Se cierra la puerta de San Pedro

En el corazón del Vaticano, ante la mirada de miles de peregrinos y millones de fieles que siguen el momento desde todo el mundo, el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro no es un acto arquitectónico ni una ceremonia simbólica vacía. Es un gesto cargado de teología, historia y vida concreta. Marca el final de un tiempo extraordinario de gracia —el Jubileo— y abre, paradójicamente, un periodo de responsabilidad personal y social.

Para Papa Francisco, este rito no se agota en el mármol ni en la liturgia: “La misericordia no es una puerta que se cruza una vez, es un camino que se recorre todos los días”, ha insistido en diversas catequesis jubilares. El cierre de la Puerta Santa es, en ese sentido, una llamada a no dejar fuera de la vida cotidiana lo que se vivió dentro del templo.

Este reportaje reconstruye la cronología del cierre, explica su sentido profundo, recoge el mensaje papal, incorpora testimonios humanos y ofrece una lectura desde los valores de la Doctrina Social de la Iglesia y la realidad del mundo contemporáneo.

La Puerta Santa: un signo que atraviesa siglos

La tradición de la Puerta Santa se remonta al año 1500, cuando el papa Alejandro VI instituyó formalmente el rito jubilar. Desde entonces, cada Año Santo —ordinariamente cada 25 años— una de las puertas de las basílicas mayores de Roma es abierta para simbolizar el acceso extraordinario a la misericordia de Dios, la reconciliación y la conversión.

En San Pedro, la Puerta Santa permanece sellada durante décadas. Se abre únicamente al inicio del Jubileo y se cierra solemnemente al concluirlo. Cruzarla no es un gesto mágico ni automático: representa la decisión libre de cambiar de vida, reconciliarse y comprometerse con el bien común.

Teólogos como el cardenal Gianfranco Ravasi han subrayado que el Jubileo “no suspende la justicia, la eleva; no borra la responsabilidad, la profundiza”. En esa lógica, el cierre de la Puerta Santa no clausura la gracia, sino que la envía al mundo.

Cronología del cierre: del umbral abierto al envío

  • 24 de diciembre de 2024: apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, inaugurando oficialmente el Jubileo 2025.
  • 2025: durante todo el Año Santo, millones de peregrinos de todos los continentes cruzan la Puerta Santa, participan en celebraciones penitenciales, encuentros juveniles, jornadas sociales y actos de caridad.
  • 6 de enero de 2026 (Solemnidad de la Epifanía): clausura del Jubileo y cierre de la Puerta Santa en San Pedro, mediante un rito presidido por el Papa.

La fecha no es casual. La Epifanía recuerda que Cristo se manifiesta a todas las naciones. El mensaje es claro: lo recibido en el Jubileo no se guarda, se comparte.

El mensaje del Papa: misericordia que se vuelve responsabilidad

En la homilía de clausura, el Papa ha sido contundente: el Jubileo no puede quedarse en un recuerdo emotivo. “No basta cruzar una puerta si después levantamos muros en nuestra vida cotidiana”, ha dicho en palabras que resonaron con fuerza entre los fieles.

León ha insistido en tres ejes centrales:

  1. Misericordia activa: no como indulgencia barata, sino como capacidad real de perdonar, reparar y cuidar.
  2. Justicia social: el Jubileo interpela las estructuras económicas, políticas y culturales que generan exclusión.
  3. Esperanza concreta: frente al cansancio moral del mundo, el cristiano está llamado a ser signo de esperanza creíble.

Este enfoque conecta directamente con la Doctrina Social de la Iglesia: dignidad de la persona, solidaridad, subsidiariedad y bien común no son conceptos abstractos, sino criterios para la vida pública y privada.

María Elena Rodríguez, mexicana de 42 años, llegó a Roma con una pequeña peregrinación parroquial. Frente a la Puerta Santa, con lágrimas contenidas, resumió su experiencia a Vatican News: “Crucé la puerta por mis hijos. No para que Dios les cambie la vida mágicamente, sino para que yo aprenda a amar mejor, a escuchar más, a no rendirme”.

Su historia no es excepcional. Durante el Jubileo, miles de testimonios similares se repitieron: padres pidiendo reconciliación familiar, jóvenes buscando sentido, personas mayores agradeciendo la vida. El cierre de la Puerta Santa recoge silenciosamente todas esas historias y las devuelve al mundo como tarea pendiente.

¿Cuándo volverá a abrirse la Puerta Santa?

De acuerdo con la tradición, el próximo Jubileo ordinario será en 2050, cuando la Puerta Santa de San Pedro vuelva a abrirse. No obstante, la Iglesia puede convocar Jubileos extraordinarios si las circunstancias pastorales lo requieren, como ocurrió en 2015 con el Jubileo de la Misericordia.

Sin embargo, habrá un Jubileo extraordinario en el 2033, conmemorando los 2 mil años de la muerte de Jesucristo

La solemnidad del cierre: un silencio que habla

El rito del cierre es sobrio y profundamente elocuente. El Papa golpea simbólicamente la puerta, se colocan los ladrillos que la sellan y se entona un canto final. No hay aplausos. Hay silencio. Un silencio que, como señaló un liturgista del Vaticano, “no es vacío, es envío”.

Ese silencio contrasta con el ruido del mundo: guerras, polarización, desigualdad, desconfianza institucional. Precisamente por eso, el cierre de la Puerta Santa adquiere un valor contracultural. Recuerda que la fe cristiana no huye del mundo, lo enfrenta con amor y verdad.

El cierre de la Puerta Santa de San Pedro no es un final, sino un comienzo exigente. Lo vivido en el Jubileo se convierte ahora en criterio de vida. Para los creyentes —y también para una sociedad sedienta de sentido— el mensaje es claro: la misericordia no se archiva, se encarna.

En un país como México, donde los valores de familia, solidaridad y fe siguen siendo pilares culturales, este gesto resuena con fuerza. Cruzar una puerta es fácil; vivir de acuerdo con lo que esa puerta representa es el verdadero desafío.

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