El Mundial 2026 bajo la lupa

El Mundial de la FIFA 2026 será, sin duda, el evento deportivo más grande que México haya albergado en décadas. Compartido con Estados Unidos y Canadá, traerá:

  • millones de visitantes,
  • ingresos turísticos,
  • exposición mediática global,
  • inversiones en infraestructura,
  • consumo masivo,
  • y una narrativa internacional favorable.

Según estimaciones citadas por el Mexico Country Outlook 2026 del Baker Institute, el Mundial podría generar entre 2,500 y 3,000 millones de dólares para México. Sin embargo, este evento llega en un momento crítico:

  • una economía con bajo crecimiento,
  • una crisis fiscal en ciernes,
  • problemas graves de energía y agua,
  • nearshoring estancado,
  • militarización en aumento,
  • y una renegociación del T-MEC prevista para julio de 2026.

Es decir: México recibirá la fiesta más grande del mundo… pero con la casa en desorden. Así lo resume Iván Ortega, joven emprendedor turístico en Guadalajara: “Sí, va a venir mucha gente. Pero un Mundial no resuelve la falta de agua, ni la violencia, ni los apagones. No podemos vivir de seis semanas de fiesta.” Y tiene razón: el Mundial no sustituye las reformas profundas que México necesita.

La narrativa oficial: “El Mundial traerá crecimiento y unidad”

El Gobierno mexicano ha promovido el Mundial como:

  • motor económico,
  • símbolo de estabilidad,
  • instrumento de cohesión social,
  • palanca de empleos temporales,
  • oportunidad global para posicionar a México.

En eventos públicos, funcionarios han declarado que el Mundial “dará impulso a la economía mexicana” y “fortalecerá la imagen del país”. Pero ¿qué dicen los datos reales?

El propio Baker Institute señala que, aunque el Mundial será positivo, no tendrá un impacto transformador ni resolverá los problemas estructurales del país.

Expertos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) estiman:

  • incremento de ocupación hotelera,
  • derrama en restaurantes y comercios,
  • auge en transporte aéreo y terrestre,
  • mayor exposición cultural.

Pero este aumento solo dura entre 6 y 8 semanas.

Históricamente, los Mundiales concentran beneficios en hoteles, aerolíneas, restaurantes, centros comerciales, transporte turístico. Pero no llegan a 

  • pymes manufactureras,
  • campesinos,
  • emprendedores tecnológicos,
  • zonas pobres o rurales,
  • regiones sin partidos asignados.

Miles de empleos se crean, pero son temporales, mal pagados, informales, enfocados en servicios. El Mundial no genera empleo tecnológico, industrial o científico, que es lo que México realmente necesita para competir en el nearshoring.

El evento no aporta energía, no agrega agua, no resuelve seguridad, no mejora la red eléctrica, no fortalece el Estado de derecho, no detiene la militarización.

¿Distractor político? La sospecha de muchos ciudadanos

La fecha del Mundial coincide con un momento extremadamente delicado:

  • 1 de julio de 2026 inicia formalmente la revisión del T-MEC,
  • los aranceles estadounidenses amenazan exportaciones mexicanas,
  • la economía enfrenta fragilidad fiscal,
  • la inseguridad alcanza niveles récord,
  • el sistema judicial ha perdido independencia.

La percepción de que el Mundial puede usarse como distracción política es común. Así lo dice Luisa Fernández, estudiante de ciencias políticas en Monterrey: “El Mundial será espectacular, pero temo que el gobierno lo use para tapar los problemas. No queremos pan y circo; queremos soluciones.” Organizaciones de sociedad civil han expresado preocupaciones sobre:

  • la falta de transparencia en contratos,
  • la participación de empresas militares,
  • la opacidad en obras de infraestructura,
  • los costos acumulados.

¿Y la seguridad? El elefante en la habitación

México enfrenta altos niveles de homicidios, desapariciones y extorsiones. El Mundial exigirá:

  • seguridad reforzada en estadios,
  • aeropuertos protegidos,
  • rutas turísticas blindadas,
  • coordinación con agencias estadounidenses,
  • contención del crimen organizado.

El especialista en seguridad Eduardo Guerrero advierte: “El Mundial obligará al gobierno a concentrar fuerzas en zonas turísticas. ¿Qué pasará con las regiones que ya viven presión criminal? Podrían quedar desprotegidas.” Además, EE. UU. exigirá cooperación bilateral extraordinaria:

  • intercambio de inteligencia,
  • protección contra amenazas,
  • control de rutas aéreas,
  • vigilancia especial para visitantes.

El factor militarización: ¿quién controlará la logística?

Desde 2019, las Fuerzas Armadas controlan aeropuertos, aduanas, puertos, trenes, obras estratégicas.  Es probable que administren:

  • logística de movilidad,
  • seguridad en estadios,
  • tráfico aeroportuario,
  • control perimetral,
  • coordinación logística para delegaciones internacionales.

El riesgo es claro: cuando todo se militariza, se pierde transparencia, rendición de cuentas y supervisión civil.

Impacto en comunidades locales: ¿quién gana y quién pierde?

Ganan los hoteles, cadenas restauranteras, aerolíneas, corporativos turísticos, multinacionales de servicios, zonas urbanas de alto ingreso.

Pierden: 

  • comunidades rurales sin agua,
  • productores agropecuarios,
  • microempresas sin acceso al turismo,
  • zonas marginadas sin inversión,
  • estados sin partidos asignados.

La desigualdad territorial podría aumentar.

En ese sentido, el evento debe beneficiar a las personas, no solo al espectáculo. La prioridad es el bienestar de las familias, no las ganancias de unos cuantos. No puede ser excusa para ocultar realidades dolorosas. La verdad es indispensable para construir justicia. Un país no puede tapar con fiesta lo que pasa en sus calles.  El bien común exige inversiones duraderas, no temporales. La infraestructura debe mejorar la vida de los ciudadanos después del evento, no solo durante él. La hospitalidad es un valor humano, pero debe ir acompañado de responsabilidad y justicia con los más vulnerables.

Romina García, madre de familia en Zapopan, lo expresa con crudeza: “Qué bueno que venga el Mundial, pero en mi casa no ha habido agua en dos semanas. ¿De qué sirve un torneo si no podemos ni bañarnos?” Este testimonio resume la contradicción central: México celebrará la fiesta más grande del planeta mientras millones no tienen servicios básicos.

Oportunidad sí, pero no sustituto de políticas públicas

El Mundial 2026 será una fiesta global. México brillará. Habrá turismo, consumo y alegría.
Pero también habrá:

  • tensiones geopolíticas,
  • presiones de EE. UU.,
  • riesgo fiscal,
  • crisis hídrica,
  • problemas eléctricos,
  • inseguridad,
  • desigualdad regional.

El Mundial puede ser un impulso temporal, pero no puede sustituir la necesidad de reformas estructurales profundas. La verdadera pregunta no es cuánto dejará el Mundial. La verdadera pregunta es: ¿Qué haremos con México el día después del último partido?

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