Díaz, en el exilio a 104 años de su muerte

Porfirio Díaz es uno de los personajes más polémicos y cuestionados de la historia de México prerrevolucionario.


Porfirio Díaz


Durante sus 30 años de presidencia de México, Porfirio Díaz construyó un país modernizado, con estabilidad política, desarrollo cultural y económico; pero a su vez, con una desigualdad muy marcada, donde 80% de la población vivía en circunstancias precarias.

Esta situación desató en la primera parte del siglo XX el conflicto armado que acabó con la reelección, la Revolucuión Mexicana, y el 31 de mayo de 1911 Porfirio Díaz salió exiliado, por el Puerto de Veracruz rumbo a Francia, donde vivió la última etapa de su vida.

No es un secreto que Díaz era un enamorado de la cultura francesa. Basta ver la infraestructura que se erigió durante su presidencia; entre la cual destacan el Palacio de Bellas Artes, la avenida Reforma y el monumento a la Independencia.

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El historiador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) José Alfonso Fernández Jiménez, recordó que Díaz fue un gran seguidor de la cultura francesa, pero no más que cualquier político de la época. Decir que estaba enamorado de Francia fue un recurso que el régimen revolucionario utilizó para legitimarse.

Los últimos 4 años de su vida, Porfirio Díaz los pasó viajando por Europa, siendo invitado de honor a presentaciones militares, cenas de gala y presentaciones de teatro, dentro de las más altas esferas políticas europeas.

Tal fue el reconocimiento de los países europeos a su persona que, durante una visita de Díaz y su esposa al Museo Nacional de los Inválidos (lugar donde se resguardan los principales objetos militares de la historia de Francia), un contingente de antiguos militares franceses a los que enfrentó durante la intervención francesa le rindieron un gran homenaje y el director del museo, general Gustave Niox, también veterano de la guerra contra México, le entregó la espada de Napoleón Bonaparte.

Fernández explica que la mayoría de las condecoraciones recibidas por Díaz eran extranjeras y en Francia se le conocía como el presidente de la civilización.

A Díaz le gustaba pasear por los jardines de Boulogne, porque le recordaban a los jardines del bosque de Chapultepec. Incluso poco antes de morir, caminaba por esos jardines.

Cuando Díaz falleció, el 2 de julio de 1915 a las 6 de la tarde, fue enterrado en la iglesia Saint Honoré d’Eylau, donde permaneció poco tiempo, pues posteriormente fue trasladado al panteón de Montparnasse, donde actualmente están sus restos.

El historiador cuenta que durante la estancia de Díaz en Europa, se planteó en repetidas ocasiones regresar a México, incluso siempre estuvo al tanto de la política mexicana.

La corta estadía de sus restos en Saint Honoré obedeció a que su familia planeaba trasladarlo a México, sin embargo no logró su objetivo y hoy, después de 104 años, aún no ha sido posible repatriarlos.

Díaz es una figura sumamente controvertida, por ello sus enemigos, principalmente los revolucionarios, encontraron en la figura porfiriana el pretexto ideal para legitimarse. A partir de las versiones oficiales sobre la vida y obra de Porfirio Díaz, es fácil entender que la única forma de repatriar sus restos sería hacerlo “a escondidas”, concluyó el historiador.

En 2015, durante su centenario luctuoso, se replanteó repatriarlo a México, situación que no se logró debido a la presión ejercida por la opinión pública.

Otro personaje que murió en el exilio fue el expresidente Sebastián Lerdo de Tejada, quien falleció en Nueva York. Sin embargo, a diferencia de Díaz, sus restos sí pudieron ser devueltos a México y se encuentran en la Rotonda de las personas ilustres, en el Panteón de Dolores, ubicado en Ciudad de México.

 

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@yoinfluyo

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