La extracción de Venezuela del espurio presidente Maduro por parte de tropas norteamericanas ha despertado diversos debates. Por un lado, se ha puesto en duda la legitimidad de una acción unilateral de fuerza por parte de un Estado, violando normas de derecho internacional, so pretexto de combatir actividades de terrorismo por parte de cárteles criminales. Por otro lado, entre muchos venezolanos, incluyendo a la premio nobel Corina Collado, surgió un aire de esperanza de que, por fin, Venezuela podría volver a un auténtico Estado de Derecho y a la vida democrática.
El primer tema tiene que ver con la soberanía de un Estado, tema moderno surgido con la aparición de los estados nacionales y que establece que no existe ninguna autoridad superior a las internas de un país, que pueda actuar afectando su autonomía.
Hay que señalar que ese concepto, al menos en su forma original, ha sido discutido y puesto en duda en un contexto de globalización donde las relaciones internacionales se han visto afectadas, sobre todo después del Siglo XX, cuando las dos guerras mundiales llevaron a la toma de decisiones sobre algunos países, por parte de las potencias triunfadoras. Los tratados de Versalles impusieron a Alemania una serie de condicionamientos y medidas que lesionaban su soberanía y derivaron en un revanchismo que aprovechó el nacional socialismo, con Hitler, para desatar la Segunda Guerra Mundial.
Concluida la Segunda Guerra, los Tratados de Yalta, que significaron un reparto del mundo por parte de las potencias vencedoras, también lesionaron dicha autonomía: Alemania fue dividida y sobre Japón se impusieron condiciones acerca de su desarrollo militar. Pero el reparto de Yalta tuvo un mayor efecto en lo que sería el bloque soviético, que implicó la violación de la soberanía de las naciones que quedaron prácticamente ocupadas por la URSS.
También se pueden mencionar numerosas decisiones como fue la afectación de Palestina y su autonomía para acordar la creación artificial del Estado de Israel en 1948 y que desde entonces ha ocasionado la inestabilidad de Medio Oriente con sucesivas confrontaciones bélicas, como el reciente caso de la guerra en Gaza. Rusia se ha apoderado de parte de antiguos territorios de la URSS y actualmente se encuentra en Guerra con Ucrania. La lista no terminaría si mencionamos las distintas acciones que han emprendido los Estados Unidos en contra de diversos estados islámicos so pretexto de evitar el desarrollo de nuevas potencias nucleares, o las diversas guerras que hubo en el sureste asiático con la participación de China y los Estados Unidos, cuyo caso emblemático fue Vietnam. Y África ha sido y sigue siendo escenario de numerosas guerras con participación de fuerzas extranjeras como las cubanas en el Congo.
Las Naciones Unidas, nacidas para luchar por la paz, han intervenido en diversos estados con los llamados cascos azules, buscando restablecer condiciones de paz que no han sido siempre exitosas y que, incluso, han generado acusaciones contra dichas tropas por violaciones a mujeres y de los derechos humanos. Su fuerza y acción, condicionada por el Consejo de Seguridad ha dejado mucho qué desear y son numerosas las voces que piden su reforma.
Por otra parte, ante la violación sistemática de los derechos humanos en algunas naciones, surgió el Tribunal Penal Internacional, ante el cual se han presentado algunos casos, pero relativamente pocos con relación al objeto de su creación.
Quienes han aplaudido la intervención norteamericana contra Venezuela, en una acción curiosamente efectiva, con la muerte de cuerpos de seguridad cubanos que custodiaban a Maduro, pensaron que se trataba de una acción que se fundaba, precisamente, en la defensa de la evidente violación de los derechos humanos que el régimen venezolano realizaba en contra de la población de ese país.
La gran pregunta que queda sin respuesta después de que se han evidenciado los intereses particulares norteamericanos en dicha acción, menospreciando a la oposición y reconociendo la permanencia del gobierno totalitario que impera en esa nación, es si la violación sistemática de los derechos humanos sobre un pueblo por parte de las autoridades, legitima una intervención externa para restablecerlos, devolviendo al pueblo su libertad y reintegrándole el legítimo derecho a definir su destino sin autoritarismos.
El papa León XIV, en una breve referencia a los sucesos en Venezuela, hizo referencia, sí, a la soberanía de ese país, pero también recalcó que, en cualquier caso, todo debe ser por el bien del pueblo venezolano. Y tal parece, que, violada la primera, tampoco se produce lo segundo.
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