Elecciones: ¿el vaso medio lleno o medio vacío?

El ciudadano es el que tiene sus propuestas listas porque sabe mejor que nadie lo que su comunidad necesita.


 


Analizar las elecciones del 5 de junio pasado es uno de esos ejercicios sobre si el vaso está medio lleno o medio vacío. Sin embargo, en este caso hay que dar un paso antes de ese análisis y es independientemente de cómo se juzguen los resultados, sigue habiendo vaso.

Sí, el INE y los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES) fueron el vaso que permitió el ejercicio de la democracia y la realización de una jornada electoral bien hecha. Sólo algunos buscando el foco, y quedando en ridículo al hacerlo –como Claudia Sheinbaum– se han atrevido a afear la actuación de las autoridades electorales y de los cientos de miles de ciudadanos que son quienes realizan las tareas en las urnas. El INE y los OPLES no son nada sin los ciudadanos.

El vaso, además, por lo menos hasta lo que se conoce en estos primeros días sigue siendo transparente. Esta transparencia se dice con cautela porque la incursión del crimen organizado para modificar el resultado en Sinaloa en 2021 no se conoció con puntualidad hasta mucho después. Pero en términos generales, el sistema electoral mexicano funcionó como un reloj: se instalaron el 99.5% de las casillas incluso en las zonas donde pocos días antes había pasado un huracán.

El Programa de Previo de Resultados Electorales (PREP) nuevamente permitió seguir en tiempo real la subida de los números en las actas y conocer casilla por casilla los resultados. Los conteos rápidos, esa maravilla estadística que logra adelantar con una precisión probada los porcentajes de votación, fluyeron adecuadamente; permitieron tener una fotografía de cómo habían quedado los resultados y dejaron poco margen para la incertidumbre y la especulación.

Entre los que esperaban que Morena saliera si no derrotado, por lo menos, con resultados más limitados el vaso ciertamente está medio vacío. La suma total de los votos obtenidos por Morena muestra que el voto duro no ha disminuido y que les basta en muchos estados para ganar de forma apabullante; como en Hidalgo donde ganan con el 61.5% de los votos o Oaxaca donde es con el 69.2%. Pero eso mismo se puede decir del PAN en Aguascalientes que gana con un amplio margen con el 53.76% de los votos; lo que sería el vaso medio lleno para la oposición pues ese bastión sigue panista.

También ven el vaso medio vacío quienes deseaban que el empeoramiento de las condiciones económicas; el pésimo manejo de la pandemia que llevó a la tumba más mexicanos que cualquier guerra, desastre o enfermedad en la historia; el desabasto creciente e insoluto de medicamentos; o el crecimiento de la pobreza extrema movieran por sí solos a la población a llenar las urnas y rechazar a los candidatos del partido del gobierno federal. Sin embargo, considerando que el titular del Ejecutivo nunca ha realmente gobernado, sino que vive en eterna campaña, sólo ganar dos tercios de las gobernaturas habiendo usado el 90% de su tiempo y del de su gabinete y a todos los senadores y diputados federales de su partido y millones recursos públicos, tampoco es un vaso lleno.

Los porcentajes de participación ciudadana ofrecen una inesperada visión del vaso, pues en Oaxaca fue de apenas el 38.7% o sea menos de 4 cada 10 ciudadanos se acercó a votar –y le dio a Morena para ganar con amplísimo margen–, mientras que la participación en Tamaulipas fue la más “copiosa” de los seis estados llegando a 53.3%, dando a Morena el triunfo más cerrado con casi seis puntos de ventaja, ahí el paradigma repetido de que una amplia participación ciudadana baja el triunfo del partido hegemónico quedó en entredicho. Sin embargo, en Aguascalientes la participación fue menor que en Hidalgo, 45.99% y 47.58% respectivamente, y el PAN (en Alianza) refrenda mientras que el PRI (en Alianza) pierde con amplio margen.

El caso de Durango resulta especialmente digno de análisis, pues la tasa de participación quedó en 50.4%, o sea, la mitad de los electores se presentó en las urnas y el margen con el que gana la Alianza es bastante amplio 53.7% frente a 38.8% de Morena y aliados. Durango estaba concluyendo el primer sexenio con un gobernador del PAN, antes fue gobernado exclusivamente por el PRI y Esteban Villegas es de este partido; pero llega en una Alianza que trabajó de manera coordinada, con un candidato que sí supo conectar con la gente; que hubo suficiente motivación para ir a las urnas y manifestar su voluntad a pesar de la guerra de encuestas.

De esta manera, el vaso en Durango ofrece amplias posibilidades de aprendizaje para los partidos de la Alianza porque claramente Morena es fuerte, pero no imbatible cuando hacen las cosas bien, sin embargo, para lograrlo hay que articular una narrativa que le llegue a ciudadano y no al votante. Sí, por ahí empieza, por distinguir al ciudadano del votante.

El ciudadano debe ser el protagonista de las elecciones; pero también de la vida política antes y después de éstas. El ciudadano es el que está cansado de que los partidos lo utilicen como posible votante porque valora su voto, pero ha aprendido que el voto es sólo es el primer paso. El ciudadano es el que a últimas fechas exigió de manera activa la detención de la Reforma Eléctrica, es el que ha dicho #YoDefiendoAlINE y es el que se opone a legalizar la militarización del país. El ciudadano es el que tiene sus propuestas listas porque sabe mejor que nadie lo que su comunidad necesita. A ese ciudadano que es al que los partidos deben hablarle, darle confianza, entrar en sincronía.

Morena no lo va a hacer porque Morena sólo ansía coleccionar votantes. Por eso, es ahí donde los partidos de la Alianza tienen el vaso listo para llenarlo con los ciudadanos y escribir en 2023 y, sobre todo, en 2024 una mejor página donde las ganas de ir a las urnas se den no por el fracaso –evidente e inocultable— del partido gobernante, sino por la posibilidad real de que votando por ellos haya un futuro tangible. Empiecen ya a llenar el vaso para los ciudadanos.

 

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@yoinfluyo

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