El Estado fallido de la 4T

Cuando no existe Estado de derecho, las condiciones de la convivencia social se deterioran y se rompe el tejido social, surge la violencia, se genera desconfianza, hay corrupción, la economía decae y el desarrollo se detiene.



Una de las principales banderas que enarboló el proyecto de la llamada Cuarto Transformación y que, sin duda, alentaron a los votantes para darle el triunfo hace tres años, fue su compromiso con el Estado de derecho. Una de las propuestas y características que se han señalado a los estados modernos, como premisa de su acción, es, precisamente, hacer vigente el Estado de derecho. Cuando éste no existe, las condiciones de la convivencia social se deterioran y, a partir de ello, se rompe el tejido social, surge la violencia, se genera desconfianza, hay corrupción, la economía decae y el desarrollo se detiene.

En México, lo han admitido gobernantes como Ernesto Zedillo, no existe un real y verdadero Estado de derecho. Y lejos de avanzar en su construcción, caminamos como los cangrejos. Ésta no es, ya, como muchos afirman, percepciones particulares aisladas, sino que es un fenómeno constatado a nivel internacional y no exhibe, real y verdaderamente, como un estado fallido.

La organización World Justice Project acaba de dar a conocer cifras comparativas respecto del índice de Estado de derecho 2021 y qué cree, que de acuerdo con dicho informe, México retrocedió nueve lugares, al pasar del 104 al 113. Y si nos comparamos con los países latinoamericanos, resulta que quedamos a cinco lugares del último puesto. ¿Es así como se pretende asumir un liderazgo en la región?

Y uno de los elementos que se destacan en este análisis, es el de la corrupción. Y resulta que la bandera de combate a la corrupción anda por los suelos. México ocupa el lugar 135 del mundo, lo cual, según la organización Impunidad Cero, nos ubica en el último lugar de América Latina, debajo de Bolivia y Venezuela.

Y siguen las malas noticias. En materia de seguridad ocupamos el lugar 130 a nivel mundial y respecto de Latinoamérica el 30. Nos salvamos de ser el último porque nos superan Haití y Venezuela. Pero con la política de abrazos y no balazos, quizá para el siguiente informe seamos el último.

Como se ve, nuestros gobernantes no le atinan. No es que la actual administración tenga la culpa de toda esta situación, ya venía de atrás. La izquierda no se cansaba de echar en cara a sus predecesores la mala situación y de calificar su desempeño como un estado fallido. En cambio, ahora se guarda un discreto silencio y hasta se afirma, por ejemplo, que la inseguridad en la Ciudad de México ha decrecido, el mismo día que hay una balacera entre un motociclista y una camioneta, de la cual resulta primero herido y posteriormente el agresor y los dos ocupantes de la camioneta.

Si nos detenemos un poco, nos damos cuenta de que el difunto fue víctima de alguien que iba armado a bordo del vehículo agredido. Esto suena a que se trataba de un guardaespaldas. ¿Por qué son necesarios los guardaespaldas y camionetas blindadas si somos poblaciones seguras?

Cualquier rubro que se analice en la materia de seguridad, nos percatamos de que estamos mal. Tampoco los secuestros decrecen. A veces la autoridad se consuela afirmando que no aumenta el número de las agresiones y promete trabajar para que bajen, sin que eso lo consigan manejando “otros datos”.

Vamos a llegar a la mitad del sexenio y en lo único en que existe un alto índice de productividad es en la verborrea. Mucho ruido y pocas nueces. Se construye un castillo de naipes sostenido a fuerza de propaganda que convence a ingenuos pero que es desmentido por la realidad. Estamos al borde del precipicio y muchos no se percatan de ello. Es hora de actuar y hablar con la verdad.


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