En el umbral de 2026, el escenario internacional se presenta más fragmentado, violento e impredecible que en décadas recientes. Las guerras que marcaron el año previo —como la invasión rusa de Ucrania y el conflicto entre Israel e Irán— no solo no han terminado, sino que se han extendido y entrelazado con nuevos focos de tensión alrededor del planeta. Este informe periodístico profundiza en las causas, efectos y desafíos de la inestabilidad mundial actual, con especial atención a cómo las decisiones de grandes potencias influyen en las vidas de millones de personas, movilizan recursos y condicionan el futuro de la seguridad internacional. El análisis está construido a partir de datos verificados, informes de crisis, fuentes académicas y testimonios que ilustran el rostro humano de estos conflictos.
El conflicto en Ucrania y la política exterior estadounidense
La guerra entre Rusia y Ucrania sigue siendo uno de los ejes centrales de la violencia global. Desde 2022, este conflicto ha destruido infraestructura, desplazado poblaciones y redefinido la seguridad europea. Los esfuerzos diplomáticos han fracasado repetidamente en lograr una paz sostenible, y las ofensivas, incluidas las campañas intensificadas en 2025, han prolongado el sufrimiento civil y militar.
Con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la política exterior norteamericana ha experimentado cambios fundamentales. El reciente documento de estrategia de seguridad nacional refleja una visión centrada en la “America First” y propone redistribuir la presencia militar global para priorizar cuestiones hemisféricas y la lucha contra el narcotráfico, a la vez que reconfigura alianzas con Europa y Asia.
Este enfoque estratégico —que algunos expertos consideran una ruptura con décadas de política estadounidense tradicional— genera incertidumbre sobre la sostenibilidad del apoyo occidental a Ucrania y otros aliados. El giro hacia un intervencionismo selectivo en ciertas regiones, combinado con el retiro o reducción de compromisos en otras, está creando un efecto de desequilibrio en los mecanismos de seguridad colectiva que gobernaban el sistema internacional post–Guerra Fría.
Oriente Medio: el epicentro de una violencia interconectada
Oriente Medio emerge como uno de los escenarios más complejos y sangrientos del globo. La guerra directa entre Israel e Irán en 2025 —que incluyó ataques preventivos, bombardeos y contraataques masivos entre ambos estados— ha fragmentado aún más la estabilidad regional.
Para millones de civiles, el conflicto ha significado pérdida de hogares, desplazamientos forzados y una crisis humanitaria de dimensiones crecientes. En Gaza, por ejemplo, los enfrentamientos han destruido infraestructura básica, generado miles de víctimas civiles y multiplicado la necesidad de ayuda internacional, que a menudo llega de forma insuficiente. Instituciones de derechos humanos y agencias de la ONU han documentado hasta ahora que las condiciones en los territorios más afectados representan algunas de las peores catástrofes humanitarias de las últimas décadas.
Además, el prolongado conflicto ha facilitado el surgimiento de grupos armados y milicias que operan con agendas locales, diluyendo la responsabilidad directa de los estados, pero perpetuando un ciclo de violencia sin fin. La estabilidad política de países vecinos —como Líbano, Irak y Siria— siguen bajo presión, con gobiernos débiles o fracturados frente a actores estatales y no estatales que compiten por poder y territorio.
África: Sudán, el Sahel y la expansión del conflicto
En África, la violencia no se limita a un solo país. En Sudán, tras años de enfrentamientos internos, las luchas entre facciones armadas han dejado un saldo de miles de muertos y millones de desplazados, alimentando una crisis regional de refugiados y escasez de alimentos. Según organizaciones de ayuda humanitaria, la situación en la región se ha deteriorado de manera constante, con combates que interfieren en la entrega de asistencia y exacerbando el sufrimiento de comunidades enteras.
Mientras tanto, en el Sahel —que comprende países como Malí, Níger y Burkina Faso— el extremismo armado ha encontrado terreno fértil para expandirse. Grupos afiliados a organizaciones internacionales terroristas amplían su presencia y operan con relativa impunidad, aprovechando la falta de presencia del estado y la debilidad de las fuerzas de seguridad locales. Este fenómeno está generando una “zona de inestabilidad continua” que no solo afecta a las naciones africanas, sino que también plantea riesgos de seguridad para Europa y el Medio Oriente, dada la migración forzada y las redes delictivas transnacionales.
Asia Oriental y la tensión China–Taiwán
Aunque el conflicto en Asia Oriental no ha escalado a una guerra abierta en 2026, la tensión entre China y Taiwán continúa siendo un foco sensible para la seguridad internacional. Analistas advierten que cualquier mal cálculo en la región del estrecho de Taiwán podría desencadenar una crisis de proporciones globales, especialmente si intervienen Estados Unidos y sus aliados en cumplimiento de compromisos de defensa.
Esta tensión se suma a un contexto más amplio de competencia estratégica entre Estados Unidos y China, que abarca desde disputas comerciales hasta alianzas regionales en Asia-Pacífico. El resultado es una competencia multipolar que desafía la arquitectura tradicional de la seguridad global y pone en riesgo el equilibrio de fuerzas tal como se conocía en la posguerra fría.
Multipolaridad en acción: alianzas y contrapoderes
En medio de estas crisis, otras potencias globales buscan afirmar su papel. Recientemente, China, Rusia e Irán llevaron a cabo ejercicios navales conjuntos frente a Sudáfrica, enviando una señal de alineamiento estratégico más allá de los bloques tradicionales.
Este tipo de movimientos, si bien en algunos casos se presentan como ejercicios de cooperación militar o entrenamiento, indican una reconfiguración de alianzas que desafía la hegemonía occidental y apunta hacia un mundo más multipolar, con redes de poder que no responden exclusivamente a intereses de países europeos o estadounidenses.
El rostro humano de los conflictos globales
Para entender el impacto real de estas dinámicas sobre la vida de las personas, basta con escuchar testimonios de quienes habitan las zonas más afectadas.
“Cada noche escuchamos explosiones. Mis hijos no saben lo que es la escuela normal, solo saben esconderse y llorar. Hemos caminado más de cien kilómetros para escapar de los bombardeos,” cuenta Amina, una madre desplazada por la guerra en Sudán que ahora vive en un campamento improvisado a las afueras de Jartum.
Su testimonio refleja la brutalidad cotidiana que acompaña a los análisis geopolíticos: más allá de las cifras y las estrategias, hay vidas humanas destrozadas por decisiones de poder cuya complejidad muchas veces supera los límites de la comprensión pública.
Al iniciar 2026, la comunidad internacional enfrenta un mundo donde múltiples conflictos, desde Europa hasta África y Oriente Medio, están activos y, en muchos casos, en expansión. La intervención directa o indirecta de grandes potencias —especialmente Estados Unidos, Rusia, China e Irán— está alterando los equilibrios tradicionales y presionando a instituciones multilaterales que ya mostraban signos de desgaste.
La visión humanista que aboga por la dignidad humana, la paz y la justicia, se convierte en un marco valioso para reflexionar sobre la necesidad de priorizar el diálogo, la resolución pacífica de conflictos y la protección de los más vulnerables. Asimismo, la legalidad internacional y el respeto a los derechos humanos deben ser pilares inquebrantables frente a la lógica de la fuerza.
En última instancia, el camino hacia un mundo más estable exige una reconfiguración sustancial de prioridades globales: desde el control de armamentos y la diplomacia preventiva hasta la cooperación en desarrollo y el fortalecimiento de mecanismos de protección internacional. Aunque las tensiones actuales parecen indicar una era de conflicto prolongado, existen oportunidades concretas para construir puentes que reduzcan la violencia y promuevan un orden más justo y humano.
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