Posadas políticas

Estas épocas son propicias para la alegría y para la convivencia. Ya hoy no tiene ni caso tratar de hacer un análisis o emitir opiniones sobre algún tema. Todos andamos pensando en el siempre temible intercambio de regalos, en los brindis que quedan, en huir del pavoroso fruitcake, que inevitablemente aparece en algún lugar, y en pensar cuándo se acaba la vacación. Quienes ejercen la política se vuelven personas medianamente normales y dan y reciben abrazos. Pero, ¿cómo festejan? Con un poco de imaginación podemos saber cómo pasarán las fiestas navideñas nuestra clase política.



Navidad políticos 


En el PAN hicieron una posada. Como hacía mucho frío, quemaron los libros que había de Gómez Morin y de Christlieb Ibarrola, total, nadie los conocía y era papel muy viejo. Los panistas no dejan de ser mochilones, aunque sea de dientes para afuera, así que armaron un nacimiento vivo. No pudo ser como siempre ni con los panistas que siempre organizan ese evento. El Frente es una obligación en las actividades del partido. Así que el nacimiento vivo fue toda una innovación. Los panistas quedaron relegados al papel de pastorcitos que cantaban villancicos un poco lejos del pesebre. Los reyes magos fueron Santiago Creel, Jorge Castañeda y Chucho Ortega. Por supuesto, todos iban en caballos árabes, propiedad de don Santiago. De buey y de vaca salieron Damián Zepeda y Marko Cortés; de asno, como siempre, Ernesto Ruffo. Juan Zepeda puso un puesto de barbacoa de borrego y ofrecía ponche. Dante Delgado tuvo el papel de San José, y Alejandra Barrales, el de la Virgen María, se veían muy incómodos en su rol. Y claro, en el centro del pesebre, con su pañal y feliz de ser el centro de atención, estaba ni más ni menos que el niño Jesús, que era el mismísimo Ricardo Anaya, que proyectaba un Power Point de su obra y milagros.



En el PRI también hicieron su posada tricolor. Al niño Jesús le cambiaron de nombre y le pusieron José Antonio. El nacimiento estaba muy bonito, parecía del Estado de México, y en lugar de pesebre había una casa blanca. Cantaron el villancico de campaña sobre campaña y llevaron regalos al nacimiento. Lamentablemente, a las dos horas de iniciada la fiesta, los regalos desaparecieron. Rompieron felices dos piñatas. Una era de Manlio y otra de Chong. Luego llegó el intercambio de regalos. Casualmente a todos les tocó darle a Pepe Mit. 



En Morena no se quedaron atrás. Hicieron su pastorela. El acceso estaba restringido y no se permitió el paso a gays ni a madres solteras (aunque se les decía que eran merecedores de todo el respeto del candidato). El agente doble John Ackerman salió de Herodes, perseguía a todos los niños y amenazó con quemar el escenario si su esposa no salía en un rol principal. Monreal salió de arcángel Ricardo y cobraba las entradas –aunque se suponía que era gratis. Martí Batres, siempre fuera de lugar, llegó vestido de romano con un látigo y preguntaba dónde era la crucifixión. Para sorpresa de todos, Andrés Manuel no salió de niño Jesús, y cuando todos se preguntaban por qué no había ido, se apagaron las luces, se oyó un trueno y se proyectó la imagen del Peje en el cielo. ¡Es Dios!, gritaron todos. El Peje habló: Hijoj míoj, loj quiero tanto que no lej voy a enviar un niñito jejuj. Ahí lej mando a mij trej hijoj pa que loj mantengan hajta que Morena tenga 33 añoj.



Feliz Navidad para todos.

 

 

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