En la crisis de la esperanza

La juventud de México es la esperanza de que cambie pues tiene el poder de revolucionar al mundo cuando se lo propone, cuando se organiza y conoce su fuerza.


Los jóvenes son la esperanza


México cuenta con millones de jóvenes que constituyen la verdadera riqueza del país: no sólo por ser el presente y futuro del sistema económico, sino en términos de una riqueza mucho más profunda. La juventud es ese sector fresco y lleno de esperanza capaz de generar movimientos y cambios culturales. Sin juventud simplemente no puede haber esperanza, y ser joven es definitivamente más que una edad comprendida entre los 12 y 29 años como dice la ONU.

Los jóvenes de Jalisco nos mostraron cómo mediante un Pedro Kumamoto pudieron cambiar las reglas del juego de la política. En Silicon Valley los jóvenes se ríen de las viejas estructuras y nos muestran las nuevas formas de crear empresas. La juventud tiene el poder de revolucionar al mundo cuando se lo propone, cuando se organiza y conoce su fuerza.

Sin embargo, en México –como en muchos países– hay toda una estructura intentando apagar la luz de la juventud. Entre el analfabetismo, la pobreza extrema, el desempleo, el crimen organizado y las diversas formas de violencia, nuestro país mantiene dormido a un gran gigante capaz de llevar a nuestro país a un nuevo nivel sociopolítico.

Muchos políticos muy convenientemente sólo buscan a la juventud cuando necesitan hacer campaña, cuando requieren votos y gente moviendo banderas en las calles. ¿Es esta toda la potencialidad de la población mexicana joven? ¿por qué se les ignora durante el resto del sexenio? ¿No son capaces de proponer y ser agentes reales de cambio?

Millones de estos jóvenes que son parte de nuestra esperanza, se han rendido y se han unido al crimen organizado. Les han hecho creer que la única forma de progresar económicamente es con un arma en la mano. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿nadie les dijo que son talentosos?, ¿nadie creyó en ellos y les hizo saber que son capaces de hacer cosas buenas? Lo más probable es que hayan vivido en un abandono social y familiar que los orilló a tomar esa decisión y, sin ánimos de justificarlo, me atrevo a decir que nuestro egoísmo es el culpable de que los hayamos perdido.

Existen, por otro lado, millones de jóvenes que le han dicho sí a la educación, y se levantan temprano todos los días para estudiar, trabajar y salir delante de manera honrada y brillante. Lo veo todos los días, pues tengo la oportunidad de dar clases en una universidad privada en la que muchos alumnos se pagan la escuela por sus propios medios. Todos los días le dicen NO a lo fácil y mediocre, y hacen frente a los retos que suponen convertirse en la juventud que México tanto necesita.

Imparto actualmente una clase a las 7 de la mañana, donde particularmente un alumno nos compartía que a veces necesita doblar turno para poder pagarse la escuela. Cuando eso sucede, él sale de trabajar a las 6 de la mañana, y a las 7 ya está sentado en su mesabanco, puntual para estudiar. ¿Con sueño? Quizá. ¿Con sueños? Seguramente sí.

Tenemos, por un lado, a un Alfonso Cuarón que nos narra el divorcio de sus padres sucedido en los años setenta, frente a lo cual adoptó en su momento una actitud de resiliencia para convertirse en uno de los mejores directores mexicanos. Mientras tanto, otros millones se ven sobrepasados por los problemas y lo abandonan todo.

Es un país de dualidades, de desigualdad de condiciones, pero, al final, de decisiones individuales que nos afectan en la colectividad. Con una juventud en medio de la crisis, dentro de la cual surge una luz que decide que las circunstancias pueden mejorar y que su participación es indispensable para que eso suceda. ¿Vamos a esperar a que el gobierno nos ponga las cosas fáciles o vamos a empezar a jugar para ganar sin importar las condiciones?

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@yoinfluyo
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