La parálisis del gobierno

¿Quién concentra todas las compras del gobierno?


Actividades del gobierno


Hasta el momento nada se ha transformado ni está en vías de hacerlo. Lo que es claro que es que muchas cosas desaparecen, otras tantas se destruyen y lo que queda está parado. Más allá de buenos deseos, las trampas de la realidad se presentan cotidianamente en las labores de gobierno. La sorprendente decisión de parar todo, de centralizarlo todo, ha dado como resultado una parálisis que parece que puede derivar en una crisis de gobierno de proporciones mayores.

El caso de los libros de texto y la suspensión del contrato al compadre del Presidente es uno de los ejemplos de que los resultados de la centralización total del gasto están alcanzando niveles que pueden ser alarmantes. En un puntual artículo el lunes pasado (Milenio 29/04/19), Gibrán Ramírez Reyes –miembro destacado de la intelectualidad Morena– y con quien se puede estar en desacuerdo pero no negar su inteligencia, exponía el gigantesco problema del caso del compadre y la afectación al interés público, en este caso, los niños que asistirán el siguiente curso a las escuelas públicas del país. Tendrán, “si bien les va”, libros de español y matemáticas. Porque la impresión lleva más de seis meses de retraso y es ya imposible imprimir más de cien millones de libros para que estén listos cuando los niños entren a la escuela. Ramírez hace un repaso rápido del fallido proceso para la compra de los libros de texto, pues dependía de Hacienda y ahí se atoró todo. Finalmente, dice, no fue un caso “de vidas o muertes” y avizora un problema mayúsculo en el caso que eso pase con el abasto de medicinas. Concluye: “La concentración de las compras en Hacienda es útil para evitar la corrupción, es cierto, pero a veces, como en este caso, es asfixia para procesos urgentes, una estrategia que debería repensarse, reestructurarse”.

¿Quién concentra todas las compras del gobierno? Hacienda, pero ni siquiera el secretario Urzúa, sino la Oficial Mayor: Raquel Buenrostro. En un acercamiento a este personaje, Roberto Rock (El Universal, 30/04/19) menciona que la frase presidencial que ronda es “avísenle a Raquel, que lo compre ella…”, y todos ya están acostumbrados a que eso pase. Los secretarios tienen que tratar con ella; ella decide los lápices y las pipas de combustible, las medicinas y los ductos, los libros de texto y los automóviles. Sorprende que el Presidente no confíe en sus nombramientos, pues la señora decide no solamente todas las compras, sino también las contrataciones de personal, los despidos y autoriza las estructuras de funcionamiento. ¿Para qué están los titulares de cada área? Pues literalmente de adorno. Rock ejemplifica cómo las funciones de la poderosa Oficial Mayor pasa por encima de la Secretaría de la Función Pública, quien, según la ley, está facultada para supervisar y regular las compras, la contratación de recursos humanos y la gestión de recursos materiales. Sin duda se trata de un nuevo y poderosísimo personaje en la sombra del que poco a poco sabremos más, “un halcón en Hacienda”, le llamó Rock.

Todo parece indicar que el presidente es López Obrador, pero quien gobierna es la señora Buenrostro, pues es la que tiene paralizado al gobierno y nulificados a los secretarios de Estado. Se agradece el énfasis en el ahorro y los esfuerzos por combatir a fondo la corrupción. Pero también se agradecería que pusieran en marcha al gobierno, pues el estancamiento afecta no solamente a la burocracia. La austeridad es muy buena y encomiable, pero hay cosas en las que es inevitable gastar y hay muchas maneras de supervisar los procesos de adquisición. No es necesario convertir al gobierno federal en una tlapalería. El afán de “ahorrar” de esa manera muestra más bien miedo a que el equipo tome decisiones. Este gobierno puede morir de inanición, morirá de hambre por no querer comprar comida, pero eso sí, abajo del colchón estará lleno de dinero.

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