Cuando en diciembre de 2024 se abrió la Puerta Santa que dio inicio al Jubileo 2025, millones de personas vieron un gesto solemne, cargado de simbolismo espiritual. Lo que no se veía —pero era igual de real— eran años de planeación, coordinación internacional, inversión pública, discernimiento pastoral y trabajo silencioso que hicieron posible ese momento.
A diferencia de otros grandes eventos religiosos, el Jubileo no es solo una celebración litúrgica. Es un acontecimiento global que impacta ciudades, sistemas de transporte, seguridad, economía, voluntariado y comunicación digital. En el caso del Jubileo 2025, la complejidad fue mayor: coincidió con un mundo postpandemia, tensiones geopolíticas, crisis migratorias y, de manera inesperada, con la muerte del papa Francisco en pleno Año Santo, lo que añadió una dimensión histórica inédita.
Esta segunda entrega aborda cómo se preparó el Jubileo 2025, desde la fase espiritual hasta la logística urbana de Roma, pasando por los mecanismos de coordinación eclesial y civil, así como las curiosidades logísticas que muestran cómo una tradición milenaria dialoga hoy con la tecnología, el voluntariado juvenil y la gestión moderna de multitudes.
La preparación espiritual: un Jubileo que comenzó antes de abrir la Puerta Santa
En la lógica católica, ningún jubileo empieza el día de su inauguración. El Jubileo 2025 fue precedido por años de preparación espiritual, siguiendo una tradición consolidada desde el Jubileo del 2000.
El papa Francisco convocó oficialmente el Jubileo mediante la bula Spes non confundit (“La esperanza no defrauda”), donde subrayó que el eje del Año Santo sería la esperanza, en un mundo marcado por el cansancio social y la fragmentación. Desde 2022, la Santa Sede promovió:
- Años temáticos de oración en parroquias y diócesis
- Catequesis específicas sobre el sentido del jubileo
- Jornadas de formación para agentes pastorales
- Preparación espiritual diferenciada para jóvenes, familias, migrantes y personas privadas de la libertad
En palabras del propio Francisco: “El Jubileo no es una pausa decorativa en la historia, sino un tiempo para reconstruir la confianza entre las personas y las instituciones”.
Esta dimensión espiritual fue clave para evitar que el Jubileo se redujera a un evento turístico o mediático.
La arquitectura institucional: comisiones, dicasterios y coordinación global
Desde el punto de vista organizativo, el Jubileo 2025 fue confiado al entonces Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, convertido posteriormente en el Dicasterio para la Evangelización, que asumió la coordinación general. Se crearon comisiones específicas para:
- Liturgia y celebraciones jubilares
- Peregrinaciones y Puertas Santas
- Comunicación y medios digitales
- Atención a grupos vulnerables (pobres, migrantes, enfermos, presos)
- Relación con gobiernos y autoridades civiles
A diferencia de jubileos anteriores, el de 2025 se planteó explícitamente como un jubileo descentralizado, es decir, no limitado a Roma. Cada conferencia episcopal recibió lineamientos para celebrar jubileos locales, respetando contextos culturales y realidades sociales.
Esto permitió que el jubileo se viviera en clave universal, desde África hasta América Latina, sin perder la centralidad simbólica de Roma.
Roma: una ciudad que se preparó para millones
Según estimaciones oficiales del Vaticano y del Ayuntamiento de Roma, el Jubileo 2025 preveía la llegada de entre 30 y 35 millones de peregrinos a lo largo del año, superando las cifras del Jubileo 2000.
Para ello, la ciudad emprendió una de las mayores renovaciones urbanas de las últimas décadas, con apoyo del gobierno italiano y fondos europeos. Entre las principales obras destacan:
- Modernización del transporte público (metro, trenes regionales)
- Reordenamiento de zonas peatonales cercanas al Vaticano
- Restauración de fuentes, plazas y basílicas históricas
- Mejora de accesibilidad para personas con discapacidad
La Comune di Roma reconoció públicamente que el Jubileo fue un catalizador para obras que llevaban años postergadas.
Un comerciante del barrio de Trastevere lo resumió así en entrevista con prensa italiana: “Roma siempre está en obras, pero el Jubileo obligó a que por fin se terminaran”.
Seguridad, movilidad y legalidad: el reto invisible
Uno de los mayores desafíos fue la seguridad, en un contexto internacional marcado por atentados, conflictos armados y flujos migratorios irregulares. El Estado italiano desplegó:
- Miles de elementos de seguridad
- Sistemas de videovigilancia ampliados
- Protocolos de protección civil
- Coordinación con agencias europeas
Todo ello se realizó bajo un marco legal estricto, respetando derechos humanos y libertad religiosa, un punto subrayado tanto por autoridades italianas como vaticanas.
Este enfoque fue coherente con la Doctrina Social de la Iglesia, que insiste en que la seguridad nunca debe sacrificar la dignidad de las personas.
Uno de los elementos más significativos —y menos visibilizados— del Jubileo 2025 fue el voluntariado. Más de 20 mil voluntarios, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 30 años, participaron en tareas de orientación, apoyo lingüístico, asistencia a peregrinos y primeros auxilios.
Muchos de ellos llegaron de otros países, costeando su propio viaje. Lucía, voluntaria mexicana de 22 años, compartió su experiencia con medios católicos: “No vine a Roma a tomar fotos. Vine a servir. Y eso me cambió la forma de vivir mi fe”.
El voluntariado fue también una escuela de ciudadanía, donde jóvenes convivieron con personas de distintas culturas, religiones y contextos sociales.
Tecnología y fe: aplicaciones, datos y comunicación digital
El Jubileo 2025 fue el más digitalizado de la historia. La Santa Sede lanzó una aplicación oficial que permitía:
- Registrarse como peregrino
- Consultar eventos y celebraciones
- Ubicar Puertas Santas y rutas
- Recibir avisos de seguridad y movilidad
Además, se habilitaron plataformas multilingües y transmisiones en streaming para quienes no podían viajar.
Esta digitalización respondió a una realidad clara: los jóvenes ya no se informan igual. Lejos de trivializar el jubileo, la tecnología permitió ampliar su alcance y hacerlo más inclusivo.
Al cierre del año jubilar, cifras preliminares indicaban:
- Millones de peregrinos registrados digitalmente
- Celebraciones jubilares en más de 100 países
- Miles de iniciativas sociales vinculadas al Año Santo
Aunque los números no definen la profundidad espiritual, sí muestran que el jubileo sigue siendo un fenómeno vivo, capaz de movilizar personas, recursos y voluntades.
El Jubileo 2025 demostró que la esperanza no es improvisación. Se planea, se cuida y se organiza. Detrás de cada rito hubo horas de trabajo, decisiones políticas, inversiones públicas y compromisos personales.
Lejos de ser un evento anacrónico, el jubileo mostró que la Iglesia puede dialogar con la modernidad sin perder su esencia: poner a la persona en el centro.
Y quizá esa sea una de las lecciones más valiosas para México y el mundo: las grandes transformaciones requieren tanto espíritu como estructura.
En la próxima entrega analizaremos las celebraciones jubilares temáticas y cómo el Jubileo 2025 puso en el centro a pobres, jóvenes, migrantes y trabajadores.
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