Cada otoño, millones de mariposas monarcas (Danaus plexippus) recorren hasta 4 000 kilómetros desde Canadá y Estados Unidos para invernar en los bosques de oyamel del centro de México. Este fenómeno migratorio uno de los más impresionantes del mundo natural, es mucho más que un espectáculo visual que funciona como un termómetro ecológico de la salud ambiental de América del Norte y sostiene economías locales ligadas al ecoturismo y a la conservación comunitaria, particularmente en Michoacán y el Estado de México.
Sin embargo, los datos científicos más recientes advierten que este símbolo de biodiversidad atraviesa uno de sus momentos más críticos. En Estados Unidos, el monitoreo de la población occidental de mariposa monarca, que inverna en la costa de California, arrojó cifras que confirman un desplome sin precedentes. El conteo anual es coordinado por la Xerces Society for Invertebrate Conservation, una de las organizaciones científicas más relevantes en el estudio de polinizadores.
De acuerdo con el Western Monarch Count 2025, se registraron alrededor de 12 mil 260 mariposas en 249 sitios de hibernación, lo que representa el tercer nivel más bajo desde que comenzó el monitoreo sistemático en 1997. En contraste, hace apenas tres décadas, estas colonias se contaban por millones.
“Las mariposas monarca occidentales están en una situación extremadamente vulnerable. La migración, tal como la conocemos, está colapsando”, de acuerdo a información de la Xerces Society. La especialista subrayó que, sin acciones inmediatas, la reducción podría convertirse en una condición permanente.
El panorama tampoco es alentador para la población oriental, que depende de los bosques mexicanos para sobrevivir el invierno. El censo anual de colonias hibernantes en México, elaborado por WWF-México y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), reportó que durante la temporada 2024-2025 las mariposas ocuparon cerca de 4.4 acres de bosque de oyamel. Aunque la cifra representa una recuperación frente al mínimo histórico del año previo, los científicos coinciden en que sigue muy lejos de los niveles necesarios para garantizar la viabilidad de la especie a largo plazo.
Este monitoreo no contabiliza individuos uno por uno, sino la superficie cubierta por las colonias durante el invierno, un método ampliamente aceptado por la comunidad científica para evaluar tendencias poblacionales. Los especialistas advierten que incrementos puntuales no implican una recuperación estructural, sobre todo frente a amenazas persistentes.
El declive de la mariposa monarca responde a una combinación de factores. Investigadores señalan la pérdida acelerada de hábitat en Estados Unidos y Canadá, particularmente la desaparición del algodoncillo (milkweed), planta indispensable para la reproducción de la especie. A ello se suma el uso intensivo de herbicidas y pesticidas, la fragmentación de corredores biológicos, la deforestación en zonas de hibernación en México y los impactos del cambio climático, como sequías prolongadas, tormentas atípicas y olas de calor extremo.
Frente a este escenario, las voces científicas han elevado la presión para impulsar medidas de protección más robustas. En Estados Unidos, organizaciones como la National Wildlife Federation y la Xerces Society han solicitado que la mariposa monarca sea incluida en la lista de especies amenazadas bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción. De prosperar, la medida permitiría proteger legalmente hábitats críticos y regular actividades que afectan su supervivencia.
Además, advertieron que la conservación debe abordarse como un esfuerzo continental.
En México, las autoridades ambientales han anunciado el fortalecimiento de la vigilancia en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, así como programas de reforestación, restauración de suelos y apoyo a comunidades locales para reducir la presión sobre los bosques de oyamel.
Los especialistas coinciden en que la supervivencia de la mariposa monarca depende de acciones coordinadas entre gobiernos, científicos y ciudadanos. De lo contrario, el aleteo naranja que cada invierno cubre los bosques mexicanos podría dejar de ser un símbolo vivo y convertirse en un recuerdo de lo que no se logró proteger a tiempo.
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