A finales de 2024 y durante 2025, los mercados financieros globales reaccionaron con episodios de volatilidad ante el endurecimiento del discurso comercial entre las principales potencias económicas. Bastó el anuncio de nuevas restricciones tecnológicas y amenazas arancelarias entre Estados Unidos y China para que índices bursátiles registraran caídas, las monedas emergentes se depreciaran y las expectativas de crecimiento global fueran ajustadas a la baja. Analistas de grandes bancos de inversión y organismos multilaterales coincidieron en que no se trataba de un sobresalto pasajero, sino de una señal de un fenómeno más profundo: el comercio internacional dejó de ser solo un asunto económico y se convirtió en un instrumento político.
Este entorno ha llevado a que los inversionistas incorporen el “riesgo geopolítico-comercial” como una variable estructural, no coyuntural. En palabras de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, “la fragmentación del comercio global puede convertirse en uno de los mayores riesgos para la estabilidad financiera y el crecimiento a largo plazo”.
Contexto global de las tensiones comerciales
Las tensiones comerciales actuales no surgieron de la noche a la mañana. Tienen raíces en la crisis financiera de 2008, cuando el descontento social por la pérdida de empleos industriales y el aumento de la desigualdad alimentó narrativas nacionalistas y proteccionistas. A ello se sumó, en la última década, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China por el liderazgo tecnológico, industrial y geopolítico.
Sectores como semiconductores, energía, acero, automotriz y agroindustria se han convertido en campos de batalla. Las restricciones a la exportación de tecnología avanzada, los subsidios industriales y los aranceles selectivos han alterado reglas que durante décadas dieron previsibilidad al comercio internacional, bajo el paraguas de la Organización Mundial del Comercio.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha advertido que estas medidas generan un entorno de incertidumbre prolongada, donde las empresas dejan de invertir no por falta de oportunidades, sino por ausencia de reglas claras y estables.
Reacción inmediata de los mercados financieros
Cada anuncio de nuevos aranceles o sanciones comerciales suele provocar movimientos casi instantáneos en los mercados financieros. Las bolsas reaccionan con caídas, especialmente en empresas vinculadas a exportaciones, manufactura y tecnología. Los inversionistas buscan refugio en activos considerados seguros, como bonos del Tesoro estadounidense o el oro, mientras las monedas de economías emergentes se debilitan.
El Banco de Pagos Internacionales ha documentado cómo los episodios de tensión comercial incrementan la volatilidad cambiaria y elevan las primas de riesgo, encareciendo el financiamiento para gobiernos y empresas. No es solo un ajuste de portafolios: es una señal de menor confianza en el futuro económico.
Efectos estructurales a mediano y largo plazo
Más allá de la reacción inmediata, el verdadero impacto de la politización del comercio se manifiesta con el tiempo. La incertidumbre prolongada modifica decisiones de inversión, fragmenta cadenas de suministro y reduce los flujos de capital transfronterizo. Empresas que antes apostaban por cadenas globales eficientes ahora privilegian criterios de seguridad, cercanía geográfica o alineación política.
El Banco Mundial estima que una fragmentación profunda de la economía global podría reducir el PIB mundial en varios puntos porcentuales en la próxima década. No se trata solo de crecimiento perdido, sino de oportunidades que nunca se crean: empleos que no llegan, innovación que se retrasa y productividad que se estanca.
Impacto en economías emergentes y en México
Las economías emergentes son especialmente vulnerables a este entorno. Dependientes de exportaciones, inversión extranjera y estabilidad financiera, resienten con mayor fuerza los cambios abruptos en las reglas del comercio. México, altamente integrado a la economía de Estados Unidos, vive esta tensión de manera directa.
De acuerdo con el Banco de México, los episodios de incertidumbre comercial han presionado al tipo de cambio y han generado cautela en la inversión extranjera directa. Si bien el fenómeno del nearshoring ha abierto oportunidades, también ha expuesto la fragilidad de depender de decisiones políticas externas.
La Secretaría de Economía ha reconocido que la diversificación de mercados y el fortalecimiento del mercado interno son tareas pendientes para reducir la vulnerabilidad frente a choques externos.
Costo social y humano
Detrás de los gráficos financieros hay personas. La economía debe estar al servicio de la persona y del bien común, no subordinada a intereses de poder. Cuando la inversión se frena y el crecimiento se desacelera, los primeros afectados son los trabajadores, las pequeñas empresas y las familias.
José Luis, operario de una planta automotriz en el Bajío, lo resume así: “Cuando se habla de aranceles en las noticias, uno piensa que es algo lejano. Pero cuando baja la producción o se cancelan turnos, eso ya es la mesa de tu casa”. Su testimonio refleja cómo decisiones tomadas en foros internacionales terminan impactando la vida cotidiana.
La inestabilidad financiera también limita el acceso a crédito, vivienda y educación, profundizando desigualdades. Desde la perspectiva del principio de solidaridad y subsidiariedad, la politización del comercio contradice la búsqueda de un desarrollo integral y sostenible.
Respuestas de bancos centrales y organismos internacionales
Frente a este escenario, los bancos centrales han intentado amortiguar los impactos mediante políticas monetarias prudentes. Sin embargo, el margen de maniobra es limitado cuando la causa de la volatilidad es política, no económica. El Banco Central Europeo y la Reserva Federal han advertido que la política monetaria no puede compensar indefinidamente la incertidumbre comercial.
Organismos como el FMI y el Banco Mundial han hecho llamados reiterados a la cooperación internacional y al respeto de reglas multilaterales, subrayando que las guerras comerciales no tienen ganadores duraderos.
El riesgo de una fragmentación económica global
Uno de los riesgos más serios es la consolidación de bloques económicos cerrados, alineados más por afinidad política que por eficiencia económica. Esta fragmentación reduce la cooperación, debilita instituciones multilaterales y aumenta la probabilidad de crisis financieras regionales.
La historia económica muestra que la fragmentación y el proteccionismo suelen preceder periodos de bajo crecimiento y mayor conflictividad. Repetir ese camino implicaría retroceder décadas en términos de integración y bienestar.
Economía con reglas, política con responsabilidad
La politización del comercio está dejando una huella duradera en los mercados financieros y en la vida de millones de personas. Frente a ello, se vuelve urgente recuperar reglas claras, fortalecer el multilateralismo y recordar que la economía no es un campo de batalla, sino una herramienta para el desarrollo humano.
Desde México y desde las economías emergentes, la apuesta debe ser por la diversificación, la legalidad y una visión de largo plazo que ponga en el centro la dignidad de la persona. La paz económica se construye con justicia, cooperación y responsabilidad compartida.
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