En la segunda semana de enero de 2026, México despierta con una resaca social que no se cura con el paso de los días. Tras años de una narrativa política basada en la confrontación y la división entre “bandos”, el tejido nacional presenta grietas profundas que atraviesan desde la mesa del comedor familiar hasta los debates en las cámaras legislativas. En este escenario de fragmentación, surge una pregunta incómoda para los escépticos pero esperanzadora para muchos: ¿quién tiene la autoridad moral para sentar a las partes en conflicto y proponer una tregua?
La respuesta ha comenzado a articularse desde los campanarios y los centros comunitarios. La Iglesia Católica, a través de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y la Compañía de Jesús, ha dejado de ser un espectador silencioso para convertirse en un arquitecto de paz. No lo hace desde una postura de imposición teocrática, sino desde la laicidad positiva y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), proponiendo el diálogo como la única vía para evitar el colapso de la convivencia civil.
El “Compromiso por la Paz”: De la tinta a la calle
El eje central de esta mediación es el Compromiso por la Paz, un documento estratégico que nació tras el asesinato de los sacerdotes jesuitas en la Sierra Tarahumara en 2022 y que, para este 2026, ha alcanzado su etapa de implementación territorial más crítica. Este documento no es una simple carta de buenas intenciones; es un diagnóstico técnico y social que integra más de 20,000 testimonios y aportaciones de expertos, víctimas y ciudadanos de a pie.
A inicios de este año, la Iglesia ha impulsado las “Redes de Acción Local”. En estados con altos índices de violencia y polarización, como Michoacán, Guanajuato y Zacatecas, las parroquias se han transformado en espacios neutrales. Mientras el discurso político oficial suele invalidar al interlocutor, la mediación eclesial parte del reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Como bien señala el documento de la Agenda Nacional de Paz: “La paz es una construcción que requiere justicia, pero también perdón y la capacidad de mirar al enemigo como un hermano en crisis”.
Para los Millennials y Centennials, que suelen desconfiar de las instituciones tradicionales, este enfoque ha resultado disruptivo. No se trata de dogmas, sino de una metodología de escucha activa. En ciudades como Guadalajara o la Ciudad de México, jóvenes universitarios se han sumado a los “Diálogos por la Paz”, donde se discuten temas de seguridad, justicia y reconstrucción del tejido social sin las etiquetas partidistas que suelen asfixiar cualquier conversación en redes sociales.
La Iglesia como mediadora: ¿Institución política o actor social?
Es fundamental aclarar, bajo el respeto a la legalidad y la separación Iglesia-Estado, que el papel de la CEM en 2026 no busca suplantar a las autoridades civiles. Por el contrario, busca fortalecer la democracia desde abajo. La Doctrina Social de la Iglesia enseña que la política es “una de las formas más altas de la caridad, porque busca el Bien Común”.
El Episcopado Mexicano ha entendido que, en un país donde más del 70% de la población se identifica como católica, la fe es un lenguaje común que puede desarmar la agresividad del debate público. “Cuando un obispo o un sacerdote convoca a un foro de paz en una comunidad azotada por el crimen, no está haciendo campaña; está ejerciendo su derecho y deber de participación ciudadana en favor de la vida”, comenta el Dr. Francisco Rivas, analista en seguridad y observador de procesos sociales.
Sin embargo, el reto no es menor. La polarización en México ha sido alimentada por algoritmos de redes sociales y discursos de odio que han “deshumanizado” al oponente. En este contexto, la Iglesia propone una “Ecología del Diálogo”. Esto implica limpiar el lenguaje, evitar la descalificación y centrarse en los puntos de acuerdo: el deseo de seguridad, la calidad educativa de los hijos y el acceso digno a la salud.
En una pequeña comunidad de Colima, afectada por la división política y la presencia de grupos delictivos, el programa de “Parroquias Constructoras de Paz” ha logrado lo que parecía imposible: que familias de distintos espectros ideológicos colaboren en la recuperación de espacios públicos. “Al principio, nadie quería sentarse junto al otro porque ‘él votó por aquel’ o ‘ella apoya a los otros’. Pero el padre nos recordó que antes que votantes, somos vecinos y que a todos nos duele que nuestros hijos no puedan salir al parque después de las seis”, relata Mateo, un joven de 24 años que participa en las brigadas de mediación comunitaria. Este es el espíritu del mexicano: una solidaridad intrínseca que resurge en las crisis, pero que hoy necesita de una estructura que la guíe.
La fe: Motor de unidad, no de división
El cierre de esta semana de reflexión nos lleva a una conclusión necesaria: la fe no puede ser utilizada como un arma arrojadiza. Si la fe divide, no es fe verdadera, sino ideología disfrazada de religión. El Papa Francisco fue enfático en que la Iglesia debe ser un “hospital de campaña” tras la batalla. En el México de 2026, la batalla ha sido retórica, social y, lamentablemente, física.
La Iglesia como puente de diálogo ofrece tres pilares para este año:
* La Verdad: Reconocer la realidad de la violencia y la injusticia sin maquillajes estadísticos.
* La Justicia: No hay paz sin reparación del daño a las víctimas.
* El Perdón: Como un acto valiente para romper el ciclo de odio que ha caracterizado la política reciente.
Si algo define a las nuevas generaciones es su deseo de autenticidad. El “Compromiso por la Paz” invita a cada mexicano a ser un mediador en su propio entorno. No se necesita ser un experto en teología para aplicar la solidaridad o la subsidiaridad. Se necesita, simplemente, la voluntad de reconocer que el bienestar del vecino es condición necesaria para el bienestar propio.
La Iglesia en México está jugando su carta más alta en 2026: demostrar que, en medio del ruido y la furia, el diálogo es el único camino que no conduce al precipicio. La pregunta para nosotros, ciudadanos de una era hiperconectada pero profundamente sola, es si estamos dispuestos a cruzar ese puente que hoy se nos ofrece.
La paz no es el silencio de los fusiles, es el eco de las voces que se encuentran en el respeto.
Fuentes y Referencias:
* Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). Documento Estratégico: “Compromiso Nacional por la Paz 2024-2030”.
* Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
* Observatorio de Doctrina Social de la Iglesia en México. Informe sobre Polarización y Cohesión Social 2025.
* Resultados de los Diálogos Nacionales por la Paz, Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús.
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