Vacunación: anillo al dedo

Uno de los usos redituables de la pandemia que asuela al mundo desde principios del año pasado es el monopolio de la distribución y aplicación de las vacunas anti-COVID-19.



Uno de los usos redituables de la pandemia que asuela al mundo desde principios del año pasado, pero que en México resultó una bendición para los populistas, es el monopolio de la distribución y aplicación de las vacunas contra la COVID-19.

Un monopolio necesario, es cierto, porque la distribución y la aplicación de los inmunizantes implican una labor que, por su magnitud, solo el gobierno puede –y debe– desarrollar.

Obviamente, las razones que justifican ese monopolio se fincan principalmente en la capacidad logística del aparato gubernamental, porque se trata de administrar vacunas a los más de 126 millones de mexicanos expuestos al contagio de la temible enfermedad.

Sin embargo, la capacidad logística del actual gobierno parece haber quedado guardada en un cajón, porque el primer día de vacunación está muy lejos de augurar una campaña eficiente y despolitizada.

Pero veámoslo por partes.

En las delegaciones de Magdalena Contreras, Cuajimalpa y Milpa Alta, la campaña de vacunación arrancó el lunes. Se avisó que sería de 8 a 20 horas y se citó a los ancianos a los centros de vacunación.

Como era de esperar, desde las 8 de la mañana había largas filas a las puertas de los centros, pero la vacunación comenzó a las 10:30. Así, a las 3 de la tarde se habían aplicado menos de 120 dosis.

Se aplicaron a otras tantas personas que, sin medidas sanitarias ni sombra para cubrirse ni un lugar para sentarse, habían esperado desde las 8 de la mañana, hora en que se les citó. La número 120 tuvo que esperar en esas condiciones siete horas.

Por la tarde, las autoridades dijeron que el proceso comenzó tarde porque las vacunas no habían llegado a los centros porque tienen que estar congeladas. De acuerdo. ¿Y por qué no las llevaron antes, o citaron a los adultos mayores después? Porque no hubo planeación logística.

Pero, eso sí –y aquí pasamos al tema de la politización–, cada brigada “correcaminos” está integrada por cuatro militares, cuatro “servidores de la nación” (los mismos que actuaron como promotores del voto de Morena en 2018), dos “voluntarios”, un médico y una enfermera. O sea, dos vacunadores y diez agregados. Sí, diez, Y de ellos, cuatro son promotores del voto.

Cada quien desarrolla su labor, dicen las autoridades. Y sí, claro que la desarrolla. A primera vista, parece que doce personas son demasiadas para atender un puesto de vacunación, pero es que juntos estamos haciendo historia… y proselitismo.

Como anillo al dedo, sin duda.

 

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