Expectativas económicas

Las expectativas de crecimiento de la economía se van desprendiendo de hechos objetivos y subjetivos que se entrelazan.


La economía va mal


El tema del crecimiento económico fue uno de los dominantes el año pasado. Por una parte, Andrés Manuel López Obrador hizo del tema, como candidato, uno de sus preferidos para criticar a los gobiernos “neoliberales”, considerando que fuera ridículo un crecimiento en torno al dos por ciento del Producto Interno Bruto. Prometió, entonces, un crecimiento del 4 por ciento del PIB. Ya como presidente, el lenguaje en torno a esta promesa fue variando, desde afirmar que esta cifra se alcanzaría como promedio, luego ofreciendo un dos por ciento como algo seguro en 2019, más tarde como meta de fin del sexenio y, finalmente, quitando importancia al tema, desviado la idea hacia la idea de desarrollo como una mejora de la vida de los mexicanos, utilizando otras cifras o conceptos como referencia de que su administración está cumpliendo.

Los cierto es que sus promesas no se cumplieron y tomando como argumento los mismos conceptos que él utilizara en el pasado, la política económica del presidente López Obrador es un fracaso, como quiera que se le vea. Las causas han sido ampliamente explicadas, a partir de la cancelación de la construcción del aeropuerto en Texcoco y las diferentes decisiones optadas por la nueva administración, como la famosa austeridad, el despido de trabajadores de la administración pública, la lentitud en el ejercicio del presupuesto, etc., que fueron generando desconfianza entre los inversionistas.

A lo largo del año, las expectativas de crecimiento fueron decreciendo continuamente. Las calificadoras advirtieron de problemas y advirtieron del riego de disminuir el grado de inversión. No se hizo caso y se negó esa posibilidad y el presidente las descalificó. El propio Banco de México, junto con los privados, fueron uniéndose a la disminución de las expectativas de crecimiento. Al final, las cifras dieron la razón a quienes previeron una caída en el crecimiento del PIB. De nada sirvió que el presidente lo negara. Ante eso, cabría preguntarse cuál es el papel que juegan las “expectativas” en torno al crecimiento del Producto Interno Bruto.

Las expectativas de crecimiento de la economía se van desprendiendo de hechos objetivos y subjetivos que se entrelazan. Los primeros son el punto de partida y se pueden identificar en documentos que definen la política económica del gobierno para un año: el presupuesto de ingresos y el de egresos. En el primer caso, se determina de dónde y cómo provendrán los recursos gubernamentales. Si el gobierno incrementa los impuestos, eso significa que los particulares, empresas e individuos tendrán menos recursos para invertir, lo cual no favorece la creación de empleos, el incremento de la producción y el consumo. Eso limita las posibilidades de crecimiento. También las políticas aplicadas en las empresas gubernamentales, inciden en la generación de recursos para el gobierno o pérdidas. En este caso de los egresos de los recursos públicos no pueden destinarse para obra pública o programas sociales. Las primeras crean condiciones de desarrollo y los segundos, en general, se destinan para atemperar carencias sociales y no son productivos, aunque en la medida que dan poder adquisitivo a algunos grupos, ayudan al consumo. Es importante que el cálculo de ingresos sea realista y posible.

Por su parte, el gasto público no es productivo, aunque la forma en que es asignado puede ayudar a favorecer condiciones que alienten la producción como créditos, subsidios, infraestructura, apoyo a distintas actividades o generan estímulos a la producción. En la medida en que los recursos públicos son bien aplicados, se envían buenas señales a la sociedad y, entonces, se generan expectativas positivas que estimulan el crecimiento. Se requiere, sin embargo, que exista equilibrio entre ingresos y egresos es indispensable para que no se produzca un déficit que tenga que ser financiado con deuda que, a través de intereses, compromete el gasto futuro. Antiguamente el gobierno podía financiarse con emisión de dinero para suplir el déficit de sus ingresos, lo cual provocaba inflación. En la actualidad, debido a la autonomía del Banco de México, eso no es posible.

Acciones como la suspensión del Aeropuerto de Texcoco, que representan el desperdicio de recursos ya invertidos y la indemnización a los empresarios, generó una mala señal de desperdicio de recursos y de discontinuidad de programas en marcha. No fue el único caso de obras detenidas. Por otra parte, se ha decidido realizar obras sin suficiente sustento previo: Santa Lucía y una nueva refinería en Tabasco. Estas obras están en medio de la controversia, junto con el Tren Maya, el tren en el Istmo de Tehuantepec. Estas obras requerirán recursos gubernamentales y aún en caso de que sean exitosas tardarán en generar beneficios. La forma en que se están proyectando no genera expectativas positivas.

Estos elementos influyen en el ánimo de las personas. Quienes crean que las decisiones son correctas o que les presentan oportunidades, se animarán a invertir, crear empleos y generar riqueza. Su ejemplo puede provocar a otros o no. Se requerirán recursos propios o de créditos, su accesibilidad y sus costos los hará posibles o no. Esos son los elementos subjetivos que pueden incidir o no en el crecimiento.

En fin, las expectativas se conforman con elementos que los analistas son capaces de analizar y emitir juicios. De la credibilidad y solidez de los mismos se pueden mover las voluntades de otros. Por el momento las previsiones no son de un gran crecimiento. Para que éste sea favorable, cuando menos debe corresponder al crecimiento de la población. De lo contrario, el país se empobrece.

Habrá, pues, que estar al pendiente de las acciones objetivas del gobierno y sus resultados, así como de las reacciones de los empresarios, todo ello irá conformando las expectativas que guiarán la marcha del país.


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