Maduro: el declive y el silencio de SRE

Ante la detención del periodista mexicano en la casa de gobierno de Venezuela el Gobierno de México ha decidido no hablar.


El silencio de la SRE


Un gobierno cuyo líder se encuentra en una encrucijada, pues es cuestionado internacionalmente por sus características dictatoriales, detiene arbitrariamente en la casa presidencial a dos mexicanos que hacían labores periodísticas –concretamente una entrevista con el presidente de ese país. Es una situación delicada para ambos países. México no se ha encontrado, afortunadamente, en esa situación muchas veces.

Mientras la información inundaba las redes con la alarma, el gobierno mexicano, a través de la Cancillería, guardó silencio. Un silencio ominoso, porque se trataba de un mexicano radicado en Estados Unidos y que es un periodista prestigiado –ha sido premiado por la revista Time. Jorge Ramos sigue siendo mexicano. Aunque radique allá, es tan mexicano como los que estamos de este lado de la frontera. Ciertamente no se trata de un bombón, una “monedita de oro” que le cae bien a todos, pero el trabajo del periodista no es caer bien a nadie, de hecho, él cae muy mal por lo general. No dudo que este gobierno mexicano le tenga aversión –como se la tiene Trump– y como se la tuvieron los anteriores. Sin embargo, lo sucedido en Caracas hace un par de días revestía particular gravedad: era la retención ilegal de un mexicano ¡en la casa de gobierno! Además, constituyó un atentado contra la libertad y el ejercicio del periodismo. La Cancillería mexicana guardó silencio.

Hay que reconocer que ya todos informados de que habían sido liberados los periodistas, la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció lo que ya sabíamos todos, pero evidenció o su falta de información y de contacto con los venezolanos, o simplemente su miedo ante el dictador, por eso pusieron en el tuit del canciller: “El Gobierno de México ha manifestado al de la República Bolivariana de Venezuela su preocupación y protesta por lo ocurrido en el Palacio de Miraflores hoy a Jorge Ramos y su equipo. Peniley Ramírez, de Univisión, nos acaba de comunicar que han sido liberados”. Cabe preguntarse a quién le manifestaron su “preocupación y protesta” que no les dijo que habían sido liberados y tuvo que ser ¡la corresponsal en México de Univisión! la que les avisara.

Como se menciona en los tuits: se les dijo y se les advirtió que Maduro los iba a meter en problemas, pero viven en una presidencia municipal grandota y creen que pueden controlar hasta lo internacional con sus políticas de silencio y escondiéndose atrás del Presidente. No siempre se puede, el manto protector del Peje no da para tanto, no cubre el mundo. Vayan aceptándolo.

Lo cierto es que muchas de las dictaduras comienzan su caída –siempre estrepitosa– con agresiones, sino es que asesinatos, a periodistas. El gorila de Maduro no supo cómo ocultar su rabia ante Ramos y ordenó detenerlo y quitarle su trabajo. A saber quién lo controló, porque de ser por él, la cosa hubiera pasado a mayores. Lo sucedido con el periodista de Univisión es el anuncio del desmoronamiento de la dictadura de Maduro. La línea ya está tensa, no tarda en romperse.

Más vale que el canciller Ebrard le vaya preguntando a la periodista Peniley qué tiene que decir ante el eventual conflicto en Venezuela. Se entiende que no quieran meterse en problemas, pero en un gobierno es imposible. Se entiende que no quieran ser “candil de la calle y oscuridad de la casa”, como dijo ayer el presidente respecto al tema, pero vivimos en condominio y resulta que sí es importante qué pasa si unas casas más allá se agarran a balazos.

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