El tránsito de personas provenientes de comunidades con acceso limitado a servicios de salud ha reactivado un viejo problema que parecía controlado: la teniasis y la cisticercosis, enfermedades causadas por el parásito Taenia solium, también conocido como solitaria. Ambos padecimientos forman parte del listado de enfermedades tropicales desatendidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con la lepra, el dengue o la enfermedad de Chagas, y hoy vuelven a encender alertas a escala global.
Ricardo Miranda Blancas, investigador posdoctoral del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM, explicó que la OMS ha llamado a reforzar la atención sobre estas enfermedades debido a su resurgimiento en diversas regiones del mundo, particularmente en países desarrollados. Dos factores han sido clave: la migración internacional y el desplazamiento de estos padecimientos durante la pandemia de COVID-19, periodo en el que quedaron relegados en los sistemas de vigilancia, diagnóstico y atención médica.
La teniasis se produce cuando una persona consume carne de cerdo contaminada con larvas de Taenia solium. Una vez en el organismo, el parásito se desarrolla en el intestino humano y puede provocar molestias digestivas, dolor abdominal y pérdida de peso. Aunque suele considerarse un padecimiento menor, representa un problema de salud pública persistente en amplias regiones de América Latina, África y Asia.
Sin embargo, la consecuencia más grave ocurre cuando los huevos del parásito se transforman en larvas dentro del cuerpo humano, dando origen a la cisticercosis. Estas larvas pueden alojarse en músculos, piel, ojos e incluso en el cerebro.
“Cuando llegan al sistema nervioso central hablamos de neurocisticercosis, una de las principales causas de epilepsia adquirida en México”, explicó Miranda Blancas, integrante del Departamento de Medicina Molecular y Bioprocesos del IBt. Los síntomas pueden ir desde dolores de cabeza crónicos hasta crisis epilépticas severas que afectan de manera profunda la calidad de vida de quienes la padecen.
De acuerdo con la OMS, Taenia solium es responsable de alrededor de 30 por ciento de los casos de epilepsia en zonas endémicas donde existen cerdos en libertad cerca de las viviendas humanas, una relación directa entre condiciones sanitarias, prácticas de crianza animal y salud pública.
En México, los casos de cisticercosis han mostrado una tendencia a la baja en los últimos años. No obstante, las cifras oficiales reflejan que el problema no ha desaparecido. Datos de la Secretaría de Salud indican que hasta la semana epidemiológica 31 de 2025 se habían reportado 85 casos nuevos, mientras que en todo 2024 se acumularon 65.
Miranda Blancas detalló que el ciclo “normal” de vida del parásito inicia cuando una persona desarrolla una solitaria y elimina huevos a través de las heces. Si un cerdo tiene acceso a estos desechos, se infecta de cisticercos. Posteriormente, otra persona consume esa carne contaminada y vuelve a desarrollar la Taenia solium, cerrando así la cadena.
Este escenario es más frecuente en comunidades donde se crían animales de traspatio y el manejo de excretas humanas es deficiente. En algunos casos, la carne de estos animales se consume directamente en la comunidad, sin pasar por procesos de inspección sanitaria.
El investigador subrayó que, en contraste, la carne que llega a los centros urbanos suele pasar por múltiples revisiones en rastros y puntos de inspección antes de llegar a supermercados y carnicerías, lo que reduce significativamente el riesgo de contagio en las ciudades.
No obstante, existe una vía alterna de infección que representa uno de los mayores desafíos: el consumo directo de los huevos del parásito. Este mecanismo está estrechamente ligado a las malas prácticas de higiene.
“Si una persona con teniasis no se lava correctamente las manos después de ir al baño y prepara o sirve alimentos, puede contaminar la comida con los huevos de la Taenia solium. Quien los consume no desarrolla una solitaria, sino cisticercosis”, advirtió.
Prevención, la clave para romper el ciclo
Frente a este panorama, Miranda Blancas insistió en que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para controlar ambos padecimientos. Cocer adecuadamente la carne de cerdo para eliminar los cisticercos, mantener hábitos estrictos de higiene —especialmente el lavado de manos antes y después de ir al baño— y realizar desparasitaciones periódicas son medidas fundamentales.
El especialista recomendó que la desparasitación se realice cada seis meses o, al menos, una vez al año, y que incluya a todas las personas que viven en una misma vivienda. De esta manera, incluso si se llegara a consumir carne contaminada, la Taenia podría eliminarse antes de alcanzar su etapa adulta, reduciendo el riesgo de desarrollar cisticercosis.
Cuando se detecta un caso de teniasis, explicó, además del tratamiento antiparasitario se recomienda el uso de un laxante para facilitar la expulsión completa del parásito.
Aunque las cifras no muestran un repunte explosivo, el investigador advirtió que la combinación de movilidad humana, desigualdad en el acceso a servicios de salud y descuidos básicos de higiene mantiene vigente una amenaza que afecta de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. La Taenia solium, silenciosa y persistente, sigue recordando que la salud pública comienza en lo cotidiano.
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