Matar a los hijos como proyecto

Es trágico constatar que AMLO y López-Gatell están donde están, haciendo las maldades que hacen, porque el pueblo santo y sabio los puso ahí.



¿Se puede usted imaginar, amable lector, a grupos de padres de familia de varios países unidos bajo la consigna de matar a los propios hijos como forma de manifestar su oposición a un sistema de gobierno? ¿O por lo menos de poner a esos hijos en peligro de muerte, negándose a recibir las medicinas del gobierno con el objeto de poner la opinión pública en contra de este último? ¿Se puede usted imaginar a sí mismo utilizando a sus hijos enfermos de cáncer como peones descartables en el ajedrez político? Esto, creo, y creo que todos estaremos de acuerdo en ello, es algo inimaginable para cualquier padre. La aplastante y ruidosa respuesta ciudadana ante las declaraciones recientes del Subsecretario de Salud Pública en torno a las demandas de los papás de niños enfermos de cáncer confirmó lo anterior.

Lo asombroso, y triste, del caso es que tan patética y descabellada idea le haya parecido lógica y creíble a un personaje de la importancia del Subsecretario de Salud de nuestra nación. No puede uno evitar pensar que dicho funcionario o está fuera de sus cabales, o fue envenenado por las aberraciones de alguna secta diabólica, o es él mismo un ser malvado, malo, en el sentido más moral y estricto de la palabra. Tampoco podemos evitar asombrarnos ante lo que es un signo patente de idéntica maldad en el corazón del presidente de la República. Si bien, este públicamente pareció estar en contra de las palabras del Subsecretario, no fue más allá. No ha hecho ni hará, al parecer, lo que para la ciudadanía sería la lógica consecuencia de las palabras de su funcionario: su cese inmediato y amonestación pública, con clarificación pública de la posición del propio presidente al respecto. Pero es difícil esperar eso de una persona como el actual Jefe del Poder Ejecutivo, quien ya en muchas ocasiones ha mostrado su olímpico desprecio por el dolor de los conciudadanos a los que se comprometió a servir; ha preferido rodearse y compadecerse de almas gemelas en la perversión.

Lo anterior, obviamente, nos lleva a preguntarnos en dónde, cómo fue que esas personas se convirtieron en los seres patentemente inmorales que demuestran ser. Para ellos no hay ni moral; ni sentimientos y/o afectos; ni compasión. Excepto, claro, si se trata de otras personas iguales a ellos, como los capos de la mafia. Estos últimos sí reciben apapachos y condolencias desde Palacio Nacional. Pero, sinceramente, lo más trágico del asunto es constatar que tales personajes están donde están, haciendo las maldades que hacen, porque el pueblo santo y sabio los puso ahí.

En contraste -y eso no puede sino llenarnos de esperanza-, empezando por los padres de familia acusados de golpistas internacionales por López-Gatell, estos no se han agachado, no se han dejado insultar con la cabeza gacha. Y la ciudadanía los ha respaldado en diversas formas. Parece incluso que tanto la actitud firme de los padres de familia de los niños enfermos, como el nivel del clamor que las declaraciones de López-Gatell originaron, lograron que finalmente llegaran las medicinas necesarias para el cáncer infantil. Queda por ver si el gobierno seguirá respondiendo positivamente a las necesidades sanitarias, que van mucho más allá de los medicamentos oncológicos, y decide actuar con la cabeza de quienes sí saben hacer las cosas en vez de con el estómago de AMLO… y el corazón malvado de sus subordinados.


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