La fortaleza moral y la pandemia

Hay quienes buscan arrebatarle en las urnas la mayoría absoluta a Morena y sus aliados, para tratar de frenar legislativamente las locuras del presidente e intentar detener la marcha del país hacia el caos absoluto.


Poder absolute de Morena


La situación de desastre que vive México a causa de la espantosa conjunción de la pandemia con las aberrantes políticas y acciones del presidente de la República han llevado a cientos de miles de ciudadanos a expresar de varios modos su descontento y angustia. Evidentemente, el virus no puede ser objeto de reclamo alguno, por lo que las quejas se dirigen, lógicamente, hacia el gobierno federal, causante directo de que los efectos de la epidemia no hayan sido controlados –con las trágicas cifras de decesos que todos conocemos– y que las cosas vayan de mal en peor en seguridad, finanzas, economía, salud, educación, relaciones internacionales, comercio, industria, etc. No hay nada en el país que no haya sido afectado negativamente por los caprichos presidenciales. Ninguna de las promesas que hizo AMLO el candidato se han convertido en realidad en el gobierno de AMLO el presidente.

Además de los masivos reclamos ciudadanos, y dada la cada vez más insostenible situación de la nación, no han faltado voces que proponen planes, estrategias y proyectos encaminados a solucionar el problema desde la raíz. Todos, obviamente, tienen claro dónde está la raíz: en López Obrador. Lo que queda por clarificarse y decidirse en la mente de la mayoría de mexicanos es cuál de todos esos planes y estrategias es la que se debe adoptar. Un gran sector de la ciudadanía inconforme con el actual gobierno sugiere que se obligue al presidente a renunciar ya, inmediatamente. Otro sector, también muy grande, prefiere esperar a las elecciones intermedias en 2021, y arrebatarle entonces la mayoría absoluta a Morena y sus aliados, para tratar de frenar legislativamente las locuras del presidente e intentar detener la marcha del país hacia el caos absoluto.

La primera opción se antoja más atractiva por la urgencia de detener el desastre nacional, pero sus defensores no han encontrado aún la estrategia capaz de hacer renunciar a un hombre tan terco, ciego y soberbio como López Obrador. ¿Quién y cómo convencerá a este último de que su renuncia es necesaria para el bienestar nacional? ¿Qué argumentos pueden hacer ver a AMLO que su permanencia es dañina para la unidad nacional y el progreso? Incluso si alguien lograra la hazaña de que el presidente viera la realidad como es, y reconociera el trágico papel que él desempeña en ella, el remanente de los 30 millones de electores que lo eligieron indudablemente que harán lo que sea necesario para que su ídolo no renuncie. Y el Congreso de la Unión, con cero independencia del Poder Ejecutivo, difícilmente aceptaría una eventual renuncia de AMLO. Queda la opción de forzarlo a dejar la presidencia. Esta opción requiere que el presidente sea encontrado culpable de un delito tal que merezca ser juzgado. Y parece que sobran causas para hacerlo. Basta pensar en todos los muertos que sus políticas han causado al desentenderse del caso de la pandemia. Pero, ¿quién se va a echar ese trompo a la uña? ¿Quién va a armar la denuncia de forma tal que ni los legisladores de Morena puedan rechazarla? ¿Qué tribunal se animará a ver ese caso? ¿Cuáles son las posibilidades reales de que progrese una denuncia de traición presidencial contra la patria? Queda la posibilidad, ya aparentemente avalada por más de un especialista, de probar que AMLO está incapacitado psicológica y moralmente para desempeñar su cargo actual. ¿Se podrá realmente llegar a hacer esto?

La otra opción es la de esperar al año entrante, a las elecciones de junio, y desmantelar la mayoría absoluta de Morena en el Poder Legislativo. Esa parece ser la opción más sensata. El riesgo que se corre es que la ciudadanía no responda a la convocatoria para que ejerzan el derecho a voto en contra de Morena. Esto sucederá si no se logra presentar candidatos de oposición que realmente garanticen la conformación de un poder legislativo poderoso, libre y cercano a las expectativas ciudadanas. O si hay tanta fragmentación en la oposición que no se logre vencer a Morena. Y siempre estará latente el espectro de un posible fraude electoral por parte del partido del presidente antes o durante las elecciones. Ya ha quedado demostrado que para el inquilino de Palacio Nacional sólo es fraude aquello que hacen los demás; lo que él hace siempre está bien. O el fantasma de un asalto legislativo ejecutado por Morena que ponga en manos del presidente un poder casi total sobre los procesos electorales, como solía hacerlo el PRI hace apenas unos lustros. Esperar hasta el 2021 también tiene sus riesgos.

 

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