COVID-19 y la educación

Además de los niños que dejarán permanentemente de estudiar, seguramente tendremos una baja generalizada en la calidad de la educación: como se ha demostrado, la eficiencia de la educación no presencial todavía es baja.


Pandemia educación


Recientemente tuve la oportunidad de escuchar un conversatorio sobre temas relacionados con las consecuencias de la pandemia del COVID 19. Una iniciativa en San Cristóbal de las Casas, con participantes de otros estados, formado por miembros de la sociedad civil, y con la asistencia de profesores, padres de familia, investigadores y público en general, transmitido por medio de las redes. Un grupo pequeño, pero representativo de las iniciativas que están surgiendo espontáneamente de la sociedad civil. En particular, de parte de padres y madres de familia a los que estos temas les importan mucho.

En varios de estos conversatorios ha salido el tema de la educación. El año escolar 2019-2020, para efectos prácticos, puede decirse que se ha perdido para la mayoría de los alumnos. Porque, en la mayoría de las familias, no hay la posibilidad de tener educación a distancia. Y, aún en los que tuvieron estos medios, la precipitación con la que se prepararon las presentaciones para suplir la falta de clases, hizo que los resultados no fueran los óptimos.

Un tema que tiene mucha importancia, sobre todo, en el escenario de que pasen varios años hasta que se encuentren vacunas y terapias adecuadas para que volvamos a tener clases presenciales. Si el tema médico se resuelve con rapidez, probablemente no sea muy difícil recuperar el tiempo perdido.

En un documento de la UNESCO, organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, se menciona que probablemente hay 24 millones de niños, a nivel global, que serán afectados de manera permanente por esta falta de medios de enseñanza, de un total de más de 1700 millones de niños en el mundo. Parecería como que no es demasiado: “Sólo” el 1.4% de la población estudiantil del planeta. Hasta que nos damos cuenta de que 190 países tienen menos de 25 millones de habitantes.

Y estos son datos exclusivamente numéricos. Además de los niños que dejarán permanentemente de estudiar, seguramente tendremos una baja generalizada en la calidad de la educación: como se ha demostrado, la eficiencia de la educación no presencial todavía es baja. Sí, se están desarrollando nuevos sistemas. Y se están iniciando procesos y métodos que combinan la educación presencial con la remota y las actividades síncronas con las asíncronas. Pero, hay que reconocerlo, todavía estamos lejos de lo óptimo.

En medio de esta cuarentena, los padres de familia han tenido que involucrarse de una manera más amplia en los sistemas remotos de enseñanza. Aquellos, por supuesto, que tienen los medios para hacerlo. Esto tiene consecuencias de muchos tipos. Sobre todo, las dificultades para los progenitores que necesitan llevar a cabo trabajos remunerados, porque el tiempo de atender la educación de los hijos reduce el tiempo para sus actividades laborales, sean remotas o no.

Por otro lado, hay un aspecto muy positivo: los padres están involucrándose en los contenidos de la educación. Me explico: a los progenitores de los que están recibiendo educación remota ahora se les enseña cómo apoyar a los niños, como explicar las lecciones, como participar en el proceso. Algo que no estaba ocurriendo: probablemente el noventa y nueve por ciento de los padres, se ocupaban exclusivamente de entregar y recoger a los hijos puntualmente en la escuela, asegurarse de que los hijos recibieran una calificación aprobatoria, con la absoluta confianza de que, si la escuela decía que el niño había aprobado el curso, era que tenía los conocimientos necesarios.

Cosa que ahora ya no está ocurriendo. Los padres se están dando cuenta de primera mano si los hijos verdaderamente están recibiendo los conocimientos y también se están dando cuenta, muchas veces, de que ellos mismos no tienen los conocimientos necesarios o que los tienen muy atrasados. Por supuesto, esto es más grave en educación de las clases humildes, donde muchos padres y madres son analfabetas funcionales y no tienen los recursos para apoyar a la educación de los hijos.

Todo esto, en medio de una crisis económica de la que se habla poco, que hace que las familias no puedan invertir en medios que apoyen a la educación. Se dice que en muchas escuelas hasta la cuarta parte del alumnado no se ha inscrito para el curso siguiente. Supongo que el dato viene de las escuelas particulares. En esto puede haber varias causas, por supuesto, el hecho de que una parte importante de la población está desempleada, o han tenido que aceptar recortes importantes de sus ingresos para conservar el empleo. Y también, no hay que olvidarlo, que algunas escuelas privadas que ya habían recibido un pago de inscripción se han negado a devolverlo cuando las familias lo solicitan. Lo cual ha hecho que muchos pospongan el pago de inscripción. Y habrá, por supuesto, algunos que ya no inscriban a sus hijos en escuelas privadas y traten de tener inscripción en el sistema público.

La solución, como muchos otros campos, muy probablemente venga de la comunidad. Ante la perspectiva de una educación de muy baja calidad, seguramente proliferarán sistemas privados, organizados por los propios padres de familia, que posiblemente no tengan reconocimiento oficial, pero que generen las competencias mínimas para que nuestros niños puedan funcionar en nuestra sociedad y que tengan los conocimientos suficientes para poder continuar una educación superior, que no necesariamente será reconocida por las autoridades educativas, pero que generen personal como el que necesitan los distintos sectores económicos.

Un asunto que ya está ocurriendo: hace poco más un año, hablando con una empresa del sector eléctrico entre las más importantes del país, me comentaban que ellos sólo contratan ingenieros graduados en las mejores universidades del país y que, una vez contratados, los tienen en entrenamiento por tres años para que el egresado pueda desempeñar los papeles básicos que se le pediría a un ingeniero del más bajo nivel. Sí, las empresas están creando sus propias “universidades” y ya hay algunas instituciones educativas a las que esto les está preocupando.

Esto significa que nuestra sociedad y en particular sus miembros con mejor educación tendrán que crear una verdadera cruzada para poner al día a nuestros niños, jóvenes y desempleados que requieren mejorar sus capacidades, así como enseñar a padres y madres a apoyar a los hijos. Un verdadero apostolado en pro de la educación. Y, como están las cosas, no se ve en el panorama otra solución viable.

 

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