¿A dónde se han ido los padres?
Norma Mendoza Alexandry .
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¿Cuántos años conviven padres e hijos? A lo largo de los años que convivimos con nuestros padres ¿cuántas horas fueron significativas y relevantes para nosotros? ¿Cuántas de aquellas experiencias fueron inolvidables e imborrables en nuestro modo de ser? |
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Durante el verano, algunas veces íbamos adonde él se encontraba, pero yo no recuerdo que jamás él me haya cargado o dado algún consejo y no hubo ninguna interacción con él a nivel personal. A medida que yo crecía, el darme cuenta que no tenía ninguna relación significativa con mi padre me dio un sentido de independencia. Mis hermanos y yo confiábamos en nuestra madre o mutuamente entre nosotros para apoyo emocional. Cuando mi padre se aparecía, le dábamos el respeto de ser cabeza del hogar, lo obedecíamos. Pero como sabíamos que pronto partiría otra vez, su presencia era más tolerada que apoyada. Había una discrepancia. Cuando en nuestro vecindario había dificultades o diferencias de opinión y alguien hablaba mal de nuestro padre, lo defendíamos y lo apoyábamos. Un ataque de crítica a nuestro padre, significaba una crítica a nuestra familia. Después de todo, él fue un hombre honesto que trabajaba mucho para ser nuestro proveedor. Sin embargo parecía saber relacionarse mejor con otras personas, que con su propia familia. Cuando me convertí yo mismo en padre de familia, comencé a darme cuenta de que independientemente de sus deficiencias, mi padre debe habernos querido y preocupado por nosotros. El hecho de que su propio padre (mi abuelo) hubiese muerto tres semanas antes de que él naciera, lo dejó con un vacío en su propia vida, de lo que nunca pudo recuperarse. Hoy me parece que mi padre no tuvo un modelo a seguir que le hubiese mostrado cómo debe comportarse un padre. Aparte, sus propias inseguridades le impidieron ser lo que pudo llegar a ser. A pesar de su alejamiento, mi padre nunca abandonó a su familia. Él sabía que necesitábamos apoyo económico y lo hizo hasta el término de nuestra carrera. Yo ahora pienso que nos dio todo lo que pudo, habiendo sufrido él mismo una carencia de apoyo emocional”. Comentario En el caso de esta persona, se nota la falta de un modelo masculino en la familia. Es clara la búsqueda del hijo por el padre ausente. Esto nos conduce a reflexionar cuántos niños en la actualidad crecen con un padre ausente, hijos de madres solteras. ¿Adónde se han ido los padres? En el caso del testimonio, el hijo reconoce la responsabilidad de su padre y su cumplimiento “económico”, pero en otros casos, los padres son irresponsables y existen evidencias de que muchos de los niños que crecen sin padre fueron abandonados por él de manera voluntaria. Para esto debe existir alguna explicación lógica. Se trata de un simple mensaje: ¡Papá, te necesitamos! Esto es raramente escuchado actualmente en nuestra sociedad y en el mundo actual. La triste realidad es que el mensaje para los padres es: “Eres irrelevante. No te necesitamos. Eres un perdedor.” Hoy la madre trabaja para el sostenimiento familiar y cada vez más existe la demanda de guarderías para los hijos. Simplemente habrá que prender el televisor para conocer comerciales, programas (Ej: Es importante reconocer a todos aquellos padres de familia que han rechazado los mensajes de los medios de una cultura que trata de devaluarlos y aplaudir aquéllos que, a pesar de los gritos de rabiosas feministas que claman que no es necesario el padre de familia, abren sus brazos y su corazón a una mujer, su esposa y forman una familia. Hoy debe ensalzarse a los hombres de una sola pieza que defienden a su familia, en especial a sus hijas e hijos de aquellos que intentan robarse su inocencia y su futuro. El hijo del testimonio, a pesar de la ausencia del padre, lo defendía cuando aquél era criticado, porque sabía que a pesar de sus defectos fue un hombre responsable de su familia, era un ‘proveedor’, es decir, aquél que satisfacía las necesidades materiales del hogar. Se necesitan ‘dos’ para engendrar un hijo. También se necesitan dos para su desarrollo: La intuición femenina permite a la madre establecer una comunicación vital con el hijo desde el momento de su concepción. La voz del padre es de suma importancia: da seguridad, confianza en el porvenir, establece los límites de la conducta infantil y cierra el círculo de amor que debe rodear al niño. Hay personas cuyos recuerdos más agradables están unidos a su vida familiar. Este es un signo inequívoco de que la familia ha cumplido una de sus funciones principales: la de aprender a compartir. Cambios en las familias Veamos algunas de las causas de estas extrapolaciones. La cuestión se sitúa en el punto en el que ¿cuánto es realmente lo que necesitan los hijos a sus padres? Según la interpretación de nuestros tiempos, ha habido cambios sustanciales respecto a la familia que se producen como cambios en la llamada familia tradicional (pareja casada con propios hijos). El matrimonio se convierte en un vínculo demasiado pesado y a veces inalcanzable, la sexualidad se separa de la fecundidad, el tener hijos se convierte en una opción cada vez más pesada y arriesgada. Existe otra tesis que sostiene que la pluralización de formas refleja tendencias negativas de tipo autodestructivo, regresivo y degradación social que generan formas de vida incapaces de presentar soluciones satisfactorias y estables en las relaciones entre los sexos y entre generaciones. Estamos viviendo un momento crucial en el que se experimenta con la separación familia / hijo por muchas y múltiples razones. Hoy es común hablar de la mujer sin grilletes, sus oportunidades, sus ansiedades, sus preferencias, su deseo de tener todo o no tener nada, su deseo de realización profesional, se habla de derechos de la mujer y punto. El experimento social del que hoy se habla tiene un denominador común: se trata sólo de ver el lado del adulto, especialmente del lado de la mujer y acerca del hogar con padres ausentes. Poco se ha dicho sin embargo acerca del lado oscuro de este masivo experimento social y que es un gran incremento de problemas infantiles y adolescentes (por ej. embarazos de adolescentes que han ido en aumento), al mismo tiempo que el éxodo adulto, es decir, el éxodo materno y/o paterno del hogar. Todo esto ha dado como resultado información deprimente acerca de problemas mentales, de drogadicción, de comportamiento, de enfermedades de trasmisión sexual (ETS), poco aprovechamiento escolar y más. Datos impactantes Un ejemplo claro de la niñez son datos recientes en México dados a conocer por el INEGI (Instituto Nal. de Estadística, Geografía e Informática) señalan que del 2001 al 2010 casi 32mil niños y niñas fallecieron antes de cumplir el primer año de vida. Tres de cada 100 murieron por accidentes o agresiones y dos de cada 100 murieron por desnutrición. En este mismo periodo murieron por desnutrición cinco mil 777 menores y 13mil 346 murieron por agresiones o accidentes. En la década pasada murió un bebé cada tres días por agresiones físicas. 81 menores fallecieron al día del 2006 al 2010. Dos bebés al día menores de un año mueren por desnutrición. He de señalar que la mortalidad infantil es un indicador del grado de desarrollo de un país porque permite conocer cuáles son las prioridades y valores de un país en términos de garantía de derechos, acceso a servicios y niveles de inversión para la protección de la niñez. De acuerdo con el V Informe del Poder Ejecutivo Federal, la tasa de mortalidad infantil por cada 1000 niños (as) que nacen vivos, se estimó para el año 2011 en 13.7. Esta tasa ha ido decreciendo en los últimos años, aunque no al ritmo que se requiere para construir un México apropiado para los niños. En promedio hay 81 decesos diarios de menores de edad que no logran la supervivencia en el primer año de vida. Entre las causas originadas en el periodo perinatal están trastornos respiratorios, malformaciones congénitas, enfermedades respiratorias e infecciosas y adicionalmente las muertes por desnutrición. Estas últimas son verdaderamente inaceptables pues constituyen un verdadero agravio no sólo para el bebé, sino para toda la sociedad. El hecho de que en este siglo XXI haya 577 decesos anuales de infantes por desnutrición es inaceptable, esto es, casi dos casos al día. Las “causas externas de morbilidad y mortalidad” incluyen muertes por accidentes o por violencia. Entre 2001 y 2010 fallecieron mil 334 al año o bien, cuatro muertes violentas de menores al día. Hemos de tomar en cuenta que estos fallecimientos son provocados por descuidos, abandono, malos tratos, negligencia de cuidados o violencia perpetrada por cuidadores, por familiares o por los progenitores: violencia de golpes, sacudidas o ahorcamiento. Específicamente han muerto por lesiones físicas un total de mil 105 bebés en la década señalada, dando un promedio de 110 casos al año o el equivalente de uno cada tres días. Conclusión ¿Cuántas veces la historia debe repetirse antes de que aprendamos que los valores importan? Demasiados padres se distraen con todo lo que la sociedad ofrece y fallan en enfocar su tiempo a la educación de sus hijos. Los niños sin guía por la ausencia de los padres, son influidos por lo que la sociedad ofrece y el círculo continúa, pero se agrava con cada nueva generación. Hace apenas unos días concluyeron dos congresos internacionales: El Congreso Mundial de las Familias, en Madrid España y el VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán Italia. Muchos líderes mundiales, eruditos, embajadores, académicos, religiosos y el Papa Benedicto XVI hablaron sobre la importancia de la preservación de la familia. Ellos conocen las tendencias destructivas de nuestra sociedad actual, sin embargo se basan en muchos estudios e investigaciones que muestran con claridad que: Individuos con familias fuertes son más felices, más seguros, con mejores ingresos y más productivos. Experimentan menos depresión, se cuidan mejor a sí mismos, son más felices en su trabajo, encuentran mayor satisfacción en sus vidas y padecen menos enfermedades. Hombre y mujer casados proveen de mejores condiciones de vida para sus hijos, como amor, sentido de pertenencia, seguridad, sacrificio personal y buenos propósitos que no son desarrollados en su totalidad en ninguna otra relación. Innumerables estudios indican que familias fuertes con padre y madre casados constituyen el mejor entorno para la crianza de los niños. Aún más, los niños criados en “familias intactas” tienen menos problemas psicológicos, mejores resultados escolares, una alta autoestima, menores tendencias al consumo de drogas y menores problemas de comportamiento, comparados con niños de familias rotas. Una generación atrás, cualquier niño podría razonablemente esperar crecer con un padre y una madre. Hoy, no cualquier niño puede tener esa expectativa. Los niños sin padre parecen ser parte de la nueva generación. Hay estadísticas que nos dicen que casi la mitad de los niños de esta generación duermen en hogares en donde no duerme su padre. Otros datos nos dicen que antes de cumplir la edad de 18 años, más de la mitad de los niños habrán pasado una parte significativa de sus vidas lejos de su padre. Nunca se había dado el caso de que una importante porción de niños, sean abandonados voluntariamente por su padre. La falta de padre es la tendencia demográfica más dañina de esta generación. Es la causa líder de la declinación del bienestar infantil en nuestra sociedad. Es asimismo el motor de nuestros más urgentes problemas sociales, desde el crimen al embarazo adolescente, del abuso infantil a la violencia doméstica. A pesar de las consecuencias sociales, la falta de padre es un problema frecuentemente y en gran escala ignorado o negado. Especialmente en el discurso de la élite política, permanece como un problema sin nombre. Existe un debate, aún alarmante sobre problemas sociales específicos; divorcio, niños nacidos de madres solteras, niños nacidos en extrema pobreza, violencia juvenil, violencia doméstica. Pero en las discusiones al respecto, poco se habla del fenómeno debajo de todo esto: la huida de los varones de la vida de sus hijos. Parece que nos salimos del camino y no afrontamos la conexión entre nuestros problemas sociales y la tendencia de la ausencia de paternidad. A los hombres en general y a los padres en particular, se les considera como superfluos en la vida familiar, como prescindibles o como parte del problema. El centro de la cuestión es: ¿Necesitan los niños de un padre? Cada vez más, nuestra sociedad contesta que “No”, o por lo menos, “no necesariamente”. Pero pocos cambios de ideas en este siglo tienen tantas consecuencias como esto. Lo que está en juego es nada menos que lo que significa ser hombre, quiénes van a ser nuestros hijos y qué clase de sociedad tendremos. Nos enfrentamos a una pérdida cultural que afecta a cada hogar. Por esta razón, la ausencia más importante que nuestra sociedad debe confrontar no es precisamente la ausencia de padres, sino nuestra creencia en ellos. Bibliografía - Testimonio personal. Autor anónimo.
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