En México, los héroes están cansados

El futuro presagia un aumento en el desequilibrio de la mente y de las emociones del presidente y, a su vez, una mayor radicalización política en su grupo más cercano, el que más influye en él.



Más que la desgracia de tener un gobierno tan inepto e inoperante como el que tenemos con Morena, es la ausencia de una verdadera oposición, lo que nos está revelando las peores miserias y pudriciones que padece la sociedad mexicana.

Para cualquier país que se precie de vivir en un sistema democrático, un gobierno como el de AMLO hubiera prohijado una oposición social y política que, al menos, tendría preocupado al partido en el poder o a sus dirigentes. Pero en México, López Obrador no está preocupado por la oposición; no está preocupado por la reacción de los sectores sociales a los que ha insultado y humillado en múltiples discursos, ni lo está por la respuesta de los que han visto afectados, no sólo sus intereses económicos, sino su vida misma, por las políticas públicas de su gobierno. Al presidente nada lo asusta, porque nada lo amenaza.

La gran ironía es que quienes están más alertas y más activos políticamente para poder frenar la “locura presidencial” son personajes dentro del mismo gobierno, pertenecientes a Morena o aliados de Morena. Ellos sí están previendo escenarios y actuando en consecuencia, sobre todo, ante una posible imposición “a la mala”, por parte de AMLO, de un sucesor que implique la perpetuación de su propio poder. Del PRI o del PAN no se puede esperar algo contundente, inteligente o disruptivo que pueda alterar el estado de cosas al que nos ha llevado este desgobierno. El PRI está dirigido por una caterva de políticos vinculados a la corrupción y por otros que aún tienen nostalgia del estatismo, aquel que imperaba en la época dorada en que gobernó ese partido. Por estos motivos: miedo a la cárcel o al escándalo y el reciclado de ideas trasnochadas, el PRI aprobará la reforma eléctrica y minera de AMLO, con unos cuantos cambios, ya previstos, para simular algo de dignidad.

Con esto, el PRI romperá la efímera alianza de Va por México, con el PAN. Esto, en realidad debería ser una gran noticia para los azules. Dejaría a este partido como la única opción electoral real para todos los que no quieren que continúe la ruina que está significando este sexenio. Sin embargo, es tal la mediocridad, la carencia de talento y de autoridad moral de su dirigencia, que no se ve cómo puedan aprovechar esto de una manera constructiva o positiva para el país; y menos, viendo la forma en que fue reelecto, recientemente, su Comité Nacional: en medio de burdas simulaciones democráticas, con una forzada unanimidad cargada de elogios mutuos y una total ausencia de debate acerca de los verdaderos problemas del país. Desafortunadamente, las formas y usos que imperan en el PAN, desde hace algún tiempo, son ya las del priismo.

El medio empresarial está dividido. La gran mayoría cuidando sus ganancias, viendo por sus propios e inmediatos intereses, antes que, por el futuro del país; incluyendo a algunos de los más poderosos hombres de negocios del país. Aunque también, con honrosas excepciones, que sí están intentando hacer algo por “salvar a México”. También el medio académico está dividido, entre los que ya se dieron cuenta de lo que se nos viene y los que aún ven a esta administración, como esa izquierda que siempre anhelaron ver en el poder. Los medios de comunicación tradicionales, en su mayoría, preocupados por la pérdida de sus utilidades y por no despertar la ira presidencial que pudiera amenazar sus concesiones. Atemorizados, asimismo, periodistas y propietarios, a ser expuestos en la picota de las “mañaneras” con el objeto de desprestigiarlos. Además de seguir padeciendo grandes carencias de profesionalismo periodístico e informativo, lo que les impide convertirse en el factor de concientización que tanto requiere la sociedad mexicana, especialmente en el momento actual.

Es por eso que ciertos grupos del empresariado, del ámbito académico, de los medios de comunicación y algunos políticos de diversos partidos, están prefiriendo acercarse y establecer contacto con Ricardo Monreal y con Marcelo Ebrard, como una alternativa o un recurso más viable, para ponerle un dique o, en su caso, un freno definitivo a los desatinos presidenciales. Pues en la oposición no ven más que un páramo estéril, sin señales de vida. El futuro presagia un aumento en el desequilibrio de la mente y de las emociones del presidente y, a su vez, una mayor radicalización política en su grupo más cercano, el que más influye en él. Y, ante este panorama, lamentablemente, en México, los héroes están cansados.


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