¿Progreso para México? Sólo en la unidad

Lo que ha sacado a Corea del Sur de la pobreza y el estancamiento es la convicción de sus ciudadanos…


Corea y México


En ocasiones anteriores he escrito en este blog acerca de las cosas que hacen diferentes a México y Corea. Unas de ellas son, por ejemplo, la extensión territorial y la presencia y/o ausencia de recursos naturales. El territorio mexicano es más o menos veinte veces mayor que el de Corea del Sur. Los coreanos dependen de la importación para satisfacer gran parte de sus necesidades alimenticias y de materia prima para su industria. No tienen petróleo, ni gas natural; sus costas son demasiado pequeñas para satisfacer su necesidad de pesca; la agricultura necesariamente es reducida por las características orográficas. Su historia está marcada por varias guerras que sólo dejaron devastación y muerte. Desde que terminó la II Guerra Mundial, este pequeño país asiático se vio amenazado e invadido por su contraparte comunista, Corea del Norte (uno de los países que Morena parece admirar). México, por su parte, abunda en petróleo, gas natural, metales preciosos, alimentos, productos del mar, bosques y muchos otros recursos. Su último conflicto bélico terminó hace mucho y no llegó a devastar el territorio ni la población como lo hicieron en Corea la Guerra Mundial y la que tuvo que enfrentar este país contra su hermana comunista del norte. En el terreno económico, sin embargo, Corea aventaja a México por mucho. El ingreso per capita de Corea en el año 2107 alcanzó los 29 742.84 USD, mientras que ese mismo año el de México fue de 8 902.83 USD. Las industrias coreanas de productos electrónicos, autos, embarcaciones, etc., son famosas en el mundo y México mismo esta inundado de marcas coreanas. Hasta la telenovelas coreanas gozan de gran popularidad en nuestro país. Son contados, sin embargo, los productos mexicanos que se ofrecen en el mercado coreano. Y francamente nadie cambiaría de canal en Corea para ver una telenovela mexicana.

¿A qué se debe eso?

Sería fácil atribuir la culpa de esa trágica contradicción mexicana (gran riqueza natural vs. enorme pobreza de la población) a las malas administraciones de sus gobiernos y a la nota característica de estos últimos: la corrupción. Y no falta razón para ello. En 2017 México obtuvo sólo 29 de 90 puntos posibles en la tabla internacional de transparencia (lugar 138 de 180; a mayor puntaje, menor corrupción). Aunque ese mismo año Corea logró 57 puntos, ese país también está lejos (lugar 45) de ser un ejemplo de honestidad gubernamental. De hecho, hace apenas un par de años los escándalos de corrupción de la Presidencia de esa nación asiática terminaron derrocando al gobierno federal y a su administración. La corrupción, en ese marco de referencia, si bien no deja de ser un obstáculo muy importante para el progreso de un país, no es el único.

Otro culpable favorito es la falta de educación, y definitivamente no es algo que pueda soslayarse al considerar las posibles causas de la falta de progreso (entendido éste como avance en el Indice de Desarrollo Humano). Las diferencias en el campo educativo de ambos países son lamentablemente muy evidentes. Según las cifras de la OECD para el año 2018, por ejemplo, Corea es la nación que entre las naciones miembros de ese organismo internacional tiene el menor porcentaje (0 %) de ciudadanos mayores de 25 a 35 años de edad sin educación secundaria superior. México está en el penúltimo lugar en esta lista con 50%. Hasta la escuela primaria del pueblecito más pequeño y remoto de Corea está dotada de instalaciones modernas y amplias, además de todos los adelantos didácticos. Los educadores son tenidos en alta estima de la sociedad. Esto, no hace falta decirlo, no sucede en México. En nuestro país parece ser exactamente lo contrario. Y el abismo educativo entre ambos países se hará cada vez mayor si los actuales responsables de la educación en nuestro país se salen con la suya.

Pero creo que tampoco las características de la infraestructura escolar, o el número de ciudadanos con educación superior son la clave definitiva para explicar la diferencia en el progreso de ambas naciones.

Lo que ha sacado a Corea de la pobreza y el estancamiento es la convicción de sus ciudadanos de que solamente uniendo sus esfuerzos su patria podía salir adelante. Corea era el objetivo común. Y ese objetivo era y es capaz de superar las diferencias individuales o grupales. Los diferentes gobiernos de ese país, con todo y sus severas deficiencias particulares, lograron unir a la ciudadanía en torno a esa idea central: Corea. La historia mexicana, por el contrario, nos muestra un panorama de continua división. México nunca ha sido el objetivo de los mexicanos. El objetivo ha sido el de cada una de las diferentes facciones: realistas, centralistas, republicanos, conservadores, liberales, PRI, PAN, PRD y ahora Morena. Ninguna facción ha estado dispuesta a escuchar a los demás ni a colaborar con ellos. Morena, claro, es la joya de esta lamentable corona. Sólo su visión del mundo y de lo que México necesita (o sea, lo que les conviene a los morenistas) es aceptable; las opiniones adversas son desdeñadas con mofa como meras expresiones de capitalismo o neoliberalismo desbocado, inaceptables. Si la imposición de esa visión del mundo requiere mentir y violar la ley, hay que mentir y violar la ley.

No es difícil adivinar los frutos que se pueden esperar de continuar así las cosas en nuestro país.

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