La mañana del 2 de enero de 2026, la actividad tectónica en la denominada Brecha de Guerrero recordó a la población la vulnerabilidad geográfica de la región. Un sismo de magnitud 6.5 con epicentro en San Marcos activó los protocolos de emergencia en el centro y sur del país, dejando un saldo de dos víctimas mortales y daños estructurales en 24 municipios guerrerenses.
Este evento ocurre en una zona bajo estricta vigilancia científica debido a la acumulación de energía que, por más de un siglo, no ha sido liberada en su totalidad, planteando nuevas interrogantes sobre la preparación de la infraestructura civil ante la amenaza sísmica.
Detalles del evento telúrico y su origen técnico
El Servicio Sismológico Nacional (SSN) registró un sismo de magnitud 6.5 el pasado 2 de enero de 2026, con epicentro localizado a 15 kilómetros de la localidad de San Marcos, Guerrero. El movimiento inició a las 07:58 horas en las coordenadas 16.77 latitud N, 99.41 longitud W, a una profundidad de 14 kilómetros.
Este fenómeno se debe a la interacción tectónica entre la Placa de Cocos y la Placa de Norteamérica, un proceso de subducción donde la primera se introduce bajo la segunda frente a las costas del Pacífico. De acuerdo con el SSN, el estado de Guerrero concentra aproximadamente el 25% de la sismicidad anual del país debido a esta ubicación geográfica estratégica sobre el contacto directo de ambas placas.
Impacto en la población y saldo de daños
A pesar de los reportes iniciales, las autoridades confirmaron el fallecimiento de dos personas: una mujer de aproximadamente 50 años en San Marcos tras el colapso de su vivienda, y una víctima adicional en la Ciudad de México. Por su parte, la jefa de Gobierno de la capital, Clara Brugada, informó sobre un saldo de 12 personas lesionadas.
En cuanto a la infraestructura en Guerrero, la gobernadora Evelyn Salgado reportó afectaciones en 700 inmuebles, de los cuales 70 sufrieron colapsos totales. El municipio de San Marcos resultó ser el más afectado, con 50 viviendas derrumbadas y daños estructurales en gran parte de las construcciones locales. En Acapulco, se registraron daños menores en el edificio terminal y la torre de control del Aeropuerto Internacional, aunque las operaciones aéreas no se vieron interrumpidas.
Situación de riesgo en la Costa Chica de Guerrero
El epicentro del sismo se sitúa en una región históricamente activa: la zona de San Marcos fue el origen del “Sismo del Ángel” en 1957. Los especialistas destacan que la región se encuentra dentro de la denominada Brecha Sísmica de Guerrero, un segmento de 230 kilómetros entre Papanoa y Acapulco que no ha liberado energía de manera significativa a través de un terremoto mayor desde principios del siglo XX (1907 y 1908).
Si bien se han documentado “sismos lentos” o silenciosos en la región — desplazamientos graduales medidos por GPS que no generan sacudidas — estos no anulan la posibilidad de un evento de gran magnitud, por lo que la zona permanece bajo vigilancia sismotectónica permanente tras los 120 años de acumulación de esfuerzos tectónicos en la Costa Chica.
Operativos de emergencia y despliegue institucional
Tras la activación de la Alerta Sísmica, el Gobierno Federal y estatal activaron el Plan DN-III-E y el Plan Marina para labores de auxilio. En la Ciudad de México, la Secretaría de Seguridad Ciudadana realizó sobrevuelos con cinco helicópteros del Agrupamiento Cóndores, mientras que 5,000 funcionarios se movilizaron bajo los protocolos de gestión de riesgos para la revisión estructural de inmuebles.
En los municipios afectados, las cuadrillas de emergencia atendieron:
- Fugas de gas: 19 reportes en Acapulco y 3 en Chilpancingo.
- Infraestructura vial: Retiro de escombros en las avenidas Escénica y Calzada a Pie de la Cuesta por 18 derrumbes de tierra y rocas.
- Servicios básicos: La Comisión Federal de Electricidad (CFE) desplegó a 354 trabajadores y 138 vehículos para restablecer el suministro eléctrico.
Censo de municipios con afectaciones
La Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) actualizó el censo a 24 municipios con daños de diverso nivel. Entre las localidades confirmadas se encuentran Tecoanapa, Ayutla de los Libres, Chilpancingo de los Bravo, Coyuca de Benítez, Tlapa de Comonfort y Huamuxtitlán.
En el municipio de Chilapa de Álvarez se reportó un hospital con daños, mientras que en Coyuca de Benítez y Huamuxtitlán se contabilizaron viviendas afectadas de manera específica. A pesar de los daños en bardas, postes y árboles caídos, las autoridades informaron que las carreteras y centrales de autobuses operan con normalidad tras las inspecciones de seguridad correspondientes.
El impacto social de la incertidumbre
Más allá de las cifras de daños estructurales, el sismo del 2 de enero pone de relieve la vulnerabilidad psicosocial de las comunidades en la Costa Chica de Guerrero. La pérdida de vidas humanas y el colapso de viviendas en municipios como San Marcos no solo representan una crisis material, sino una fractura en el tejido cotidiano de poblaciones que conviven con la memoria histórica de grandes desastres.
El fenómeno de la “Brecha de Guerrero” se traduce, en términos humanos, en una cultura de la resiliencia obligada, donde el habitante debe procesar el trauma del movimiento mientras gestiona la precariedad de su patrimonio. La respuesta institucional, aunque técnica, enfrenta el reto de atender la salud emocional y la seguridad percibida de ciudadanos que, tras 120 años de relativa calma en la liberación de energía mayor, redescubren la fragilidad de su entorno habitacional.
Prevención y actualización ante la energía acumulada
La recurrencia de eventos en la región de subducción plantea desafíos críticos para la planificación urbana y la protección civil en los próximos años. El principal reto técnico radica en la actualización de los reglamentos de construcción en los 24 municipios afectados, garantizando que la reconstrucción de las 700 viviendas dañadas no replique las vulnerabilidades que causaron su colapso.
Asimismo, la persistencia de la Brecha Sísmica de Guerrero exige un fortalecimiento de la red de monitoreo GPS y acelerográfico, permitiendo a la ciencia ciudadana comprender mejor la relación entre los sismos lentos y los eventos repentinos. A nivel gubernamental, el desafío pendiente es la transición de una gestión reactiva — centrada en el Plan DN-III-E y la limpieza de escombros — hacia una cultura de prevención integral que contemple simulacros con escenarios de magnitudes superiores a 7.5, considerando la energía tectónica aún acumulada en la zona.
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