De Tuxtepec para el mundo

El Virus del Papiloma Humano (VPH) es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes en el mundo y, paradójicamente, una de las menos comprendidas socialmente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más del 80% de las personas sexualmente activas se contagiarán de al menos un tipo de VPH a lo largo de su vida, muchas veces sin saberlo. Aunque la mayoría de los casos desaparecen espontáneamente, algunos tipos de alto riesgo están directamente relacionados con el cáncer cervicouterino, una enfermedad que sigue cobrando la vida de miles de mujeres cada año, especialmente en países en desarrollo como México.

En medio de este panorama global, una científica mexicana, Eva Ramón Gallegos, originaria de San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca, logró un hito que ha comenzado a resonar en la comunidad científica internacional: erradicar al 100% el VPH en 29 mujeres, utilizando un tratamiento no invasivo basado en nanotecnología y fotodinámica. Su logro no solo representa un avance médico, sino también una historia profundamente humana, ética y social.

El VPH: una realidad masiva, silenciosa y estigmatizada

El VPH no es una enfermedad marginal ni excepcional. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), en México el cáncer cervicouterino es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, con cerca de 4,000 fallecimientos anuales, la mayoría vinculados a infecciones persistentes por VPH de alto riesgo, particularmente los tipos 16 y 18.

La doctora Nubia Muñoz, epidemióloga colombiana y pionera en la investigación del VPH, ha señalado reiteradamente que “el problema no es la infección inicial, sino la persistencia del virus y la falta de diagnóstico y tratamiento oportuno”. A ello se suma una carga cultural: miedo, desinformación, estigmas sexuales y acceso desigual a servicios de salud.

Esta realidad interpela directamente al principio de la dignidad de la persona humana. La enfermedad no puede entenderse solo como un hecho biológico, sino como una experiencia que afecta la integridad física, emocional, familiar y social de las mujeres, muchas de ellas madres, trabajadoras y sostén de sus hogares.

Eva Ramón Gallegos: ciencia con raíces y propósito

Eva Ramón Gallegos no proviene de una élite científica internacional. Es hija del sur del país, formada en instituciones públicas, y hoy es doctora en Nanobiotecnología y Ciencias Biomédicas, investigadora del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Su trabajo se centró en desarrollar una terapia fotodinámica que combina un compuesto orgánico (un fotosensibilizador) con luz láser, capaz de destruir selectivamente las células infectadas por el VPH sin dañar el tejido sano. El tratamiento se aplicó en mujeres con infección persistente y lesiones asociadas al virus, logrando la eliminación total del virus en el 100% de los casos tratados, según los resultados publicados y validados por comités científicos.

Mi objetivo nunca fue solo publicar un artículo científico, sino encontrar una alternativa real para mujeres que no tienen acceso a tratamientos costosos o invasivos”, declaró Ramón Gallegos en una entrevista académica difundida por el IPN.

El hallazgo clave: el cuerpo también colabora

Uno de los descubrimientos más relevantes de su investigación fue identificar que algunas mujeres producen en mayor cantidad ciertos compuestos orgánicos que potencian la eficacia del tratamiento. Este hallazgo abre una línea innovadora: la medicina personalizada, donde el tratamiento se adapta a las condiciones biológicas específicas de cada paciente.

El doctor Julio Frenk, exsecretario de Salud de México, ha señalado que “la medicina del futuro será preventiva, personalizada y basada en evidencia científica sólida”. El trabajo de Eva Ramón Gallegos encaja plenamente en esa visión, pero con un valor agregado: accesibilidad y enfoque social.

María (nombre ficticio por protección), una de las mujeres tratadas, relata:
Cuando me dijeron que tenía VPH de alto riesgo, sentí miedo. Pensé en mis hijos, en el cáncer, en todo lo que podía pasar. El tratamiento fue sencillo, no doloroso, y meses después me dijeron que el virus ya no estaba. Sentí que me devolvieron la vida”.

Este tipo de testimonios pone rostro a las estadísticas. No se trata solo de ciencia, sino de esperanza concreta, de mujeres que recuperan la tranquilidad, la salud y la posibilidad de un futuro sin miedo.

Ciencia, ética y bien común

La  ciencia es auténticamente humana cuando está al servicio del bien común. El trabajo de Eva Ramón Gallegos refleja los principios de solidaridad, subsidiariedad y opción preferencial por los más vulnerables, al buscar soluciones reales para mujeres que históricamente han quedado fuera de los grandes avances médicos.

El Papa Francisco señaló que “la investigación científica es un gran recurso para la humanidad cuando se pone al servicio de la vida y de la dignidad humana”. En este caso, la ciencia no es negocio ni espectáculo: es servicio.

Retos pendientes: del laboratorio a la política pública

A pesar del logro, el camino no está completo. Para que este tipo de tratamientos impacten a gran escala, se requiere:

  • Inversión pública sostenida en investigación científica.
  • Puentes entre academia, sistema de salud y políticas públicas.
  • Campañas de información sin estigmas.
  • Fortalecer la prevención, el diagnóstico temprano y el acceso equitativo.

México no carece de talento; carece, muchas veces, de continuidad y visión de largo plazo.

La historia de Eva Ramón Gallegos es mucho más que un logro científico: es un recordatorio de que México tiene la capacidad de generar soluciones de clase mundial, cuando se apuesta por la ciencia con sentido humano. El VPH seguirá siendo una realidad masiva, pero hoy existe una luz concreta de esperanza nacida desde Oaxaca, desde la convicción ética de que cada vida importa.

Invertir en ciencia, en salud y en mujeres no es ideología: es justicia social.

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