La información torcida

Eso no ha sido una referencia a que formen entre sí familias, sino a que sean acogidos y respetados en aquella en la que nacieron.


Fake news


El debate en torno al tratamiento de la información es continuo. Esto como resultado de la insatisfacción de emisores y receptores de la misma, respecto de lo que se publica como noticia. Ello suele llevar a redefiniciones conceptuales e, incluso, a censura y control de la información. Se trata de un debate continuo, independientemente de los medios y de los tiempos. Hoy, incluso, llega a extremos con las llamadas “fake news” y la posverdad.

El objeto de la información, y la razón de ser de las noticias es informar, con limitaciones, pero informar. Por ello muchos entienden que los informadores deben ser objetivos y que la objetividad es un requisito de la noticia. Habemos quienes pensamos que la objetividad, tal cual, no es posible en la información. Sin embargo, una cosa es la objetividad y otra la veracidad.

Como la función del informador es investigar, seleccionar, sintetizar y decodificar hechos, ideas y juicios para hacerlos llegar a quienes esperan de él un conocimiento verdadero de lo ocurrido, pero no necesariamente completo, pues los medios tienen espacios y tiempos limitados, deben entender que la información es procesada y valorada, de acuerdo con los conocimientos que sobre el tema tiene el informador e, inevitablemente, de acuerdo con una apreciación valorativa, subjetiva, del mismo. Eso, sin manipular deliberadamente los elementos de la información.

Hay que distinguir, también, los géneros periodísticos, pues una cosa es la noticia, y otros los juicios de opinión sobre la misma. En este caso predomina claramente una apreciación subjetiva que, sin embargo, debe basarse en hechos reales y juzgarse con apego lógico de acuerdo con las creencias personales.

Todo esto viene a cuento por la forma como la gran prensa, incluso diarios o agencias de gran prestigio, han manejado las expresiones del papa Francisco acerca de la convivencia familiar de los homosexuales, llegándose a afirmar que, por fin, su santidad ha aprobado las uniones entre personas del mismo sexo, apartándose de la doctrina tradicional de la Iglesia, cosa que ha generado una gran polémica, por un lado, y aclaraciones por otro.

En la entrevista que se le hiciera al papa Francisco para un documental sobre su persona, nuevamente se le preguntó sobre un tema que ya ha abordado en otras ocasiones y sobre el que, también, se ha mal informado sucesivamente, acerca de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Se insiste en hacerlo decir que está de acuerdo, cuando ha reiterado la doctrina de la Iglesia en la materia, indicando que dichas uniones no pueden ser equiparadas a matrimonios.

Sin embargo, con la actitud pastoral que lo caracteriza, una y otra vez ha hablado de que los homosexuales deben ser respetados por su dignidad humana, lo cual significa que no deben ser marginados ni desechados de su familia, pues tienen derecho a permanecer en ella. Eso no ha sido una referencia a que formen entre sí familias, sino a que sean acogidos y respetados en aquella en la que nacieron.

Al mismo tiempo, el papa ha hecho referencia a la necesidad de una protección civil de las personas del mismo sexo que viven en común, a fin de que puedan gozar de derechos en ese ámbito, como la seguridad social o derecho a herencias. Se trata una legislación como la que existiera durante un tiempo en la Ciudad de México, que no hablaba de matrimonios, sino de sociedades de convivencia, y que no era aplicable sólo y únicamente a las relaciones homosexuales, sino a todas aquellas personas que sin ser familiares o dependientes de acuerdo a ciertos requisitos como los establecidos por el Seguro Social, pudiera ser beneficiarios de derechos mediante acuerdos recíprocos, reconocidos por el Estado y con efectos legales.

El respeto a la dignidad de las personas, ha insistido una y otra vez el papa, no hace distingos en su condición, es universal. Y ha manifestado su preocupación de que a quienes tienen esa tendencia, no sean expulsados de la familia, sino sean acogidos y apoyados emocionalmente. Eso no significa, ha aclarado, que se aprueben las relaciones homosexuales en cuanto tales.

Hecha la aclaración, y volviendo al tema de la información, bien sabemos que hay quienes quieren y buscan que sus interlocutores expresen ideas preconcebidas, ya sea porque son las suyas o porque ellas “darían nota”, es decir, producirían declaraciones notorias y destacadas que se consideran como logros periodísticos, sobre todo se producen escándalo o controversia, como es el caso. Y si para ello hay que torcer la realidad, la tuercen.


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