Necesitamos un negociador de esperanza

Haciendo un recuento veloz de nuestra historia encontramos héroes y líderazgos positivos en todas las épocas.


Esperanza


Hay silencio de dos tipos: el que nos lleva a la reflexión, a la escucha, a la prudencia… y aquel silencio capaz de destruir no sólo a una relación sino a todo un país.

Tras el clima de violencia y protestas en las calles que llevaron a la dimisión a Evo Morales de la presidencia de Bolivia, el lunes pasado una ráfaga de aire gélido cubrió a nuestro país.

El aire no provenía de un frente frío, sino de la entrada de un avión del gobierno mexicano cuyo pasajero a bordo cambiaría (aún más) la realidad de nuestro entorno político.

Muchos quedamos estupefactos al ver a Evo pisar suelo mexicano, pero al mismo tiempo imaginamos que su estancia sería breve, efímera, pasajera. ¿Cuánto podrían tardar nuestros líderes empresariales en organizar un frente común para hacer pública su indignación y exigir al presidente AMLO el retorno de Evo a su tierra o a la de alguno de sus colegas socialistas/comunistas?

Pasaron minutos, horas, días… ya pasó la semana y en nuestro México reina un silencio sepulcral de la mayoría de las cúpulas empresariales. Aún no hay frente común de los industriales ni mucho menos indignación colectiva. A excepción de la realidad virtual (redes sociales), columnas periodísticas o charlas de café, en el ambiente social se respira un raro silencio.

De pronto tratando de buscar algo, me topo con la declaración de Waldo Albarracín, rector de la Universidad Mayor de San Andrés en la Paz, diciendo que es una “incongruencia del presidente de México el dar asilo a Evo”, “AMLO fue víctima de fraudes y justo está dando cobijo a quien hizo un fraude”. En seguida me pregunto, ¿cuánta fuerza puede tener en México la voz de un rector boliviano?

Haciendo un recuento veloz de nuestra historia encontramos héroes y líderazgos positivos en todas las épocas. Me vuelvo a preguntar: ¿Y en nuestro tiempo, dónde quedaron los súper héroes?

Decía un escritor que el verdadero héroe, el verdadero líder es un negociador de esperanza, “ya sea en el campo de batalla o en una empresa los mejores líderes siempre son capaces de inspirar grandeza en los demás a través de sus palabras o acciones”.

El caso es que nuestro país se encuentra en un parteaguas, en el momento histórico del ahora o nunca. Necesitamos un negociador de esperanza auténtica, congruente, sin demagogia, un mega líder social (como lo decía una amiga en un chat) alguien con tanto amor a México que nos recuerde la grandeza de nuestra Patria, de sus valores y de todo lo que está en juego. ¡Ah! pero que no se tarde, que alce la mano ya si existe ese o esos personajes capaces de hacer contra peso –sin intereses ni compromisos ni resentimientos de por medio– dispuestos a convocar, a motivar, a defender al país de este socialismo (¿o ultraizquierdismo?) ya no tan disfrazado, sino cada día más expuesto y penetrante.

Lo anterior nos lleva a las últimas preguntas: ¿El silencio de los culpables? ¿O la “VOZ” de los valientes, negociadores de esperanza, comprometidos en la lucha por el México que nos heredaron nuestros padres y abuelos, y merecen nuestros hijos y nietos?

 

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