoyos a las zonas turísticas, sin cumplir ni siquiera con poner las vacunas donadas para la frontera.

Una de las diversiones principales de la ñora cuando era ñorita era el juego de las canicas. Esos tablones donde lanzas canicas y se acomodan en agujeritos en la parte superior, dependiendo de las cantidades marcadas en cada agujerito donde pones una bolita es tu premio. El gusto de esta ñora era desinteresado porque nunca ganó nada significativo, la verdad. Así como se ha hecho en este sexenio con Pemex y peor aún con CFE que antes sí ganaba era un empresa eficiente. Desde el inicio se la pasan lanzando canicas a lo loco, sin atina y perdiendo cada día dinero. Claro en la feria a esta ñora la retiraban sus papás luego de perder tres veces, acá no sólo se siguen, sino que se está usando todos los ingresos de los impuestos para seguir lanzando canicas. Incluso en el caso de que ganaran a estas alturas con tanta pérdida no habría modo de compensar.

Por la caseta de la adivinadora, la ñora sospecha que hay muchos formados. Andan juntando corcholatas para ver si en la bola mágica aparecen recibiendo la banda presidencial (si es que aparece porque desde la toma de posesión esta ñora no recuerda haberla visto nunca más ni siquiera cuando era obligatorio en la recepción de cartas credenciales de embajadores, pero esta ñora ya tiene tanta memoria como antes).

En la feria de esta parroquia tampoco se pone la casa de los espejos, pero esta ñora se divertía muchísimo con esa atracción en el pueblo de sus ñorabuelos. Es divertidísimo tratar de recorrer el laberinto y no saber en dónde dar vuelta, en donde te acabas confundiendo con un pasillo reflejado, y así. Tal como pasa con las ocurrencias que “sorprenden” y que nos saldrán carísimas: que se compra una refinería gringa justo a la par que se construye otra con una vista (y entrada) al mar impresionante; que se deben hacer 88 kilómetros de vías de tren porque olvidaron considerar cómo se iba a transportar el petróleo a Dos Bocas; que se arma una rifa de un no avión pero se autocompran todos los boletos y luego no se entregan los premios; pero se organiza la segunda con palco en el Azteca; que al final sí se expropian un montón de terrenos en Santa Lucía porque no sí eran necesarios (o eso dijeron). Reflejos y realidades que ya no se distinguen, pero cómo nos engañan.

Y hablando de carencias, esta ñora debe reconocer que en la de la parroquia tampoco andamos tan avanzados como en las carreteras de Veracruz donde el títere, perdón, el gobernador tuvo a bien informar como un gran logro que en las gasolineras ya no cobran por ir al baño. A esta ñora no le extrañó mucho que alguien tan 4T presumiera ese “logro”, es clara la fijación en los desechos corporales que tiene este gobierno y el partido gobernante como Mario Delgado mostró pasando su tiempo libre en una caseta Sanirent o el célebre “fuchi caca” a los “malos” del no-crean-que-yo-impuse-a-Bartres-en-el-nuevo-Departamento-del-DF-fue-Clau-quien-lo-extraba-de-los-viejos-tiempos.

Sin embargo, la atracción más grande de las grandes ferias es la casa del terror. Y esa está presente en varios estados, últimamente con más fuerza, en Michoacán donde cada día se caen pueblos y municipios en manos del crimen organizado. Los habitantes están sometidos, han perdido su libertad, deben pagar por su vida. Lo más aterrorizante es que no hay voluntad alguna para detener estas atrocidades. La ñora sabe, como todos sus lectores, que lo que llega hoy a la prensa es una mínima parte. Y lo peor, es que no hay lugar seguro en el país. Cualquier día a cualquier hora todos estamos expuestos a ser víctimas de extorsión y sometimiento. Lo que pasa en Michoacán y otros lugares podría convertirse en lo cotidiano en cualquier lugar.

Esta ñora no va a dormir esta noche y aunque culpará a la enorme cantidad de algodones de azúcar que quisiera comerse, sabe que es porque las cosas en este país cada día se ven peor. Ya mañana a ver si se ríe de nuevo y recupera fuerza y esperanza.

 

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