México; Sargento José Mendoza López

En las trincheras no hay ateos

Se iniciaba la segunda quincena de diciembre de 1944, cuando en el frente occidental europeo Hitler lanzó una poderosa ofensiva que pretendía partir en dos a los ejércitos anglo-americanos y a la vez alcanzar la costa atlántica para cortarles los suministros de guerra.



En esta última jugada nazi de importancia, los alemanes habían trasladado tropas selectas y equipo de primera, del frente ruso a una pequeña región boscosa y montañosa llamada “Las Ardenas”, en Bélgica, la cual, por su accidentada geografía, no era militarmente considerada apta para el desplazamiento de grandes unidades blindadas, y por ese mismo motivo, el alto mando aliado había asignado divisiones americanas de infantería en su mayoría; y a decir verdad eran muy pocas.

Este punto delgado en el frente aliado, fue bien aprovechado por los alemanes y en un principio los americanos fueron sorprendidos y tuvieron que retirarse a marchas forzadas o ser muertos o capturados. Sin embargo, el ejército americano logró reponerse rápidamente de la sorpresa inicial y pudo detener a los alemanes, impidiendo que Hitler alcanzara sus objetivos.

Naturalmente que para detener a esa poderosa maquinaria de guerra alemana con unas cuantas divisiones de infantería, los infantes americanos realizaron un sinnúmero de actos de gran valor, valentía y coraje; y es precisamente uno de estos actos heroicos el realizado por un mexicano, el Sargento José Mendoza López, el que me permito redactar para Ud. mi estimado lector.

Cabe señalar que el Sargento López (los americanos consideran el segundo apellido como el principal y así consta en las actas militares), nació en 1910 en el Estado de Oaxaca; y al quedar huérfano a temprana edad, fue adoptado por un tío en Brownsville, Texas. Desempeñó una variedad de trabajos y hasta fue contratado en la marina mercante. En 1942 recibió su aviso de alistamiento en las fuerzas armadas norteamericanas (Draft Card).

Al momento de iniciarse la ofensiva de Las Ardenas, el Sargento José M. López servía en la Compañía K del 3er Batallón del 23° Regimiento de la 2a División de Infantería del Ejército Americano.

El 17 de diciembre de 1944 la Compañía K fue atacada sorpresivamente por unidades de infantería alemanas apoyadas fuertemente por tanques.

La Compañía K ocupaba ese día una posición elevada de terreno cercana a un poblado llamado Krinkelt, en Bélgica, poblado donde se tenía ya una posición reforzada suficientemente para detener el avance nazi, motivo por el cual la Compañía K debía retirarse hacia Krinkelt, no sólo para reforzar la posición, sino para salvar el pellejo.

Al momento de iniciar la retirada, el Sargento López divisó a un grupo de alemanes que intentaba rodear a la Compañía K por su flanco derecho. López, que estaba en el flanco izquierdo tomó al hombro los 20 kilos de la ametralladora, la munición y el tripié, corrió bajo fuego cruzado los 200 metros que separaban un flanco del otro, se metió en un hoyo de granada que poco lo cubría, instaló la ametralladora y derribó a los 10 alemanes que intentaban adelantar a la Compañía K.

Sosteniendo su posición ante un infierno de silbidos y estallidos de balas, granadas y morteros, el Sargento López pudo derribar a otros 25 alemanes más, que pretendían completar el trabajo de los anteriores. Al terminar, se percató que un gran número de alemanes pretendía irrumpir por el centro, por lo que volvió a cargar al hombro su armamento y, bajo un tremendo fuego cruzado, se instaló en una posición ventajosa, pero poco guarnecida. López logró parar a la primera oleada cuando un tanque alemán disparó directo a su posición, arrojándolo varios metros atrás. Durante unos segundos, reinó un silencio sepulcral que fue seguido por un grito de júbilo de la infantería alemana y un gesto de agradecimiento a la tripulación del tanque por su ayuda, el tanque por su parte continuó su camino y se alejó.

Inmediatamente, la infantería alemana corrió cuesta arriba para tomar a la Compañía K por la espalda; sin embargo, cuando sólo les faltaban unos 15 metros, la ametralladora de López volvió a tabletear con tal furia y con tal puntería, que no quedó un solo alemán en condiciones de combatir. En efecto, después de unos 10 o 15 segundos de inconsciencia por la explosión del cañonazo del tanque, el Sargento López se levantó muy aturdido y dando tumbos en la nieve, logró montar en el tripié su ametralladora, cortó cartucho y no dejó de disparar hasta que quedó seguro de que nadie lo perseguiría (se le atribuyen por lo menos 100 bajas alemanas).

Acto seguido, el Sargento López cargó al hombro otra vez su ametralladora y corrió hacia un lugar donde varios de sus compañeros de la Compañía K habían quedado copados. Al llegar a las cercanías del refugio de sus camaradas, López no tuvo tiempo de montar su ametralladora en el tripié y sosteniéndola en vilo se enfrentó a la horda alemana, la cual quedó severamente mermada y los pocos sobrevivientes huyeron despavoridos.

Pocas horas después, y aún con la ametralladora al hombro, el Sargento López entraba al reducto defensivo de Krinkelt, acompañado por los últimos efectivos de la Compañía K que faltaban de llegar.

La noticia de que el Sargento López había causado por lo menos 100 bajas alemanas en unos cuantos minutos y que a él solo se le atribuía que la Compañía K hubiese salvado el pellejo, corrió como reguero de pólvora, y los elogios de compañeros y altos mandos no se hicieron esperar. El aguerrido General George S. Patton declaró a la prensa: “Con una sola División (15,000 hombres) de Sargentos López, estaríamos en Berlín en una semana”.

El reporte de tan heroico hecho pasó al Gral. Omar N. Bradley, Comandante de las fuerzas americanas en Francia, de ahí al General Dwight D. Eisenhower, Comandante Supremo Aliado del Frente Europeo Occidental; y por último, al Presidente Franklin D. Roosevelt, quien le concedió “La Medalla de Honor del Congreso”, máxima condecoración que se otorga a los integrantes de las fuerzas armadas de Estados Unidos y sólo en tiempos de guerra, al mexicano Sargento José Mendoza López.

Después de la ceremonia en la que fue condecorado el Sargento López, se concedió a la prensa especializada una entrevista con el nuevo héroe, en la que le preguntaron: ¿en qué pensaba mientras disparaba y corría de un lado al otro bajo fuego cruzado y nutrido? A lo que el Sargento López respondió: Sólo estaba rezándole a San José y a la Virgencita de Guadalupe, para que nos sacaran de ahí con vida.

Al terminar la entrevista, un reportero se acercó al oficial encargado de relaciones con la prensa y le comentó: Coronel: necesitamos una entrevista con un héroe menos piadoso que nos dé algo así como “En el momento del combate sólo pensaba en la Libertad, en la Democracia, o simplemente en matar a todos los nazis que tuviera en frente”, algo sensacionalista de ocho columnas. ¿Sabrá de alguien así? A lo que el Coronel respondió: imposible querido amigo, EN LAS TRINCHERAS NO HAY ATEOS.

Fuentes:

https://kitup.military.com/tag/medal-of-honor

https://en.wikipedia.org/wiki/José_M._López

http://www.abc-clio.com/ABC-CLIOCorporate/product.aspx?pc=A2723C

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