¿Por quién votaría usted?

Entre la población norteamericana defensora de la vida se teme, de ganar los demócratas, un retorno a los decretos más extremistas del anterior presidente de ese partido: obligación de las empresas, incluso las cristianas, opuestas al aborto por motivos de fe, de garantizar a sus empleados un seguro médico que incluya el aborto.


Elecciones EU


Se avecina la fecha de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Nos guste o no a los pobladores del resto del planeta, la elección del presidente de esa nación no puede no ser objeto de la atención mundial. Quien resulte electo para ocupar la Oficina Oval tendrá durante cuatro años –por lo menos– poder para tomar decisiones que afectarán, para bien o para mal, a los ciudadanos de las demás naciones. Para colmo, en esta elección los norteamericanos tendrán que pensarlo mucho antes de cruzar sus boletas electorales, y el resto de la humanidad tendrá que contener el aliento hasta que se publiquen los resultados. El menú de opciones es prácticamente el mismo que se presentó a los ciudadanos de ese país en 2016. Dos candidatos que no pueden ser más contrastantes; dos polos absolutamente divergentes de posiciones sociales, políticas y económicas... que bien pudiera decirse que provienen de planetas distintos. Y, lamentablemente, como en las elecciones de 2016, de ninguno de los dos candidatos se puede decir que sobresalga por su capacidad política, administrativa, ni por su altura moral. Será, de nueva cuenta, una elección del menos malo.

Joe Biden, el candidato del Partido Demócrata, no tiene ni el carisma ni las habilidades para hablar en público que posee abundantemente Barak Obama, bajo cuyas órdenes sirvió como vice presidente. Sí tiene, en cambio la experiencia y el know how político que permiten vislumbrar, en caso de obtener él la victoria electoral, un retorno a las tradicionales posturas norteamericanas en las relaciones internacionales, la ecología, el comercio internacional, el balance de la presencia militar, la migración, etcétera. Estados Unidos tratará de recuperar el lugar que por décadas ha mantenido en lo politico y económico. Las causas de los migrantes, de las minorías y de los pobres estarán en la agenda de Biden. Pero éste –¡ay!– probablemente será también una trágica continuidad de los peores vicios de la administración de Obama. Tanto Biden como Kamala Harris, la senadora californiana a quien aquel eligió para ser su compañera de fórmula, son ardientes defensores y promotores del aborto y de los objetivos del lobby LGTB. Según algunos periodistas, Harris es incluso más radical en este aspecto que Hilary Clinton, famosa defensora de esos objetivos y benefactora/beneficiaria insigne de Planned Parenthood. Entre la población norteamericana defensora de la vida se teme, de ganar los demócratas, un retorno a los decretos más extremistas del anterior presidente de ese partido: obligación de las empresas, incluso las cristianas, opuestas al aborto por motivos de fe, de garantizar a sus empleados un seguro médico que incluya el aborto; usar fondos federales para ayudar a organismos abortistas, etc.

Donald Trump, el candidato republicano, no necesita presentación, puesto que aún despacha en la Casa Blanca y durante su administración el mundo ha sido testigo de su modo muy peculiar de gobierno. Durante los tres años y pico de su gobierno, sus mentiras recurrentes, su fanfarronería, su desdén por la ley, su empeño en cerrarse a la realidad, su extraña visión de la ecología, su tendencia irrefrenable por buscar pleitos con todo mundo se han convertido en su característica principal. Ha convertido a los aliados más tradicionales de su país en enemigos o en suspicaces y precavidos observadores, ha creado guerras comerciales con todo aquel país que no se acomode a sus exigencias, ha insultado descaradamente a naciones y gobernantes por igual. Su desdén por los datos de la ciencia y del bienestar de los ciudadanos ha sido factor importante en el crecimiento desmedido de la pandemia en Estados Unidos, y en la cifra espantosa de defunciones causadas por ella. Sus medidas orientadas a detener el flujo migratorio, visto por él como una invasión, no han dudado en llegar a extremos como el de encerrar a miles de menores de edad en establecimientos carcelarios. Su política es básicamente populista, buscando ante todo el aplauso de ese sector de la población que ve en sus desplantes y arrogancias una señal de su rompimiento con el establishment, corrupto e insaciable. Su fama como mujeriego y adúltero se incrementó con la aparición de acusaciones y datos de sus aventuras extramaritales, y de los sobornos que hubo de hacer para callar a sus acusadoras. Frente a ese evidente desprecio de Trump por los derechos humanos, por la ley, y por la humanidad en general, asombra su abierto y total apoyo por la causa de la defensa de la vida y de la familia. Desmanteló varias medidas adoptadas por Obama en defensa del aborto, eliminó la cláusula que hacía obligatorio la inclusión del aborto en los gastos médicos de las empresas cristianas, canceló el apoyo financiero a Planned Parenthood, y defendió fuertemente el derecho a la libertad religiosa.

Se dice que no hay candidato perfecto, y es cierto, pero frente a la realidad actual y frente a las oportunidades y amenazas que cada candidato representa para Estados Unidos y para la humanidad, hay que usar una balanza muy fina. Ambos candidatos tienen pros y contras. El retorno de Biden al escenario mundial con un gobierno fuerte internacionalmente y atento a la ecología y los problemas sociales será bueno, quizás, para la paz mundial, pero el costo en términos de vidas de niños abortados y de valores familiares perdidos será estratosférico. La reelección de Trump significará otros cuatro años de indecisiones, tropiezos y pleitos internacionales, de mayor distanciamiento racial, de fronteras cerradas, de desorden gubernamental, pero la vida y la familia en Estados Unidos tendrán mayor sustento y fortaleza.

¿Por quién votaría usted?

Para México, la perspectiva es incierta con uno y con otro, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro presidente no tiene ninguna de las virtudes de ellos, pero sí todos sus vicios, a la cuarta potencia.


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