Tendencias al 2022

Necesitaremos construir nuevas opciones, nuevas soluciones y aceptar que no habrá un regreso rápido a las situaciones del 2019, que tampoco eran tan maravillosas.



Esta es la época del año donde adivinos, Think Tanks, influencers, consultores, expertos y hasta analistas políticos se dedican a decirle a la población qué es lo que debemos de esperar para este año. Todo un tema. Yo en lo personal no me atrevo a pronosticar ni siquiera las próximas cuatro semanas, mucho menos lo que va a ocurrir en este año. Y no me arriesgo a pronosticar qué ocurrirá dentro de mi casa, no digamos en el país o en el mundo. Pero no cabe duda de que muchos les gusta el papel de los modernos Nostradamus. Un papel lucidor, sin duda alguna.

De manera que parto de decir que no sé qué va a pasar. Tal vez podría decir algo de lo que es posible que pase, que son 2 cosas muy diferentes. En todo caso, hay algo de ilusión en esto de saber cómo vendrán las cosas para este próximo 2022. Lo que sí podemos es decir qué opciones hay de manera que podamos tener lo que algunos le llaman un plan alternativo o, en términos empresariales, lo que se llama un plan B.

Si regresamos al inicio del año 2020, recordaremos que ninguno de los llamados futurólogos supuso, ni siquiera lejanamente, lo que iba a pasar en ese año. Se sabía desde los últimos días del 2019 que en una región poco conocida de China estaba empezando una enfermedad rara. Nadie le daba mucha importancia: de China hemos recibido enfermedades como la gripe aviar, la gripe porcina y algunas otras enfermedades. Pero nadie se imaginó lo contagioso de esta enfermedad ni la mortandad que el COVID-19 traería a la humanidad.

Casi 2 años después, ahora tenemos más variantes de la enfermedad original. Lo que empezó de manera local, se ha convertido en la pandemia más mortífera de las últimas décadas. Y, como hace 100 años, no hemos podido dominar plenamente este mal. No cabe duda de que se han estado dando palos de ciego, en buena parte porque todavía no sabemos tanto como a veces nos gusta creer. Muchas de las recetas que se recomendaron a la población en el principio, demostraron ser poco eficaces. Se propusieron medidas que se anunciaron como fundamentales, como por ejemplo la limpieza de las suelas con tapetes desinfectantes o esterilizar las superficies, que han demostrado ser poco útiles. Y no es de extrañarse: se estaban aplicando medidas preventivas a enfermedades que se tratan de manera diferente.

Ahora, al empezar del 2022, hay quien habla del “COVISito” y minimiza el impacto de esta variante ómicron. Sin embargo, muchos señalan que esta variante es mucho más infecciosa. Por poner algunos ejemplos, en los primeros días de este año se triplicó el número de enfermos en el estado de Veracruz. Lo cual de alguna manera era de esperarse: las festividades navideñas y de fin de año continuaron e incluso se hicieron con mayor intensidad que en el final del año 2020. Pero además también es cierto que se está midiendo mucho más a los presuntos enfermos, de manera que no es de extrañarse que los números hayan aumentado.

En uno de los chats inteligentes, que los hay y mucho más de lo que nos imaginamos, alguien nos hacía reflexionar sobre cuál era la situación en junio y julio del 2020, cuando la discusión no era cuántos se enfermaban, sino la escasez de respiradores para poder atender a los enfermos graves y la dificultad para conseguir tanques de oxígeno. Temas de los que ahora no estamos hablando, y esperamos que no se den.

No es que podamos cantar victoria. De hecho, sería peligrosísimo hacerlo. Pero ya tenemos vacunas razonablemente eficaces, tal vez no tanto como lo quisiéramos, y también ya se anuncian y se han aprobado en algunos países terapias para curar a los ya infectados. Son muy pocas las enfermedades que hemos logrado vencer definitivamente. Probablemente tendremos que aprender a convivir con esta enfermedad, cómo convivimos con enfermedades como la malaria, la influenza, el dengue y el paludismo. Porque no hay muchas enfermedades a las que de veras hemos vencido. Tal vez se podía hablar de la poliomielitis, así como de la viruela negra, y no tenemos una total certeza de que efectivamente ya estén erradicadas.

Lo que muy probablemente tengamos todavía por mucho tiempo son las consecuencias sociales y económicas de la pandemia. El deterioro de ramas completas de la economía, el desempleo poco visible, debido al apoyo de las redes familiares son algunos ejemplos. Asuntos que, seguramente, estarán por ahí bastante tiempo. Necesitaremos construir nuevas opciones, nuevas soluciones y aceptar que no habrá un regreso rápido a las situaciones del 2019, que tampoco eran tan maravillosas.


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