Este 12 de enero de 2026, el calendario literario nos invita a recordar a Mariano Azuela, el médico y escritor que, con una pluma cargada de realismo y desengaño, dio vida a “Los de abajo”. Publicada originalmente en entregas en 1915, esta obra no es solo el pilar de la Novela de la Revolución Mexicana; es un diagnóstico clínico de las heridas de una nación. Al releerla hoy, en pleno segundo cuarto del siglo XXI, surge una pregunta inevitable y punzante: ¿Qué tanto ha cambiado realmente el paisaje social que describe Demetrio Macías?
Para las generaciones Millennials y Centennials, la Revolución Mexicana a menudo se percibe como un conjunto de nombres en libros de texto o estatuas de bronce. Sin embargo, la esencia de “Los de abajo” —esa sensación de ser arrastrado por una inercia de violencia y desigualdad sin un propósito claro— resuena con una vigencia aterradora en el México de 2026.
La bola: De la pólvora a la incertidumbre social
En la novela, la “bola” es el término que los personajes utilizan para describir el movimiento revolucionario que los absorbe. Es una fuerza caótica, sin ideología definida para el soldado raso, que simplemente arrasa con lo que encuentra a su paso. “¿Por qué pelean?”, se pregunta el intelectual Luis Cervantes. La respuesta de los combatientes suele ser el silencio o el instinto de supervivencia.
En 2026, la “bola” ha mutado. Ya no se manifiesta en caballos y fusiles 30-30, sino en la inercia de una economía que excluye a millones y en una polarización política que parece mover a la sociedad sin un destino común de Bien Común. Según datos del CONEVAL (2025), aunque se han reportado reducciones nominales en la pobreza, la brecha de desigualdad entre el decil más rico y el más pobre de México sigue siendo una de las más profundas de la OCDE. El campesino despojado de Azuela hoy tiene su eco en el joven de la periferia urbana que, a pesar de tener un título académico, no encuentra un empleo que dignifique su esfuerzo.
Desigualdad y Justicia: Las deudas del siglo
El núcleo de la obra de Azuela es la traición a los ideales. La Revolución que prometía “Tierra y Libertad” terminó, en muchos casos, sustituyendo a unos caciques por otros. Esta cíclica traición a la esperanza es lo que genera el escepticismo crónico del mexicano.
Desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), se nos recuerda que “la injusticia social es un pecado que clama al cielo”. La justicia no es simplemente la aplicación de la ley seca, sino la creación de condiciones donde cada persona pueda alcanzar su plenitud. En el México de 2026, el respeto a la legalidad sigue siendo un privilegio para pocos. El sistema de justicia, que en la novela es una herramienta de los poderosos, sigue presentando niveles de impunidad superiores al 90% en delitos graves, según el monitoreo de México Evalúa.
¿Cómo hablar de progreso cuando el derecho a la tierra, el derecho a la seguridad y el derecho a la verdad siguen siendo aspiraciones para “los de abajo”? La lucha de Demetrio Macías no era por una abstracción política; era por el respeto a su hogar y a su dignidad. Esa misma lucha es la que hoy sostienen las madres buscadoras, los defensores del medio ambiente en comunidades indígenas y los trabajadores informales que sostienen la economía del país sin red de protección alguna.
El intelectual vs. El pueblo: Una brecha persistente
Un punto clave de la novela es la figura de Luis Cervantes, el periodista “curro” que se une a la tropa de Macías. Azuela utiliza este personaje para criticar la desconexión entre la intelectualidad y las necesidades reales del pueblo. Cervantes utiliza el lenguaje de la justicia para obtener beneficios personales, mientras que Macías pone el cuerpo y el sacrificio.
Esta desconexión sigue vigente en el debate público de 2026. A menudo, las élites políticas y académicas discuten en redes sociales sobre conceptos teóricos, mientras que el México profundo enfrenta la carestía de la canasta básica y el acoso del crimen organizado. Resaltar los valores de los mexicanos implica, como hizo Azuela, mirar a los ojos la realidad sin filtros románticos. El valor de la Solidaridad exige que el conocimiento esté al servicio de la base social, no de la autocomplacencia del orador.
“Mi abuelo decía que se fue a la Revolución porque no había de otra, o te ibas o te llevaban”, cuenta Antonio, de 34 años, habitante de una zona rural en Guerrero. “Hoy pasa lo mismo con los chavos aquí. No hay trabajo, la siembra no deja, y entonces ‘la bola’ de ahora es el crimen o irse al norte. Pareciera que el libro de Azuela se escribió ayer, porque seguimos atrapados entre la piedra y la pared”.
Este testimonio ciudadano refleja que el conflicto agrario y social de 1910 ha evolucionado hacia una crisis de seguridad y falta de horizontes. El sentimiento de desprotección estatal que describe “Los de abajo” sigue siendo el motor de la migración y el descontento.
Propuestas: Reconciliar a México con su historia
Para que “Los de abajo” deje de ser una profecía vigente y se convierta finalmente en un documento histórico, es necesario:
* Justicia Distributiva Real: No bastan los programas asistencialistas que mantienen la dependencia. Se requieren políticas de fomento a la pequeña propiedad y a la empresa familiar, siguiendo el principio de Subsidiaridad.
* Educación con Sentido Humano: Romper la brecha entre el “intelectual” y el “pueblo” mediante una educación que valore el trabajo manual, técnico y agrícola tanto como el administrativo.
* Estado de Derecho Universal: Que la ley sea el refugio del débil y no el martillo del fuerte. Sin legalidad, la revolución solo cambia de nombre, pero la opresión permanece.
La piedra que sigue rodando
En el famoso pasaje final de la novela, Demetrio Macías lanza una piedra al abismo y explica que, una vez que la piedra empieza a rodar, ya no se puede detener. Esa es la tragedia de los movimientos sociales sin ética: se vuelven fines en sí mismos, devorando a sus propios hijos.
Desde Yo Influyo, recomendamos la relectura de “Los de abajo” no como un ejercicio de nostalgia, sino como una herramienta de autocrítica nacional. Este libro es un espejo que nos muestra que el Bien Común no se construye con el rencor de clases, sino con la justicia auténtica y la verdad.
México tiene los valores —el coraje, la fe y la familia— para detener la piedra y empezar a construir sobre roca firme. Pero eso solo sucederá cuando dejemos de ver a “los de abajo” como una estadística o una clientela electoral, y empecemos a ver en ellos la dignidad sagrada del hermano.
La Revolución no ha terminado mientras la dignidad de un solo mexicano sea pisoteada. ¡Es momento de influir para cambiar la historia!
Fuentes y Referencias:
* Azuela, Mariano. “Los de abajo”. Ediciones críticas de la UNAM.
* CONEVAL. Informe de Evaluación de la Pobreza y Desigualdad en México 2025.
* México Evalúa. Hallazgos sobre la impunidad en el sistema de justicia penal.
* Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. El derecho al trabajo y la justicia social.
* Colegio de México (COLMEX). Estudios sobre la vigencia de la Novela de la Revolución en el siglo XXI.
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