Abuelos merecen mayor atención y protección

Cada arruga cuenta una historia, cada mirada guarda el peso de décadas de luchas, amores y aprendizajes. El 28 de agosto México se detiene un instante para honrar a quienes han construido los cimientos de hogares y comunidades: los abuelos. Es un día que no sólo se celebra la experiencia y la memoria, sino que nos recuerda que la gratitud hacia ellos no puede ser efímera ni reducirse a una fecha en el calendario.

A México no le quedan tantos abuelos como antes; su población mayor de 60 años alcanza ya cerca del 14.7 por ciento, un número en ascenso que bordea los 17 millones de personas adultas mayores. No es una cifra fría es la voz erguida de la memoria del país, de su esfuerzo y de su mañana. Son abuelos que de pronto sienten el pulso más frágil del acceso a servicios médicos, las sombras de la soledad o la presión de gastos que desgastan su dignidad.

Muchas de nuestras personas mayores enfrentan enfermedades crónicas que las socavan día con día. Enfermedades del corazón, diabetes y tumores malignos se alzan como los principales verdugos de una generación que necesita, más que tratamiento, cuidado integral, acceso equitativo y prevención eficaz. Lo material no basta si el sistema de salud no los abraza con justicia y eficacia.

Ante esa realidad, México ha avanzado con leyes como la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores y programas como la pensión del Bienestar o la credencial del INAPAM que ayudan, pero aún son insuficientes si no llegan igual a zonas urbanas y rurales, si las denuncias por maltrato no se atienden, y si el acceso a medicamentos esenciales sigue siendo un laberinto para muchos.

Emma Godoy, connotada escritora, filósofa, educadora y locutora guanajuatense, fue una férrea buscadora de la dignificación de la vejez en México, una y otra vez defendió el papel trascendental que tienen en la sociedad como faro y guía de nuevas generaciones.

En 1973 se dio a la tarea de fundar la Asociación Dignificación de la Vejez, bajo el lema: La ancianidad debe ser maestra, consejera y guía. Fue su voz insistente, canalizada en programas de radio y en la fundación del INAPAM, la que prendió el fuego del reconocimiento nacional. Como ella misma dijo, “en el místico atardecer de la vida… se descubre a Dios”, evocando que al envejecer, cuando el mundo se apaga a otros, para algunos esa luz interior brilla con mayor intensidad.

La semilla que sembró Emma Godoy florece cada 28 de agosto. Este Día del Abuelo es una oportunidad de reconocer la gran importancia que tienen para sus familias y la sociedad entera y para lo cual deben darse pasos más firmes para tratarlos con dignidad, para ello es necesario que tengan mejores pensiones, salud pública fortalecida, espacios contra el aislamiento, y un nuevo pacto cultural donde la vejez no sea un peso, sino un tesoro.

No hay que olvidar que para los mexicas sus ancianos eran una parte fundamental, pues ellos precisamente eran pilares de memoria histórica, guía espiritual, intérpretes del linaje comunitario. En ese entramado social, la vejez era reverencia, un bien intangible que tejía identidad. Hoy, en la prisa urbana, el abandono y el egoísmo aísla a muchos de esos sabios que es importante revalorar.

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