Enero de 2026 ha llegado con el aire gélido de la incertidumbre. Para un joven profesional que camina hacia el metro o una madre de familia que despide a sus hijos en la puerta de la escuela, la pregunta no es cuánto creció el PIB o cuál es la cotización del peso; la pregunta que define su día es: ¿estamos realmente más seguros?
A mitad de la presente década, México se encuentra en una encrucijada sociológica. Mientras el discurso oficial pregona una “transformación” de las raíces del conflicto, la realidad en las colonias —desde la colonia Del Valle en la capital hasta los barrios de Celaya o las periferias de Tijuana— narra una historia distinta. El tejido social, esa red invisible de confianza, solidaridad y sentido de pertenencia, muestra cicatrices que el presupuesto público no ha logrado sanar del todo.
La brecha entre el dato y el sentimiento
Según los datos más recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) al cierre de 2025, existe una tendencia a la estabilización en delitos de alto impacto como el homicidio doloso en ciertas regiones. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) revela un dato demoledor: la percepción de inseguridad sigue siendo desproporcionadamente alta en comparación con el descenso de las cifras.
¿Por qué ocurre esto? Los expertos en seguridad ciudadana coinciden en que la seguridad no es la ausencia de delitos, sino la presencia de instituciones y confianza. “Podemos tener una patrulla en cada esquina, pero si el ciudadano no confía en el policía y el policía no conoce al vecino, el tejido social sigue roto”, comenta el Dr. Alberto Sandoval, especialista en sociología urbana.
Para las generaciones Millennial y Centennial, esta desconfianza se traduce en un aislamiento digital. Preferimos pedir el súper por aplicación que ir al mercado local; preferimos el grupo de WhatsApp de la torre de departamentos para quejarnos, antes que organizar una jornada de limpieza en el parque. El ser humano es social por naturaleza y que su desarrollo pleno solo se alcanza en comunidad. Al romper el vínculo con el “otro”, nos volvemos vulnerables ante la delincuencia.
El fenómeno de la “Privatización de la Paz”
Uno de los puntos más críticos al inicio de este 2026 es la creciente brecha de seguridad basada en el ingreso. Mientras las colonias de nivel socioeconómico alto invierten en cámaras con inteligencia artificial, drones de vigilancia y seguridad privada —creando verdaderas burbujas de paz—, las zonas populares dependen de un Estado que a menudo llega tarde.
Esta segmentación atenta directamente contra el Bien Común. El valor de un mexicano no debería medirse por el código postal donde vive. La legalidad, pilar fundamental de cualquier democracia, se debilita cuando la justicia parece ser un servicio de lujo. Testimonios ciudadanos en zonas de conflicto, como los Altos de Jalisco o el centro de Veracruz, señalan que la “paz” que viven es, a menudo, una tensa calma impuesta por actores ajenos al Estado, lo que evidencia que la reconstrucción del tejido social aún tiene grandes lagunas de gobernabilidad.
La familia: El último refugio y el primer frente
Si el tejido social está deshilachado, la familia es el hilo con el que debe remendarse. En México, la familia sigue siendo la institución en la que más confían los ciudadanos (por encima de partidos, policías o jueces). No obstante, la familia de 2026 enfrenta retos inéditos: la precariedad económica que obliga a ambos padres a estar ausentes y la erosión de valores tradicionales frente a un individualismo feroz.
La reconstrucción social no es una tarea que deba delegarse exclusivamente al gobierno. Siguiendo el principio de subsidiaridad, la sociedad debe hacer lo que está en su mano antes de esperar la intervención estatal. Esto implica volver a las bases:
* Conocer al prójimo: La seguridad comunitaria comienza cuando sabemos el nombre del vecino.
* Ocupar el espacio público: Un parque iluminado y lleno de niños es un parque que la delincuencia abandona.
* Educar en la legalidad: No podemos exigir gobiernos honestos si en la micro-esfera familiar fomentamos la “mordida”, la trampa o la indiferencia ante la norma.
¿Transformación o Estancamiento?
Al analizar el panorama actual, México no está estancado, pero su transformación es dolorosamente lenta porque se ha centrado en lo material (transferencias económicas) y ha descuidado lo inmaterial (la formación del carácter cívico). Los jóvenes de hoy, que serán los líderes de 2030, tienen la responsabilidad de rescatar la solidaridad como un valor político.
El balance de este inicio de año nos dice que la confianza vecinal está en “terapia intensiva” en las grandes metrópolis, pero que aún palpita en los barrios donde la identidad cultural y religiosa se mantiene firme. Las procesiones, las fiestas patronales y los mercados locales son, paradójicamente, los muros de contención más efectivos contra la desintegración social.
El llamado a influir
No habrá presupuesto que alcance para pacificar un país que no se habla entre sí. La reconstrucción del tejido social en 2026 pasa por un retorno a la ética de la responsabilidad. Cada vez que elegimos la honestidad sobre la ventaja, cada vez que tendemos la mano a un vecino en necesidad y cada vez que denunciamos una injusticia con respeto a la ley, estamos tejiendo México.
La transformación real no viene de un decreto presidencial, sino de la convicción de 130 millones de personas que deciden que el Bien Común es más importante que el beneficio propio. Al final del día, la paz no es un producto que se compra, es un fruto que se cultiva en el suelo fértil de la confianza comunitaria.
¿Qué harás hoy por tu colonia? El tejido social empieza en tu puerta.
Fuentes consultadas:
* Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) 2025.
* Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Pontificio Consejo “Justicia y Paz”.
* Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) – Informe Anual 2025.
* Análisis de Tendencias Sociales 2026, Observatorio Nacional Ciudadano.
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