Decisiones económicas sin sustento

El ya calificado como “neoliberal” por Andrés Manuel López Obrador, Carlos Urzúa, no entiende que sí hay un proyecto: comprar adhesiones para su proyecto político.


Urzúa


A la Cuarta Transformación le tronó una bomba en el cuarto de máquinas, y aunque fue rápidamente atendido el hueco y según parece con acierto, no por ello se resolvió la causa del incidente. La renuncia de Carlos Urzúa, secretario de Hacienda, no consistió en fuegos artificiales para adornar el cielo, sino en la manifestación interna de problemas que han sido reiteradamente señalados en torno al arranque del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

En primer lugar, hay que reconocer que aparentemente ya hay una cosa que ha cambiado con el nuevo gobierno: los funcionarios, o al menos algunos de ellos, al renunciar exponen la causa. Las salidas de los cargos públicos no se han maquillado, como se hacía el pasado, con accidentes, motivos de salud, así convenir a intereses, aceptar cargos menores o arabescos laterales. Ahora se dicen verdades que duelen. Así lo hizo Germán Martínez y lo sigue Carlos Urzúa.

Aunque no son las únicas ni las primeras renuncias, ambas coinciden con el señalamiento de problemas políticos y económicos en la administración gubernamental. En un caso, ni se otorgaban los recursos necesarios y había intromisiones externas (desde Hacienda, por cierto) en la operación del IMSS. En el segundo, se advierte que se toman decisiones económicas sin el sustento necesario, se insinúa que su inspiración es de tipo ideológico extremo y no tanto –como muchos hemos opinado– de manera improvisada, caprichosa, por ocurrencia, por extrañas afinidades, para favorecer a sus paisanos o por resentimientos.

Aunque anunciada desde antes, la cancelación del NAIM ha sido una de esas acciones con las que, aunque justificadas en torno al combate a la corrupción, en realidad se trata de detener un proyecto de la administración de Enrique Peña Nieto. Lo mismo ha ocurrido con el tren de la Ciudad de México a Toluca, o las obras de La Laguna, suspensión esta definida “a mano alzada”. Los recursos que se habían invertido en proyectos y ejecuciones han sido tirados a la basura y su costo, endosado al pueblo de México, a ese mismo que alza la mano, pero no conoce lo que le va en ello, porque no se le han explicado sus consecuencias.

Pero algo semejante sucede con las ocurrencias que se nos ofrecen como las obras emblemáticas de esta administración: el Aeropuerto de Santa Lucía, definido sin estudios previos, sin conocer la orografía del área donde se propone, los efectos sobre la población y, según se dijo, la destrucción de una zona arqueológica. El único sustento al proyecto, hoy por hoy, es el capricho presidencial. Por lo pronto, está detenido por la iniciativa de los ciudadanos que recurrieron al amparo para exigir que antes de iniciar la obra, tenga sustento. Eso sí, oficialmente ya se había dado el banderazo oficial de “inicio” de los trabajos.

Con la refinería de Dos Bocas ocurre lo mismo. No sólo no hay un proyecto sólido, sino que además se advierte que en el futuro mediato la demanda de gasolina disminuirá como consecuencia de los avances tecnológicos en la industria automotriz. Además, las condiciones y promesas de la construcción son tales que algunas de las empresas invitadas a participar en la obra, han declinado. El ahora Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, había manifestado objeciones que, claro, el Presidente ha desvanecido porque tiene formas de “convencerlo”.

El Tren Maya es la otra bandera, que aunque ha sido autorizada mediante consulta a la “Madre Tierra”, no agrada a los pueblos originarios a quienes se dice se pretende favorecer; tampoco se conoce el proyecto y su viabilidad, pues si bien la zona es arqueológicamente atractiva para muchos, no moviliza a multitudes. A ello se agrega la aparición del sargazo en la Riviera Maya, que se prevé desalentará al turismo.

Finalmente, proyectos como las cien universidades que se pretende fundar, a costa de sustraer recursos a las universidades públicas ya existentes, y que hace temer que su finalidad sea de adoctrinamiento ideológico, pues al mismo tiempo se debilita a instituciones como el Conacyt o el Cinvestav. ¿Y qué decir respecto a los problemas del Sector Salud: abasto de medicinas, reducción de presupuesto a hospitales de alta especialidad, reducción de apoyos a los pasantes de medicina, mientras se anuncia la presencia de médicos cubanos y se destinan más recursos para los “ninis”?

Lo que pasa es que el ya calificado como “neoliberal” por Andrés Manuel López Obrador, Carlos Urzúa, no entiende que sí hay un proyecto: comprar adhesiones para su proyecto político.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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