¿Y los niños qué?

La CNTE se convirtió en sinónimo de violencia y anarquía.



Apenas se acaban de instalar, y los nuevos legisladores han hecho un mercado de la Cámara de Diputados, en donde las consignas partidistas y la ostentación de poder de los militantes de Morena más que una esperanza parecieran una amenaza, y los argumentos se sustituyen por gritos, porras y majaderías.

Tal como lo anunciara López Obrador desde su campaña, la Reforma Educativa se ha empezado a esfumar y eliminarla es una de las prioridades de la gran mayoría de los diputados que coreaban en sesión hace unos días: “Va a caer, la Reforma Educativa va a caer”.

Cuando se menciona la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), se vienen a la mente imágenes de pseudo maestros manifestándose en las grandes avenidas de México destruyendo aparadores, pintando paredes, golpeando a policías, adueñándose del zócalo de la ciudad; o bien humillando y agrediendo a los verdaderos maestros que más allá de los intereses sindicales cumplen con su deber de impartir clases a los niños de Oaxaca o de Guerrero.

La CNTE se convirtió en sinónimo de violencia, de anarquía y debido a sus paros laborales ha dejado durante años, a miles de niños sin la posibilidad de lograr concluir los ciclos escolares completos. No es casualidad que los estados en donde la CNTE tiene mayor presencia sean los que hayan obtenido los últimos lugares en la prueba Enlace.

La imagen de los activistas de la Coordinadora dista mucho de la de un gran número de maestros que día con día se esfuerzan por llegar a los lugares más recónditos a impartir clases y que viven con un bajo salario, en el anonimato y el olvido de las autoridades.

Los activistas de la CNTE están muy lejos de dar clases y testimonio de ética y civismo a los niños, más bien son un pésimo ejemplo para ellos y no es un buen augurio para la educación en México que presida la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados Irán Santiago Manuel uno de los líderes de la CNTE en Oaxaca.

Si bien la Reforma Educativa tuvo grandes vacíos y carencias, uno de sus aciertos fue la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, con la que se garantiza el derecho de los educandos a recibir educación de calidad, con fundamento en el interés superior de la niñez.

La evaluación es un instrumento necesario, “lo que no se evalúa no se mejora” y el INEE lejos de ser una amenaza es una oportunidad para saber dónde estamos y cómo podemos avanzar.

Si todo profesionista, o técnico, o empleado de cualquier empresa es evaluado para medir su capacidad para construir un edificio, arreglar un aparato eléctrico, vender una póliza o tener buen trato con las personas; los maestros no pueden ser la excepción, más aún cuando tienen en sus manos lo más valioso de México: sus niños, para enseñarlos a leer, escribir, sumar y restar; pero también para moldear su alma y hacerlos mejores personas y mejores ciudadanos.

Provoca una gran sensación de impotencia que una institución como el INEE en donde ha sido contundente y medible el trabajo de académicos de la talla de Sylvia Schmelkes, Gilberto Guevara, Eduardo Backoff y Teresa Bracho que saben mucho de educación y quizá poco de políticas, se vea amenazado y menospreciado por personajes que han hecho de la educación un bastión político.

Mientras tanto, el futuro de millones de niños, y con ellos el futuro de México, sigue en juego. Es necesario que la educación quede al margen de intereses partidistas o políticos. Si queremos un país sin violencia, sin impunidad, si queremos un México donde vuelva la paz, y con un mejor futuro, la educación tendrá que ser la prioridad.

La historia la escribimos todos. Habrá que recordar a los legisladores su papel como representantes de la sociedad y como servidores públicos, y los ciudadanos tendremos que asumir que solo participando organizadamente y creando puentes, podremos cambiar el rumbo de nuestro país. México lo vale!

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