Niños en las calles

En estas fechas pensamos mucho en los niños, pero ¿qué hay de los niños de calle que están ahí afuera sufriendo de frío y trabajando desde los 5 años? ¿Qué podemos hacer por ellos?



Han pasado los días de Navidad, de sensibilidad generalizada. Los niños de la calle nos arrancan el corazón; caemos en la cuenta de que como sociedad hacemos muy poco o casi nada por ellos.

Debajo de los puentes, en las terminales de autobuses, cerca del calor de las alcantarillas, allí se defienden esos niños del frío. Así viven su hoy; el mañana no saben si llegará para ellos.

En México hay 3.6 millones de menores trabajadores entre 5 y 17 años, que es la mitad de la cifra reportada para la región de América Latina y el Caribe, según cifras de la Unicef y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

(Datos tomados de un trabajo realizado por el investigador Víctor Inzúa Canales, de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM).

La edad mínima para trabajar en nuestro país es de 15 años cumplidos. La Constitución prohíbe ocupar a los menores de 15 años. ¿Por qué trabajan y en qué lo hacen los niños de 5 a 15 años?

Lo hacen porque no tienen más medio para vivir que las monedas que les da la gente. Consiguen esas monedas extendiendo la mano, pidiendo limosna, vendiendo dulces o chicles, limpiando parabrisas en las esquinas.

Cuántas veces esos niños consiguen su medio de vida acercándose a donde les facilitan la ingestión de alcohol, el consumo de drogas, o las relaciones sexuales. Pocos de ellos consiguen inscribirse en alguna escuela y cursar la primaria y la secundaria.

Las pocas monedas que reciben en las calles las ocupan en comer, vestir y en algunas ocasiones para ayudar a los gastos de su familia. Hablar de este problema de los niños de las calles, a veces nos saca las lágrimas.

Así y todo, hay quienes llegan a realizar una carrera profesional. Lo que es muy plausible.

La autoridad federal, local y municipal son los líderes naturales en todo el país. Los ciudadanos estamos dispuestos a colaborar en la medida de nuestras posibilidades.

Estos niños necesitan comida, vivienda, vestido, medios de diversiones sanas, preparación para hacer resolver las necesidades de la vida que pronto les llegarán.

Al decir esto no es que el Estado arranque a estos niños de sus familias, no. Es hacer frente a un problema que ya no puede esperar la intervención organizada de las autoridades y de la sociedad civil.

Se requiere poner manos a la obra ya. De otra manera volverán a llegar estas efemérides, estas fechas en que se recuerda a los niños, y volveremos a sentirnos responsables, pero hasta ahí, no más.

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