Carta a Tatiana Clouthier

Manuel Clouthier propuso un cambio pacífico por la democracia, por lo que formó una cauda de hombres que impulsarían la transición y la alternancia en el poder.



“La única salida que le queda a México es la democracia”.
Manuel Clouthier


No tengo el gusto de conocerte, pero sí conviví con Maquío. Su tamaño moral, empresarial, social y humano superó con mucho su enormidad física. Inicio esta carta con la frase que tú colocas al principio del capítulo 6 del libro biográfico de tu papá. Con ella proyectas el ideal que lo movió al final de su vida y que, sin duda, logró contagiar a muchos mexicanos que habían permanecido indiferentes a la política. Estoy convencido que su paso de la dirigencia empresarial a la lucha política marcó, con México en la Libertad, un proceso de transición más importante y profundo del que algunos quieren ver en el fraude de 1988.

En tu libro hablas del “enamoramiento” de Maquío por José López Portillo y la traición de este. Me parece que más que enamoramiento, Manuel Clouthier intentó noblemente –aunque a veces pareciera que de manera ingenua- influir en el presidente megalómano que, habiendo tenido una oportunidad económica sin par para dar un gran avance al desarrollo del país, desperdició los recursos y esa oportunidad hasta el último minuto de su sexenio.

Recuerdo claramente cuando en la Asamblea de Concanaco Servytur en 1982, la primera del sector empresarial después de la devaluación, tras uno de esos excelentes discursos que sabía hacer López Portillo, y en donde pidió perdón y pidió el apoyo, no para él sino para México y las futuras generaciones, y cuando todos los empresarios ahí presentes estaban enojados con el presidente, el primero que se paró a aplaudir fue tu papá, y con él todos los presentes.

Ante el aplauso recibido, López Portillo les propuso una nueva alianza y dejó a Francisco Cano Escalante para instrumentarla, y nuevamente, el empresariado acordó apoyar al Gobierno para superar la grave crisis en que había metido al país. Poco duró el intento, pues valido en ello, el presidente, mediante un espurio “decreto”, elaborado por Sergio García Ramírez, pretendió imponer un incremento salarial de 10, 20 y 30 por ciento. Ahí se produjo la ruptura total y la debacle que terminaría con la estatización de la banca. Llegó a la triste conclusión de que había sido traicionado.

Tu padre comprendió que sin democracia y dependiendo de la voluntad o capricho de un hombre, el país no sólo permanecería estancado, sino en grave riesgo en el futuro. Por eso se propuso en lograr un cambio pacífico por la democracia, y aunque no logró el triunfo ni en Sinaloa ni como candidato Presidencial, fue como un cometa que formó una cauda de hombres que siguiéndolo y continuando lo iniciado por él, impulsarían la transición y la alternancia en el poder.

En tu obra señalas que los logros de la campaña de Maquío fueron: la desmitificación de la figura presidencial; haber dejado el unipartidismo como cuestión del pasado y atacar y terminar con el paternalismo fascista.

Las transiciones democráticas son lineales, los teóricos de las mismas advierten que nunca se saben dónde van a desembocar y señalan el peligro de regresiones. Ahora te pregunto: ¿Has analizado cuál es la ruta que está tomando el país en el actual sexenio? La figura de Andrés Manuel López Obrador parece enana ante la de Maquío y sin los recursos oratorios de José López Portillo, su gestión añorante del nacionalismo revolucionario y del “desarrollo compartido” –ni siquiera lo sabe distinguir del desarrollo estabilizador-, está llevando al país hacia el pasado y parece que tú no lo has visto. Quiero pensar que eres tan noble como tu papá, pero después de tu experiencia política no puedes ser ingenua ni tener vendados los ojos acerca del modelo autocrático, autoritario, ineficaz y demagógico que se viene desarrollando en México. Y tú lo estás avalando.

Muchos de quienes creyeron en Andrés Manuel López Obrador, ya se han percatado de que no está a las alturas de un estadista. Entre ellos está tu hermano Manuel, quien, como tú, se unió a lo que pensaron sería una fuerza transformadora para el bien de México. Muchos de izquierda también están decepcionados. Día con día se revela la triste realidad que, aunque ya había sido advertida, muchos no la creyeron. Muchos de ellos se sienten traicionados, como en su momento Maquío se sintió traicionado por las promesas y ofertas de José López Portillo.
Me pregunto cómo vería Maquío -a quien no sólo admiras como tu padre, sino también como político- al actual

presidente y la condición a la que ha llevado al país. Y te pregunto, ¿acaso no te sientes traicionada?

Recibe mi saludo respetuoso y mis mejores deseos.


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