Las declaraciones del expresidente Donald Trump y la respuesta del gobierno mexicano abren un debate sobre cooperación, uso de la fuerza y los límites de la soberanía en una relación bilateral marcada por la desconfianza.
Un choque frontal por la soberanía
La discusión se reavivó cuando el expresidente estadounidense Donald Trump retomó, durante un mitin en Iowa en enero de 2026, su propuesta de utilizar a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para “neutralizar” a los cárteles mexicanos, incluso sin autorización del gobierno mexicano. “Si México no puede controlar a los cárteles, lo haremos nosotros. Punto”, declaró ante miles de simpatizantes. Sus palabras, amplificadas por medios como The New York Times y CNN, reactivaron un debate que parecía dormido desde 2023: ¿puede Estados Unidos intervenir militarmente en México?
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió con firmeza durante su conferencia matutina: “México no acepta, bajo ninguna circunstancia, ningún tipo de intervención extranjera. La seguridad se construye con cooperación, no con imposiciones ni amenazas.”
La canciller Alicia Bárcena agregó que México ha reforzado sus mecanismos de colaboración bilateral, pero siempre “en estricto respeto al marco jurídico y a la soberanía nacional”.
El enfrentamiento discursivo volvió a poner sobre la mesa un dilema histórico: ¿cómo conciliar la cooperación en seguridad con el respecto mutuo entre dos países profundamente interdependientes pero políticamente desconfiados?
Entre cooperación y fricciones crónicas
La seguridad bilateral México–Estados Unidos ha sido una montaña rusa durante las últimas dos décadas. Desde la Iniciativa Mérida en 2007 —que destinó más de 3,000 millones de dólares en equipo, inteligencia y capacitación— hasta el marco Entendimiento Bicentenario firmado en 2021, ambos países han intentado crear modelos de colaboración.
Sin embargo, las tensiones son recurrentes:
- Caso Cienfuegos (2020): la detención del exsecretario de la Defensa por la DEA sin aviso previo generó una crisis diplomática.
- Restricciones a la DEA en México (2021-2023): se limitaron operaciones tras denuncias de acciones unilaterales.
- Disputa sobre fentanilo: mientras EU acusa a México de no contener la producción y tráfico de precursores, México sostiene que el problema inicia en la demanda estadounidense.
- Presión migratoria: la frontera de 2024 y 2025 registró cifras récord de cruces irregulares, con más de 2.4 millones de detenciones por CBP, situación que tensó aún más el diálogo bilateral.
Aun así, la cooperación operativa continúa, especialmente en intercambio de inteligencia, control de armas, combate al lavado de dinero y vigilancia fronteriza. México insiste en que esta colaboración debe “ser horizontal y no subordinada”.
Qué puede hacer Trump y qué no
La retórica de Trump no es nueva, pero sí es políticamente significativa. Desde su campaña de 2024 planteó:
- Designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras (FTO).
- Autorizar operaciones militares “quirúrgicas” en territorio mexicano.
- Permitir a fuerzas especiales intervenir contra laboratorios de fentanilo.
Sin embargo, especialistas han advertido que cualquier acción militar en México sin consentimiento sería ilegal bajo:
- Derecho internacional, particularmente la Carta de la ONU.
- Tratado de Tlatelolco y acuerdos regionales de no intervención.
- Relación bilateral jurídica, que exige cooperación y respeto mutuo.
El profesor Adam Isacson, de WOLA, argumenta que “estos discursos son útiles en la campaña interna estadounidense, pero no tienen viabilidad jurídica real sin desatar una crisis diplomática de enormes proporciones”.
Incluso dentro de Estados Unidos, varios legisladores republicanos han señalado que una acción militar directa violaría la Constitución, pues requeriría aprobación del Congreso y enfrentaría múltiples litigios.
Soberanía como línea infranqueable
La presidenta Sheinbaum fue categórica: “México nunca permitirá operativos militares extranjeros en su suelo. Combatimos al crimen con nuestras propias instituciones.”
México reforzó su postura en tres líneas:
- Defensa jurídica internacional: la Secretaría de Relaciones Exteriores señaló que cualquier incursión sería “un acto de agresión”.
- Cooperación reforzada pero equilibrada: el gobierno mexicano afirmó que seguirá trabajando con agencias estadounidenses, pero bajo supervisión estricta y un marco legal claro.
- Responsabilidad compartida: insistió en que el tráfico de armas desde Estados Unidos alimenta la violencia en México, recordando que el 70% de las armas aseguradas proviene del norte, según la ATF.
Un diplomático mexicano en Washington, entrevistado bajo anonimato, comentó: “Estas declaraciones no sólo dañan la confianza, también ponen en riesgo a comunidades fronterizas que ya viven entre operativos y violencia. Necesitamos diálogo, no bravuconadas.”
Un país con heridas abiertas
México enfrenta problemas complejos y multicausales:
- En 2025 se registraron más de 28,000 homicidios dolosos, según el SESNSP.
- Estados como Guanajuato, Jalisco, Baja California y Guerrero concentran los niveles más altos de violencia.
- La expansión de grupos como el CJNG y el Cártel de Sinaloa se combina con economías ilícitas (huachicol, minería ilegal, tráfico de migrantes).
- La militarización de la seguridad pública, vigente desde 2006 y recientemente profundizada con la Guardia Nacional, continúa generando debate.
Sin embargo, reducir este panorama a la narrativa de “cárteles fuera de control” —como hace Trump— ignora las causas estructurales: desigualdad, corrupción, impunidad y la fragilidad institucional local.
Un testimonio recogido en Ciudad Obregón, Sonora, ilustra la complejidad: “Aquí vivimos entre retenes, balaceras y miedo. No queremos soldados de ningún país, queremos justicia y oportunidades”, afirma Elena Rivera, comerciante de 29 años.
Las personas al centro
La dignidad humana y el bien común están por encima de cualquier cálculo político. Los discursos beligerantes no sólo generan incertidumbre diplomática; tienen efectos directos en comunidades enteras:
- Migrantes que cruzan corredores dominados por traficantes y por operativos de ambos países.
- Poblaciones fronterizas, como Tijuana, Reynosa o Ciudad Juárez, donde familias viven entre el cruce comercial, la violencia y la militarización.
- Víctimas de desaparición, que se sienten abandonadas por las autoridades y temen que las tensiones políticas desvíen recursos y atención.
María del Consuelo, madre buscadora en Nuevo León, lo resume así: “Que Trump diga que va a entrar a México no nos ayuda en nada. Lo que necesitamos es que de ambos lados atiendan las desapariciones, no más armas ni amenazas.”
Ningún pueblo puede resolver sus heridas con violencia, sino con justicia, memoria y colaboración.
Tres escenarios son posibles:
1. Escenario de tensión controlada: Ambos gobiernos mantienen firme la defensa de sus posiciones, pero continúan la cooperación operativa. Es el escenario más probable.
2. Escenario de confrontación política: Si Trump regresa al poder o si el discurso beligerante domina la política estadounidense, podría haber sanciones, restricciones comerciales o presiones diplomáticas.
3. Escenario de cooperación renovada: Si se fortalecen mecanismos bilaterales como el Entendimiento Bicentenario, podría abrirse una etapa de colaboración más técnica, con foco en armas, lavado de dinero y precursores químicos.
Corresponsabilidad, no imposición
La seguridad regional requiere:
- Reducción del flujo de armas desde Estados Unidos.
- Mayor trazabilidad financiera en operaciones ilícitas.
- Cooperación tecnológica para vigilancia marítima y aérea.
- Respeto irrestricto a la soberanía mexicana.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha reiterado que la seguridad hemisférica “solo es sostenible cuando respeta la dignidad humana y la legalidad internacional”.
En otras palabras: la cooperación es indispensable, pero no a cualquier costo.
Una frontera que exige diálogo, no amenazas
El desafío es enorme, pero la lección histórica es clara: cada vez que México y Estados Unidos han intentado resolver la seguridad mediante la fuerza o la imposición, el conflicto se agrava.
Hoy, más que nunca, se requiere:
- Diálogo político serio.
- Corresponsabilidad pública.
- Respeto a la legalidad y la soberanía.
- Políticas que pongan a las personas, no a los discursos, en el centro.
México tiene derecho a su soberanía, pero también la responsabilidad de fortalecer sus instituciones y proteger a su gente. Estados Unidos tiene derecho a exigir seguridad, pero no a costa de vulnerar la dignidad de un país vecino.
La paz nunca será fruto de amenazas, sino de cooperación inteligente y humanamente responsable.
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