En los centros financieros y distritos tecnológicos de México se habla de la madurez de la Inteligencia Artificial y la red 6G, a pocos kilómetros de distancia, en miles de aulas de escuelas públicas, el tiempo parece haberse detenido hace dos décadas. El regreso a clases de este año pone de manifiesto una realidad lacerante: la brecha digital en México no es solo una disparidad técnica; es una barrera ética que está fragmentando el destino de las nuevas generaciones.
Para los Millennials que hoy son padres y los Centennials que están terminando su formación docente, la tecnología ya no es un accesorio, sino el lenguaje mismo del conocimiento. Sin embargo, cuando el acceso a esta herramienta depende del código postal o del ingreso familiar, la educación deja de ser un igualador social para convertirse en un mecanismo de exclusión. En 2026, la conectividad debe dejar de ser vista como una mercancía para ser entendida como un derecho humano habilitador.
El diagnóstico: Un México desconectado a medias
A pesar de los programas gubernamentales de la última década, las cifras al inicio de 2026 presentan un panorama de claroscuros. Según datos del INEGI (Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, ENDUTIH) y reportes de la SEP, si bien la penetración de teléfonos inteligentes es alta, la infraestructura en los planteles educativos sigue siendo el “talón de Aquiles”.
En el ámbito rural y en las periferias urbanas de estados como Oaxaca, Chiapas y Guerrero, solo el 35% de las escuelas primarias públicas cuentan con una conexión a internet estable y suficiente para propósitos pedagógicos. En contraste, en las zonas metropolitanas de Nuevo León o la Ciudad de México, esa cifra supera el 85%. Esta “geografía de la desconexión” condena a millones de niños a un rezago educativo que será casi imposible de recuperar en el mercado laboral del futuro.
La Tecnología como derecho, no como privilegio
Desde la perspectiva humanista. el desarrollo debe ser integral y para todos. El principio del Destino Universal de los Bienes nos recuerda que los frutos del ingenio humano —incluyendo la tecnología— deben beneficiar a la humanidad en su conjunto. Privar a un niño de las herramientas digitales en 2026 es privarlo de su capacidad de participar plenamente en la vida social, económica y política de su país.
La brecha digital es una afrenta a la Dignidad de la Persona. Un niño en una escuela rural mexicana posee el mismo potencial intelectual que uno en una escuela privada de élite; la diferencia radica en las oportunidades para desarrollar ese potencial. Cuando el Estado falla en proveer infraestructura básica, está incumpliendo su obligación primordial de garantizar el Bien Común. El respeto a la legalidad constitucional, que consagra el derecho a la educación de calidad, exige que el acceso digital sea una realidad, no una promesa de campaña.
El impacto en el aprendizaje: Más allá de la pantalla
La falta de infraestructura tecnológica no solo significa que “no hay Google”. Significa que los docentes no pueden utilizar recursos multimedia, que los estudiantes no desarrollan habilidades de alfabetización informacional y que la gestión administrativa de las escuelas se vuelve lenta y opaca.
Expertos en pedagogía digital de la UNAM advierten que el rezago educativo se ha vuelto “exponencial”. “En 2026, un alumno que sabe usar herramientas de colaboración en la nube y pensamiento computacional lleva años luz de ventaja sobre quien solo usa papel y lápiz”, comenta la Dra. Beatriz Salgado. “No estamos enseñando solo a usar máquinas, estamos enseñando a pensar en el siglo XXI”.
En una comunidad a las afueras de Puebla, “Juan”, un estudiante de sexto de primaria, comparte su frustración: “En mi casa mi mamá tiene un celular, pero en la escuela las computadoras están encerradas porque no sirven o no tienen internet. Mi maestro nos explica cómo es el espacio o la ciencia con dibujos, pero yo quisiera verlo en video o buscar cosas yo mismo. Siento que cuando llegue a la prepa, los otros van a saber más que yo”. Este testimonio ciudadano refleja el sentimiento de millones. Los jóvenes mexicanos poseen un hambre natural de conocimiento y una resiliencia envidiable, pero la falta de herramientas convierte su camino en una carrera de obstáculos innecesaria.
El papel del sector privado: Solidaridad y Subsidiaridad
El Estado, por sí solo, ha demostrado ser incapaz de cubrir la brecha digital con la velocidad que la era actual exige. Aquí es donde los principios de Solidaridad y Subsidiaridad cobran relevancia. No se trata de que las empresas regalen equipos por “imagen pública”, sino de que se asuman como actores responsables del ecosistema nacional.
La Colaboración Público-Privada (CPP) es la única vía factible para electrificar y conectar a México en 2026. Proponemos tres ejes de acción:
* Incentivos por Conectividad: Esquemas donde las empresas de telecomunicaciones reciban beneficios fiscales a cambio de garantizar internet de banda ancha gratuito en zonas escolares rurales.
* Adopta una Escuela: Programas de las cámaras empresariales (como CCE o COPARMEX) donde las empresas se comprometan no solo a donar hardware, sino a dar mantenimiento y capacitación docente por periodos de cinco años.
* Economía Circular Tecnológica: Crear centros de reacondicionamiento donde los equipos que las empresas renuevan cada dos años sean actualizados y entregados a escuelas públicas bajo estándares de calidad verificables.
Un solo México bajo la misma red
Al cerrar este análisis, la conclusión es contundente: la brecha digital es el muro que debemos derribar si queremos un México en paz y con justicia social. Una sociedad dividida entre “conectados” y “olvidados” es una sociedad que siempre estará en riesgo de conflicto y manipulación.
Equipar nuestras escuelas públicas es una inversión en la estabilidad nacional y en el Bien Común. Cuando cada aula de México sea una ventana al mundo, estaremos reconociendo la grandeza de nuestros niños y la capacidad de nuestro país para competir de tú a tú en la escena global. El talento mexicano no tiene límites, pero sus herramientas sí. Es momento de que la tecnología deje de ser un muro para convertirse en el puente que nos una a todos.
Porque influir en el futuro significa asegurar que ningún niño mexicano se quede fuera de la red. ¡Conectemos a México desde la base!
Fuentes y Referencias:
* INEGI. Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024-2025.
* SEP. Informe de Infraestructura Educativa y Conectividad en Educación Básica.
* Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. El desarrollo integral del hombre y la técnica.
* Banco Mundial. Reporte sobre Desarrollo Digital y Educación en América Latina 2025.
* Pacto Mundial de las Naciones Unidas (Red México). Casos de éxito en colaboración público-privada para la educación.
Facebook: Yo Influyo
comentarios@yoinfluyo.com





