Hablábamos recientemente acerca de la terrible persecución que en contra de los católicos llevó a cabo en México el dictador asesino Plutarco Elías Calles.
Y al tratar dicho tema dijimos como -una vez terminado el conflicto religioso- los sucesores del perseguidor se encargaron de que todo lo ocultara un velo de silencio.
Como si fuera posible acallar la amargura y protestas de los miles de sobrevivientes que padecieron aquella tragedia.
Sin embargo, ha habido persecuciones religiosas tanto o más sangrientas de las que casi nadie habla porque muy pocos las conocen.
Una de ellas tuvo lugar en Francia durante la última década del siglo XVIII y de la cual casi nada se habló durante más de doscientos años.
Nos referimos a la guerra de la Vendée durante la cual los revolucionarios franceses persiguieron hasta el borde del exterminio a los campesinos católicos que habitaban aquella región situada en las cercanías del río Loira.
Afortunadamente, autores españoles como Alberto Bárcena Pérez han hecho justicia al rescatar del olvido dicha persecución gracias a un libro del cual es autor: “La guerra de la Vendée”. (Editorial San Román). Una obra que lo ideal sería que fuese divulgada no solamente en España sino en todos los países de lengua española.
Al respecto nos dice el autor: “La guerra de la Vendée es uno de los capítulos más controvertidos de la Revolución Francesa… porque las autoridades republicanas sometieron a esta región francesa a una política de tierra quemada, poniendo en marcha un verdadero genocidio”.
Cuando el 14 de julio de 1789 estalló la Revolución Francesa, sus jefes proclamaron tres principios: LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD.
Pues bien, los habitantes de aquella región, al ver como -en el fondo- los republicanos perseguían a la Iglesia y asesinaban a quienes no se doblegaban ante el nuevo sistema, se levantaron en armas haciendo uso del legítimo derecho a la rebelión contra un gobierno tiránico.
De inmediato, desde París, las autoridades revolucionarias enviaron tropas para someterlos, lo cual hicieron sin contemplaciones ocasionando un auténtico genocidio.
Es aquí donde nos preguntamos: ¿Dónde quedó el respeto a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad?
Libertad supone que cada uno es libre de practicar sus creencias. Quienes masacraban inermes campesinos que deseaban vivir conforme a su fe…¿Respetaban dicho principio?
Igualdad supone que todos somos iguales sin que alguno disfrute de unos privilegios que otros no tienen.
Quienes masacraban campesinos en la Vendée desconocían que todos somos iguales, quedándose los perseguidores con privilegios que les arrebataban a campesinos que solamente pedían respeto a sus creencias.
Fraternidad supone que todos debemos vernos como hermanos.
Pues bien, los seguidores de Marat, Danton y Robespierre, en el momento en que destrozaban vidas y propiedades de quienes eran tan franceses como ellos, estaban desconociendo el principio de fraternidad.
Al ver como los revolucionarios eran incongruentes con sus propios principios, aquellos humildes pero piadosos campesinos decidieron rebelarse en contra de los tiranos que los oprimían.
De ese modo, no hacían más que aplicar la doctrina expuesta por Santo Tomás de Aquino que dispone que un pueblo sojuzgado tiene el justo derecho de rebelarse y, de ser posible, deponer al tirano.
Hacer uso del legítimo derecho a la rebelión en contra de los tiranos fue lo que hicieron los campesinos de la Vendée entre 1793 y 1796. Exactamente lo mismo que hicieron los cristeros mexicanos entre 1926 y 1929.
Tanto lo ocurrido en la Vendée en Francia como durante la Cristiada en México fueron auténticas persecuciones en contra de los católicos.
Auténticas persecuciones que los sucesores de los tiranos pretendieron ocultar mediante un boicot de silencio.
Afortunadamente el tiempo, al poner cada cosa en su lugar, va haciendo justicia.
En este 2026 se cumple el primer siglo del inicio de la Cristiada.
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