Venezuela es un campo de concentración

El obispo de Carúpano Jaime Villarroel dijo que lo que pasa en Venezuela y comienza a ocurrir en Nicaragua puede pasar en cualquier parte del mundo.



“Hoy Venezuela es un campo de concentración”, así describió la situación ue vive su país el obispo de Carúpano, Jaime Villarroel, durante la conferencia que ofreció en la Ciudad de México el pasado 31 de octubre convocada por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada México (ACN-México).

El comienzo

El prelado señaló que la situación que se experimenta en el país sudamericano inició en 1987 cuando Hugo Chávez Frías llevó a cabo un intento de golpe de estado; por el cual el presidente Rafael Caldera lo indultó más tarde.

El pueblo venezolano cansado de los partidos políticos y de la falta de resultados dio un voto de castigo y eligieron a Chávez en el año 1999, quien se había integrado a la vida política. Los ciudadanos “se dejaron llevar por la rabia”, explicó el obispo. Chávez Frías prometió erradicar la corrupción y distribuir la riqueza, por si fuera poco el aparato de justicia también estaba corrompido, “nos ofreció un caramelo envenenado”, dijo.

Una vez en el poder convocó a una Asamblea Nacional Constituyente de la que nació una Constitución y el pueblo la aceptó. “Era carismático y supo llegar a las clases más pobres”, aparentó ser como un caudillo, como el nuevo Bolívar, señaló monseñor Villarroel.

El obispo venezolano recordó cómo el entonces presidente violaba la constitución impulsada por él mismo, y su estilo para modificar la legislación cuando algo llegaba a estorbarle. Otro rasgo resaltado por monseñor Villarroel fue que Chávez tenía un discurso de división y amenazaba con la expropiación a los empresarios que no se doblegaban a sus decisiones, “de hecho sí las llevó a cabo tras lo cual las daba a personas poco preparadas para administrarlas”. Señaló que el régimen ha destruido el 80 % de las empresas y también expropió 8 millones de hectáreas con el mismo método.

Por otro lado, las rentas del petróleo le permiteron corrromper a muchas personas dentro y fuera del país. Ofrecía petróleo a precios muy bajos, lo que le ganó lealtades por el mundo.

País en ruinas

El obispo de Carúpano apuntó algunos datos que reflejan la situación de la población: el salario mínimo es de 3 o 4 dólares mensuales y un par de zapatos cuestan el salario de 2 años; las familias no pueden comprar un cuaderno para que los hijos puedan tomar apuntes en la escuela. Únicamente en septiembre la inflación fue de 270 por ciento. “El gobierno ha destruido el aparato productivo”, sentenció el obispo.

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Monseñor Villaroel también se refirió a la situación de salud en Venezuela. Indicó que muchos médicos han salido del país a causa de los bajos salarios y dramáticamente se ven enfermedades como el dengue, que ya habia sido erradicada, así como otros males como el paludismo.

Manifestó que más de 3 mil personas que requerían tratamiento han muerto por no contar con una diálisis o no tener un antibiótico. Además, subrayó que la desnutrición en los niños se ha convertido en un mal irreversible.

No obstante, los problemas no terminan ahí. El prelado señaló que en la ciudad de Maracaibo falta la luz 3 o 4 días a la semana, y en ese lugar viven con temperaturas de 40 grados centígrados en promedio, por lo que las personas tienen que dormir al aire libre y, por no contar con refrigradores, se echan a perder los alimentos.

Ilegalidad en la Presidencia

Monseñor dijo con claridad que Nicolás Maduro no puede ser presidente de Venezuela porque un requisito para el cargo es haber nacido en el país; pero Maduro nació en Colombia.

La situación ya complicada con Chávez se agravó con Maduro. Muchos periódicos, indicó el obispo, han cerrado porque si son críticos con el gobierno no se les vende papel.

Denunció que se ideologiza a los pequeños ya que se les inculca que Chávez “es el padre de la patria” y se promueve el odio a la Iglesia. Se les enseña que la Iglesia vino a destruir todo en América.

Movimento externo, odio interno

Monseñor Villarroel indicó que entre los años ochenta y noventa se creó el Foro de Sao Paulo que pretende alcanzar sus fines en el continete mediante la ideología.

La retórica de Chávez y Maduro ha sembrado la división insistiendo que aquel que tiene cierto patrimonio es porque ha robado.

Sobre los obispos se ha dicho que son un cáncer que hay que erradicar, una cúpula podrida. El prelado enfatizó que el gobierno tiene grupos armados de choque para amenazar a los obispos. Indicó que Chávez intentó crear una iglesia reformada, y que estos grupos siguen trabajando.

Labor de la Iglesia

Sobre el papel de la Iglesia en medio de esta situación, comentó que su trabajo es como “una gota de agua en el desierto”, pero una gota que trae más esperanza de vida que 100 kilos de oro.

Mencionó que se alimenta a la gente por medio de las “ollas solidarias” en las parroquias donde la gente se reúne y se les puede ofrecer alimentos, además, de otros servicios de acompañamiento. Comentó que cuentan con un proceso de seguimiento a los niños que padecen desnutrición.

Pero también se busca la formación de la conciencia, pues cuando se está en la miseria se está dispuesto a todo para sobrevivir.

“Tengo mucho temor”, dijo y agregó que “uno no sabe lo que le puede pasar”. Comentó que su diócesis hubo una masacre de más de 60 muertos porque cárteles de la droga se enfrentaron, pero el gobierno echó los cuerpos al mar para que la gente no se enterara.

Por otro lado, señaló que el papa le ha agradecido al episcopado venezolano por resistir y ha pedido que busquen la unidad. El obispo Villarroel señaló que hay muchos deseos de venganza en Venezuela.

Cuando veas las barbas…

Monseñor Villarroel recordó que en 1999 les decían “que no nos iba a pasar lo que pasó en Cuba” y enfatizó que lo que pasa en Venezuela, y que en Nicaragua está pasando también, puede suceder en cualquier parte del mundo.

“No permitan que decidan por ustedes… no permitan que las ideologías los dividan”, concluyó.

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@yoinfluyo
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