Un papa de esperanza en el jubileo de la esperanza

Nunca estuvo en los planes. El Jubileo 2025 había sido concebido y convocado por el Papa Francisco como un gran tiempo de esperanza para una humanidad herida. Sin embargo, su fallecimiento en plena Pascua alteró el curso de la historia reciente de la Iglesia. Por primera vez en más de 300 años, un Año Santo quedó marcado por la muerte de un Papa y la elección de otro en funciones jubilares.

El mundo volvió entonces la mirada a Roma. Las campanas dieron paso al silencio. Y, tras él, a uno de los procesos más antiguos, reservados y simbólicos de la Iglesia Católica: el cónclave. De ese encierro histórico emergería una figura inesperada para muchos: Robert Prevost, quien asumiría el nombre de León XIV, convirtiéndose en el primer Papa originario de América del Norte y en el pontífice que heredó un Jubileo ya en marcha.

Esta séptima entrega reconstruye cómo se vivió el Cónclave de 2025, quién es León XIV, por qué su elección tiene un peso histórico singular y cuáles fueron sus primeras palabras, leídas por millones como una señal de continuidad y responsabilidad.

Roma tras la muerte de Francisco: duelo, espera y responsabilidad

Tras el fallecimiento de Francisco, Roma vivió días de luto contenido. No hubo estridencias ni urgencias políticas visibles. La Iglesia entró en un tiempo que conoce bien: sede vacante, oración y discernimiento.

El Jubileo no se suspendió, pero cambió de tono. Las celebraciones se volvieron más sobrias. Las homilías, más reflexivas. La pregunta flotaba en el ambiente:
¿qué tipo de Papa necesita la Iglesia para continuar un Año Santo marcado por la esperanza, pero atravesado por una pérdida?

En ese contexto, los cardenales comenzaron a llegar desde todos los continentes. Muchos de ellos venían directamente de celebraciones jubilares en sus países, lo que dio al cónclave un carácter profundamente global.

El Cónclave 2025: rapidez sin improvisación

El Cónclave de 2025, celebrado en la Capilla Sixtina, fue relativamente breve, una señal clara de que existía un consenso de fondo.

Las congregaciones generales previas revelaron preocupaciones comunes:

  • Continuidad del impulso pastoral de Francisco
  • Necesidad de gobierno firme sin retrocesos ideológicos
  • Credibilidad institucional en un mundo escéptico
  • Capacidad de diálogo con potencias globales y periferias

No se buscaba un “anti-Francisco”, pero tampoco una figura meramente simbólica. Se buscaba un puente: alguien capaz de gobernar, escuchar y dar estabilidad a una Iglesia en transformación.

Tras pocas votaciones, el humo blanco emergió. El Jubileo tenía nuevo Papa.

Habemus Papam”: Robert Prevost es León XIV

Cuando el cardenal protodiácono pronunció el nombre Robert Prevost, el murmullo fue inmediato. No era una figura mediática. No encabezaba listas. Y, sin embargo, su perfil explicaba rápidamente el consenso.

Robert Prevost, de origen estadounidense, había construido su trayectoria fuera del centro del poder eclesial tradicional, con una larga experiencia pastoral en América Latina, particularmente en Perú, y una formación sólida en gobierno eclesiástico.

Su elección rompió varios hitos históricos:

  • Primer Papa nacido en América del Norte
  • Papa electo en pleno Jubileo, algo que no ocurría desde el siglo XVIII
  • Elección de un nombre cargado de significado: León XIV

El nombre no pasó desapercibido. Remitía inevitablemente a León XIII, el Papa de Rerum Novarum, la gran encíclica social que marcó la relación moderna de la Iglesia con el trabajo, la justicia y la dignidad humana.

Primeras palabras desde el balcón: sobriedad y continuidad

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, León XIV apareció visiblemente conmovido, pero sereno. No improvisó grandes gestos. No buscó frases virales.

Sus primeras palabras marcaron el tono: “El Jubileo continúa. No como un programa personal, sino como un camino compartido”.

Agradeció a Francisco con respeto, evitó comparaciones y subrayó una idea clave: “No comenzamos de cero. Recibimos una historia y una responsabilidad”.

Para muchos observadores, ese mensaje fue decisivo: no habría ruptura, pero tampoco inmovilismo.

¿Quién es León XIV? Perfil de un Papa-puente

Antes de ser Papa, Robert Prevost fue reconocido por tres rasgos centrales:

  1. Experiencia pastoral real, especialmente en contextos de pobreza y desigualdad
  2. Capacidad de gobierno, probada en dicasterios clave
  3. Estilo sobrio, alejado del personalismo

Su trayectoria en América Latina lo había puesto en contacto directo con realidades que resuenan profundamente en México: informalidad, migración, violencia, debilidad institucional y una religiosidad viva pero exigente.

Para muchos jóvenes católicos, su elección fue leída como una señal clara: la Iglesia no se replegaba al centro, sino que seguía mirando a las periferias, incluso si el Papa venía ahora del Norte global.

Un Jubileo con cambio de Papa: un hecho histórico

El dato no es menor: hacía más de 300 años que un Jubileo no vivía un cambio de pontífice en pleno desarrollo. Esto convirtió al Año Santo 2025 en un laboratorio histórico.

León XIV decidió no reiniciar ni “reformular” el Jubileo. Confirmó calendarios, mantuvo celebraciones y reafirmó los ejes centrales: esperanza, dignidad humana y justicia.

Ese gesto fue leído como un acto de humildad institucional: el Jubileo no pertenecía a un Papa, sino a la Iglesia universal.

Reacciones: sorpresa, expectativa y prudente esperanza

Las reacciones a la elección de León XIV fueron, en general, positivas y cautas. No hubo euforia acrítica ni rechazo inmediato. Hubo expectativa.

Un joven voluntario mexicano del Jubileo lo expresó así: “No sé aún cómo será su pontificado. Pero me dio confianza que no quiso brillar él, sino cuidar el camino que ya estaba abierto”.

Analistas internacionales coincidieron en que su elección ofrecía estabilidad en un momento de transición global compleja, sin cerrar la puerta a reformas graduales.

Un Papa elegido para cuidar el tiempo, no para dominarlo

El Cónclave de 2025 no eligió a un líder carismático para iniciar una nueva era personalista. Eligió a un custodio del tiempo, alguien llamado a cuidar un Jubileo en marcha, una Iglesia herida pero viva, y un mundo expectante.

León XIV llegó sin estridencias, pero con una carga histórica inmensa:
primer Papa norteamericano, heredero de Francisco, y pastor en un Jubileo interrumpido por la muerte.

Su primer mensaje fue claro: no venía a cambiar el rumbo, sino a sostenerlo. La historia sigue abierta. Y el Jubileo, contra todo pronóstico, continúa.

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